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> Ante una nueva campaña contra la verdad histórica > Pío Moa La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual? Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba. Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora. Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor. Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases. La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado. La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva. No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”. A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia. Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”. La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso. Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio. Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica. http://www.libertaddigital.es/opiniones/opi_desa_24100.html http://servicios. invertia.com/foros/read.asp?idMen=9459998&idtel=RV011TELEFON |
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> CARTA DE ESPERANZA AGUIRRE A EL PAÍS > http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_24016.html > “Haro Tecglen, un especialista en detectar actitudes fascistas” Por su interés, reproducimos íntegramente la carta que la presidenta de la Comunidad de Madrid ha remitido al director de El País para responder a los ataques lanzados desde este diario contra Esperanza Aguirre por parte del columnista Haro Tecglen. Además, incluimos dos perlas que definen a la perfección al colaborador de El País. "Sr. Director: En el número de ayer de El País, su colaborador habitual, Eduardo Haro Tecglen, se permite calificarme de cristianofascista. En primer lugar, tengo que decir que lo de cristiano pertenece a la esfera de las creencias más íntimas y, en todo caso, ignoro por qué Haro Tecglen se permite utilizarlo. Y en segundo lugar, quizá para Haro Tecglen, fascista no sea un insulto, pero para mí sí lo es, y de los peores. Yo siempre he sido, y sigo siendo, inequívocamente liberal, que es la ideología que más perturba a los servidores del totalitarismo. En cambio, la trayectoria de este señor, que es de todos conocida, le ha permitido, dada su longevidad, escribir sin solución de continuidad a favor de los totalitarismos más nefastos de la historia del siglo XX: en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez, fue defensor del estalinismo y del comunismo. Quizás por eso Haro Tecglen se considere un especialista en detectar actitudes fascistas en sus prójimos. Si es así, le reto a que encuentre, en mi ya extensa carrera política, un solo gesto, actitud, declaración o decisión donde yo haya incurrido en alguna posición fascista". Esperanza Aguirre Gil de Biedma, Presidenta de la Comunidad de Madrid. __________________________________________________ _______ > En la carta de Esperanza Aguirre a El País para responder a los ataques lanzados desde la columna habitual de Haro Tecglen, la presidenta de la Comunidad recuerda que ha sido el propio escritor el que ha dejado constancia de sus distintas inclinaciones políticas: "en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez, fue defensor del estalinismo y del comunismo". Dos ejemplos de lo apuntado por Aguirre son sendos artículos de Haro Tecglen que reproducimos a continuación: -Primer artículo, a favor de Franco (1999)-por Haro Tecglen > "DIES IRAE" publicado en Informaciones, Madrid, 20 de noviembre de 1944. La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España. Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad —lacrima coeli— una llovizna fina y gris. El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange. Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo. Y así, en este día de dolor —Dies Irae— a las once —once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia—, la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas —cirios encendidos en sus manos— ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el mármol vela su cuerpo. Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó. Eduardo Haro Tecglen __________________________________________________ _______ -2º artículo, a favor de Stalin (1999)-por Haro Tecglen > "GRACIAS, STALIN", sección "Escáner", publicado en el suplemento Babelia del diario El País, Madrid, 2 de enero de 1999. César Vidal es autor de varios libros históricos o biográficos acerca de nuestra guerra civil. Son muy valiosos: investiga cuidadosamente, unas fichas se cruzan con otras, descubre, hace su exposición y no oculta sus opiniones personales acerca de situaciones y personajes. En la biografía de Durruti (Temas de Hoy, 1996) repudia también a quienes puedan seguir hoy su metodología, "basada en la intransigencia y la violencia", a la que resulta "imperioso