Hola, soy un espaňol, asturiano concretamente, de 25 aňos que desde hace unos tres vive por motivos personales en Alemania. Voy a comentar dos puntos que me parecen indisolubles:
El problema espaňol:
Desde la lejanía quizás se aprecien mejor los problemas propios. El problema de Espaňa, a mi juicio, es la transición que está sufriendo; de estado central (como Francia) a estado federal (como Alemania).
Ambos sistemas, siempre y cuando se trate de una democracia, me parecen válidos; ambos tienen sus ventajas e inconvenientes.
En Alemania fue sencillo instaurar una República Federal (en Alemania occidental), los aliados impusieron el sistema que más les interesaba.
En Espaňa, en cambio, al acabar la dictadura, el país se encontraba en pleno funcionamiento, muy por debajo del ritmo europeo, pero establecido en la economía de mercado. Gracias a Juan Carlos pudo llevarse a cabo la „primera“ transición: de la dictadura a la democracia. Debido al poso negativo de 36 aňos de centralismo se está llevando a cabo la "segunda" de un centralismo a un federalismo.
Esta transición plantea un serio problema, pues se trata de un proceso que ha empezado hace ya tres décadas y va camino de prolongarse otras cuantas más. En esta carrera hacia la federalización participan todas las Comunidades Autónomas de Espaňa, pero no equitativamente. Por resaltar algunas de las más claras muestras de desequilibrio entre el traspaso de derechos y competencias a las Comunidades, mencionaré que en Galicia, Navarra, el País Vasco, Cataluňa, la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares, es cooficial la lengua propia; que el País Vasco y Navarra disfrutan de las ventajas del Concierto Económico, y que Cataluňa logrará en breve acordar con el gobierno nacional el famoso Estatut. Y hay más...
El problema espaňol no es otro, pues, que el distinto trato que están recibiendo las diferentes Comunidades Autónomas, gracias a su diferente relevancia política en las elecciones generales, en esta transición a la federalización. No es justo que el gobierno andaluz no pueda fomentar el crecimiento industrial de su región fijando impuestos tan ventajosos para los empresarios como los aplicados por el gobierno vasco y navarro (Concierto Económico). Igual de injusto es que un asturiano no pueda opositar en igualdad de condiciones, al hablar „solamente“ la única lengua oficial del estado espaňol (el castellano) a determinadas puestos de funcionario en Galicia, Navarra, el País Vasco, Cataluňa, la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares. Si el gobierno no contempla en sus planes de enseňanza obligatoria la posibilidad de que todo ciudadano espaňol pueda aprender gratuitamente las tres lenguas cooficiales existentes en Espaňa, obra injustamente exigiéndolas a la hora de opositar en las citadas Comunidades Autónomas.
Teniendo en cuenta este problema, se puede entender que exista una cierta molestia, o bien envidia, por parte de los ciudadanos de las Comunidades menos favorecidas hacia los de las más beneficiadas. Esa molestia, o envidia, bien manipulada por muchos sectores, se hace ver (o se transforma) como odio. Y cuando uno se siente odiado también odia, con lo cual no es de extraňar que los habitantes de las Comunidades favorecidas expresen su malestar y busquen cualquier tipo de motivo (cultural, e histórico principalmente) para justificarse.
Ahora bien, lo que llama la atención es que ese odio „no favorecidos – favorecidos“ no refleje la situación real de las Comunidades. Es decir, que el sentimiento de odio, envidia, o molestia, de los „no favorecidos“ se proyecte sobre Cataluňa y el País Vasco casi exclusivamente, dejando a un lado Galicia, Navarra, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. La razón, a mi juicio, está clara: son las dos únicas Comunidades Autónomas cuyos ciudadanos, no contentos con el trato de preferencia actual que sus regiones reciben del gobierno Espaňol, optan por votar en los comicios generales a partidos regional-nacionalistas para intentar obtener un aún mayor trato de preferencia. Esta decisión y acción es totalmente legal, pero aumenta, no obstante, el resentimiento de los „no favorecidos“.
El boicot:
Poniendo en relación todo lo anterior con el tema del boicot a determiados productos por su origen de fabricación, quisiera matizar lo siguiente:
Si se ejerce el boicot como motivo de queja frente al trato diferente que sufren las distintas Comunidades Autónomas sería coherente aplicar el Boicot a las seis Comunidades Autónomas antes mencionadas, y ya puestos, de extenderlo a todas aquellas otras Comunidades cuyo traspaso de derechos y competencias haya sido mayor que el de nuestra propia Comunidad. Así mismo, si el motivo es meramente de caracter económico, el boicot debería estar dirigido en primer lugar a Navarra y al País Vasco (Concierto Económico), y en segundo a Cataluňa (reforma del Estatut).
Si se ejerce el boicot como motivo de queja frente al comportamiento de los votantes vascos y catalanes que fortalecen a sus partidos regional-nacionalistas en los comicios generales, no contentos con el actual trato de preferencia del que gozan, lo coherente sería aplicar el boicot a los productos de ambas regiones, independientemente de los resultados obtenidos por dichos partidos en las últimas elecciones.
Que cada uno elija libremente, pero siendo consciente y coherente con sus objetivos. Boicotear empresas es un tema serio en el que se ponen en juego puestos de trabajos de personas; concretamente de trabajadores, pues el empresario es siempre el último afectado. Así que de decantarse por esta opción, que cada uno encuentre primero sus propias justificaciones.
Un saludo.
jesusmiguelhev@hotmail.com