Y tu mamá también
Este fin de semana fui a ver Y tu mamá también, filme mexicano en el que hace gala de sus encantos la aún incorrupta Maribel Verdú. A este propósito, una gran proporción del público –masculino, me refiero, como algunos amigos que me acompañaron- que irá a ver la película teniendo como éste su principal motivo no se sentirá decepcionado, que la película es cierto que calienta a ratos –aunque se reserva una pequeña sorpresilla al final, que me guardo para no ofender a quien no la haya visto-, aunque quizá, en comparación a Lucía y el sexo de Médem, por ejemplo, aquí las escenas de sexo no parecen un superficial añadido posterior, sino que se introducen en la trama de una forma muy integrada. Sin embargo, no quisiera hacer un manifiesto de aquello contra lo que pretendo luchar, puesto que mi intención es afirmar que detrás de lo que parece una historia con pretensiones de servir tan solo de entretenimiento, un viaje de gente joven y desenfadada hacia ninguna parte, podrán hallar aquellos que quieran profundizar más una bonita –casi triste- reflexión sobre los límites de la amistad, entre ellos, y una búsqueda desconsolada de sí misma, en ella, en cuyos márgenes se van insertando una serie de pinceladas a modo de crítica a la injusta sociedad mexicana. La película, pues, resulta muy entretenida, divertida incluso en ocasiones, y a la postre se nos hace corta, con un estilo muy personal, muy directo, y escenas muy logradas –la última noche juntos, por decir alguna que especialmente me gustó. En fin, se la recomiendo a todo tipo de público mayor de dieciocho años, especialmente el joven, que cada uno encontrará en ella, a mi modo de ver, algo que le satisfaga, y me gustaría proponer a aquellos que le hayan visto me remitan sus impresiones, que hasta ahora no conozco otra opinión que la mía.
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