enfrentarse incluso en nuestro tiempo". Quizá equipare una violencia de la época de las grandes luchas sociales, en la que nadie se abstenía, con la que ahora está en tregua. Ahora sale otro libro suyo que aún no he leído, sobre las brigadas internacionales: en sus declaraciones previas se anuncia como desmitificador, y parece que trata de quitar la aureola de romanticismo y de lucha por las libertades y de enfrentamiento antifascista a los voluntarios que vinieron a España. Una gran parte fueron italianos y alemanes exiliados de los fascismos. Hubo muchos americanos, muchos franceses del Frente Popular; creo que los ingleses, en gran parte intelectuales, fueron quienes mejor lo expresaron en cartas, libros y poemas. La desmitificación, ateniéndome a lo publicado, consiste en decir que eran comunistas. No lo eran todos; incluso los comunistas eran un minoría. Como ocurrió en el histórico congreso de escritores antifascistas, en Valencia y en Madrid durante la guerra. Algunos de los comunistas conversos lo denunciaron luego: incluso lo habían preparado ellos mismos. Sin embargo, los que acudieron a las Brigadas, y los que se reunieron en los Congresos, estaban convencidos de que actuaban por su idea frente a una agresión fascista que les atañía. Dice César Vidal que la idea de las brigadas partió de Stalin y dicen otros que las reuniones en el Madrid cercado también fueron cosa de él. Recuerdo lo que para los habitantes de la ciudad cercada en noviembre de 1936 supuso, primero, la llegada de Durruti que aportó a la defensa su "intransigencia y su violencia". Recuerdo, inmediatamente, el desfile de los brigadistas en el camino de la Casa de Campo y de la Ciudad Universitaria. Todos empezaron a morir ya: creían que esa muerte era la suya. Vi la solidaridad, de conciencia del mundo, de ayuda moral, la llegada de los intelectuales de todo el mundo: quedan las canciones de Paul Robeson reeditadas ahora y grabadas en un concierto que dio en Moscú: gracias por todo, Stalin. Eduardo Haro Tecglen |
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> ESCUDO CONSTITUCIONAL Es frecuente referirse al escudo constitucional, aludiendo al actual Escudo de España, y al anticonstitucional o preconstitucional, señalando así al escudo anterior, con el águila de San Juan y otras figuras heráldicas. Estamos ante un error generalizado, o masivo, que diría Rodríguez Zapatero. > En efecto, la Constitución fue firmada por el Rey el día 27 de Diciembre de 1977, y el Escudo de España no se cambió hasta la promulgación de la Ley 33/81, de 5 de Octubre de 1981, publicada en el Boletín Oficial del Estado de 19 del mismo mes y año. Es decir, el escudo anterior y la Constitución convivieron pacíficamente durante casi cuatro años. Esto quiere decir que el ejemplar original de la Constitución Española, el que tiene la firma de puño y letra de Don Juan Carlos de Borbón, lleva el escudo con el águila, luego éste es el escudo auténticamente constitucional. El actual Escudo de España sería, en todo caso, postconstitucional o vigente. |
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Leido este texto de propiedad del sr Moa, sorprende comprobar lo que puede afectar a las personas estar recluido en la cárcel unos años.
Podriamos llegar hasta y todo a decir y probablemente demostrar que p.ej a JFK lo mató el Lute o también, porqué no, que lsa Falange era una ONG de la época, con el añadido que esto se publica en la libertad (?) digital. Curioso, realmente, curioso l071 ha escrito: > >> Ante una nueva campaña contra la verdad histórica >> Pío Moa > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual? > > Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba. > > Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora. > > Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor. > > Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases. > > La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado. > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva. > > No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”. > > A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia. > > Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”. > > La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso. > > Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio. > > Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica. > > http://www.libertaddigital.es/opiniones/opi_desa_24100.html > > http://servicios. invertia.com/foros/read.asp?idMen=9459998&idtel=RV011TELEFON > > |
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"DE LA GLORIA DEL OLIVO", UNA MISIÓN GLOBAL…
> “¿Es la Iglesia Católica Apostólica y Romana cuna de la verdadera Alianza de las Civilizaciones? ¿Pregona Zapatillo el mensaje de la Iglesia o intenta apropiarse de él?. Dos preguntas que me pasaron por la mente mientras observaba por TV la megaparticipación de mandatarios y culturas asistentes a las exequias del Papa.“ (epesimo) http://foros.hispavista.com/myspol/3122/ > No cabe duda, La Alianza de las Civilizaciones que pregona Zapatillo es el mensaje de la Iglesia Católica desde antes de que Rodríguez ascendiera al poder. Pero es también el mensaje de la actual tendencia histórica globalizadora, e incluso el de sus poderes dominantes (y dominadores), así como de la lógica del sistema. Los dominadores se valen de sus contrarios, gracias al control de las contradicciones irrelevantes (que evitan que las contradicciones significativas afloren y puedan perjudicar al sistema) para promover sus objetivos. Así Rodríguez trabaja para Bush sin percatarse de ello y tan contento. ¿Quien sino un gran capitalista como Polanco es el que le mantiene en el machito?. Y cual es la conexión de Polanco sino la del gran monopolio informativo mundial que constituye un gigantesco Ministerio de la verdad. ("1984", Orwell; NOM, POM) La lógica del sistema, tecnológicamente preparado para la globalización mediante la informática, telecomunicaciones, aviación, satélites, televisión, armamento galáctico y climático, mercados mundializados y demás, está en una fase de terciarización masiva de los trabajos en el llamado primer mundo, para lo cual es necesaria una transferencia de la tecnología industrial a los demás países. Solo falta un requisito de seguridad, el "Pacto de no agresión entre civilizaciones", que permita efectuar dicha transferencia industrial sin peligro de que los países que reciben la tecnología la usen para armarse y atacar a los países donantes. Como mucha gente desconoce las cifras del fenómeno de terciarización, ahí van unos datos: En los EE.UU. el 70% de su población trabaja en el sector terciario, el 23% en el secundario o industrial y el 2% en el primario agrícola, pesca o minería. Un objetivo dentro de dicha alianza y fenómeno globalizador es la constitución de una Comunidad Económica de Oriente Medio (o similar) en la que esté incluido Israel, que ya ha sido comunicado recientemente por el líder libio Muamar Gadafi en la Asamblea de la Liga Árabe reunida en Argel y cuya reacción inicial ha sido magistralmente descrita en http://foros.hispavista.com/myspol/2967/ Con posterioridad al lógico desahogo, han tenido tiempo para preguntarse cómo, cuando y porqué ha dicho eso Gadafi, el cual al término de su trabajo de mensajero ha debido pensar para sí lo que a veces decía un amigo mío: LO QUEDO DICHO. |
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> l071 ha escrito:
> >> Ante una nueva campaña contra la verdad histórica >> Pío Moa > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual? > > Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba. > > Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora. > > Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor. > > Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases. > > La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado. > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva. > > No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”. > > A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia. > > Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”. > > La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso. > > Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio. > PUES SI LOS LIDERES HUYERON.. PORQUE LA REPRESION BRUTAL CONTRA LOS POBRES QUE NO PUDIERON HUIR. ACABO LA GUERRA BIEN SI FRANCO ERA CATOLICO PORQUE NO PERDONO A ESTOS, PUES LA REPRESION DURO HASTA 1.960 SIEMPRE MINTIENDO SIEMPRE INTENTANDO DECIR QUE LA CULPA LA TUVO LA GENTE. HABER SI COÑO LO ENTENDEIS LA REPRESION CONTRA EL PUEBLO LLANO VENIA DE 500 AÑOS, HABLAR DE LOS NIÑOS TRABAJADORES ESCLAVIZADOS POR AQUELLOS QUE SE LEVANTARON CONTRA LA REPUBLICA, HABLAR DE LA REPRESION ECLESIASTICA CONTRA TODO AQUEL QUE NO COMPARTIA SUS IDEAS, SI EL PUEBLO SE LEVANTO FUE POR LA REPRESION QUE HA HABIDO EN ESTE PAIS DESDE HACE 500 AÑOS, HABLAR DE TODO PERO NO SOLO DE LO OS INTERESA, HABLAR DEL ORO DE AMERICA DONDE ESTA INVERTIDO, SOLO PARA LOS TERRATENIENTES CATELLANOS CONDES Y DEMAS RALEA, EL PUEBLO NUNCA HA VISTO AQUEL ORO NO SE INVIRTIO NI UN DURO EN MODERNIZAR EL PAIS, EN CULTURA, TODO PARA QUE CUATRO VIVIERAN BIEN. VUESTRAS MENTIRAS OS PERSEGUIRAN, INTENTAREIS TAPAR LAS MATANZAS PERO NUNCA ACABASTEIS DE LIMPIAR LA MIERDA QUEDO A FLOTE OS AYUDARON LOS REGIMENES FASCISTAS Y ESTO EN EUROPA SE SABE, SOIS Y SEGUIREIS SIENDO FASCISTAS. VIVA LA REPUBLICA > Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica. > > http://www.libertaddigital.es/opiniones/opi_desa_24100.html > > http://servicios. invertia.com/foros/read.asp?idMen=9459998&idtel=RV011TELEFON > > |
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> l071 ha escrito:
> >> Ante una nueva campaña contra la verdad histórica >> Pío Moa > PIO MORA NO ERA UN TERRORISTA DEL GRAPO > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual? > > Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba. > > Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora. > > Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor. > > Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases. > > La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado. > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva. > > No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”. > > A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia. > > Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”. > > La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso. > > Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio. > > Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica. > > http://www.libertaddigital.es/opiniones/opi_desa_24100.html > > http://servicios. invertia.com/foros/read.asp?idMen=9459998&idtel=RV011TELEFON > > |
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> l071 ha escrito:
> >> Ante una nueva campaña contra la verdad histórica >> Pío Moa TERRORISTA DEL GRAPO > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades Hace poco el profesor Macarro autor de algunos estudios estimables, mostraba su indignación hacia mis tesis, pero afirmando, con desaliento, que ellas estaban fundando una nueva “historia canónica”. El ataque, que no crítica, trasluce un hecho real: mis conclusiones se van imponiendo, aunque con esfuerzo, por el peso de su argumentación y de sus datos. Y creo que terminarán asentándose, a menos que Macarro u otros logren refutarlas por medios académicamente aceptables, lo cual ni siquiera intentan. Su argumento se reduce, en fin de cuentas, a la exigencia de censura contra mis libros. ¿Cabe mayor bancarrota intelectual? > > Me parece bien fundada ya, por tanto, la idea que paso a resumir: la guerra civil provino de la erosión, primero, y el asalto, después, a la legalidad republicana por parte de las izquierdas, en un proceso revolucionario. También hubo en la derecha conspiraciones contra aquel régimen, pero con esta diferencia: las ofensivas de la izquierda provinieron de sus principales partidos y de los nacionalistas, mientras que las intentonas de la derecha sólo abarcaron a sectores muy minoritarios de ella. Dicho de otro modo: si los asaltos izquierdistas se hubieran limitado a los de la CNT, el sistema republicano habría funcionado, a pesar de todo, pero cuando se les sumaron los del PSOE y la Esquerra, con la complicidad de las izquierdas republicanas, la convivencia se tornó imposible. No quedó otra alternativa que una dictadura totalitaria de izquierdas o una dictadura autoritaria de derechas. Sólo los totalitarios o los sordos a las lecciones del siglo XX pueden preferir la primera, que, por cierto, estuvo cerca de triunfar. Ese fue el planteamiento real, pues ni existía un partido democrático potente ni éste habría podido mantener la democracia cuando el grueso de la oposición la rechazaba. > > Así pues, la versión izquierdista de la guerra civil puede darse hoy por fracasada, y creo que gracias, en medida muy alta, a los estudios de César Vidal y a los míos. No digo los magníficos y fundamentales de Ramón Salas Larrazábal, porque los irreconciliables habían conseguido borrarlos de la universidad y sepultarlos en el olvido. Ni los valerosos, además de valiosos, de Ricardo de la Cierva, porque si bien los sectarios no habían logrado impedir su difusión, habían limitado su incidencia alzando en torno a ellos un muro de Berlín construido con insultos y falsedades. Con César y conmigo no lo han conseguido, al menos por ahora. > > Pues bien: hace poco el profesor Santos Juliá explicó a unos diplomáticos españoles en París la nueva línea de ataque de la historiografía antifranquista. Reconociendo de modo implícito el fracaso de la versión izquierdista (los dos bandos habían cometido crímenes, vino a admitir), indicó que los esfuerzos iban a concentrarse en la represión de posguerra, donde había un solo y evidente culpable: el bando vencedor. > > Menciono esta conversación, llegada por casualidad a mis oídos, porque nadie debe creer que se trata de actitudes espontáneas. Por el contrario, están minuciosamente orquestadas, con colaboración de numerosos políticos, historiadores y paniaguados. Preston ha anunciado para este otoño un nuevo libraco sobre el “holocausto español” (nada menos), y ya proliferan en las librerías estudios por el estilo. Leo ahora que la televisión en manos de los irreconciliables ha encargado una serie sobre la represión de posguerra a varios simpatizantes de las dictaduras progresistas. Será la segunda parte de la serie sobre la guerra civil ordenada por el PSOE en los años 80, bajo dirección de demócratas como el stalinista Tuñón de Lara, colaborador del KGB, en testimonio de Jorge Semprún. Tuñón formó en Pau una “escuela de cuadros” comunista dedicada a manipular la historia según la lucha de clases. > > La serie de los 80 hizo renacer odios y rencores, revanchismos y justificaciones de la violencia progresista, cuyos frutos consisten en el ambiente creado en Vascongadas y Cataluña, extendido por Zapatero a todo el país mediante agitaciones callejeras violentas, bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales. A ello ha contribuido la inhibición de la derecha, presa de la consigna medrosa y falsa del “hay que mirar al futuro”, como si esa mirada fuera incompatible con restablecer la verdad sobre el pasado. > > La izquierda conoce muy bien el enorme efecto de las campañas amasadas con relatos de sangre y crimen atribuidos a sus adversarios. Con ellas ha logrado una y otra vez borrar sus propias responsabilidades, saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal y convertir sus reveses en victorias políticas. Es preciso, por consiguiente, afrontar esta nueva campaña de envenenamiento de la memoria colectiva. > > No hay duda de que la represión de posguerra fue brutal, pero debemos situarla en su contexto. Escribe el profesor Malefakis: “Los recientes intentos de restar importancia a la represión tomando como referencia la persecución de los colaboracionistas en Francia y en Italia están lejos de la verdad; no sólo fue la escala de violencia de Franco mucho mayor en muertes y todavía más en prisioneros, sino que además fue desarrollada casi enteramente por el aparato del Estado en vez de por grupos privados actuando sin aprobación gubernamental”. > > A mi juicio es muy adecuado comparar el caso español con el italiano y el francés (y no hablemos de los espeluznantes campos useños de prisioneros alemanes), porque fueron todos casos de odio ideológico vinculados a una guerra civil. En España hubo más muertes, pero la guerra civil previa fue también incomparablemente más intensa y dejó, por tanto, muchas más “cuentas por saldar”. Con esta consideración, la represión franquista no resulta proporcionalmente mayor, sino menor, que las de Francia o Italia. > > Además, la represión por el aparato del Estado no debe estimarse negativamente en relación con la “privada”. Significa que las ejecuciones en España se realizaron previo juicio, mientras que en Italia y Francia consistieron muy mayoritariamente en simples asesinatos. La presunción de que los asesinos “privados” actuaban sin aprobación gubernamental es tan falsa en Italia o Francia como en el bando revolucionario español durante la guerra civil. Esa “falta de aprobación” consiste en una táctica bien conocida de efectuar limpiezas masivas de enemigos prescindiendo de formalidades legales y achacándolas al “pueblo” o a “incontrolados”. > > La campaña en curso enfrenta, por lo menos, otros dos problemas engorrosos. Pinta a todos los ejecutados como “víctimas del franquismo”, mezclando a los inocentes, como el anarquista Peiró, con asesinos sádicos como el socialista García Atadell. Menciono a éste porque, aunque fuese ajusticiado en plena guerra, representa al alto número de criminales, ladrones y torturadores que cayeron en manos de Franco. La equiparación de éstos con los inocentes ya indica el valor de las “investigaciones” en curso. > > Otro problema: ¿por qué cayeron en manos de los nacionales tantos participantes en el terror revolucionario? Pues porque los dirigentes izquierdistas, tanto en la campaña del norte, como en la de Cataluña o en la del centro, se preocuparon de huir ellos, sin dejar la menor previsión de escape para los miles de secuaces suyos complicados en la represión. Sólo en Cataluña lograron escapar muchos, aunque no todos, en una huida masiva y desordenada, cuya descripción por Zugazagoitia debiera leer todo el mundo. Asunto embarazoso para los campañeros, pero ineludible en un estudio serio. > > Basten estas consideraciones, para empezar, y preparémonos a librar un nuevo combate por el restablecimiento de la verdad histórica. > > http://www.libertaddigital.es/opiniones/opi_desa_24100.html > > http://servicios. invertia.com/foros/read.asp?idMen=9459998&idtel=RV011TELEFON > > |
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#9
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Pura demagogia, el señor Moa es un reputado terrorista y no de la palabra precisamente.
Que explique el primero su verdad historica, de la existencia de los GRAPO, antes de meterse en otras explicaciones que le vienen demasido grandes. |
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