A propósito de Final Fantasy
Recientemente fui a ver Final Fantasy con mis amigos al cine, no como otro fanático de su versión para Play Station, que por cierto desconozco, sino como curioso ante lo que me parecía una de las apuestas más arriesgadas de los últimos tiempos. La innovación del film no se conforma en su ejecución a través del ordenador, cuya precursora es Toy Story, a la que le han seguido muchas otras, véase la reciente Shrek; no tampoco era la creación de escenarios, "decorados", virtuales, fenómeno con el que ya se ha experimentado largamente, tómese como ejemplo el Episodio I de Lucas; la innovación que añade es la de la creación de personajes digitales no caricaturizados, es decir, a la misma imagen del hombre. Los movimientos físicos (del mismo modo, directa o indirectamente, ya analizados en otras películas en determinadas escenas), es cierto, son correctos, están logrados, en muy pocos momentos se puede percibir su inhumanidad; sin embargo, las expresiones faciales están muy poco logradas: en contadas ocasiones se consigue una interpretación correcta de sentimientos tan primarios como la alegría, la tristeza, el enfado... con acciones tan básicas como un fruncir del entrecejo o una sonrisa; los actores son incapaces de mostrar un ápice de naturalidad, de humanidad. Como aportación experimental, el largometraje resulta por lo tanto interesante, válido en cualquier caso; sin embargo, cabe preguntarse, entendiendo que se constituya como precursora de una nueva corriente cinematográfica, de la necesidad de esta sustitución, puesto que no veo porqué tales actores virtuales han de pretender asemejarse a los reales en la búsqueda de una optimización de los mismos; no quiero decir que me parezca mal la alternativa de trabajar con ellos, sino la innecesidad de plantear tal sustitución, puesto el mayor partido de estos personajes se hallará cuando se encuentren a sí mismo. En una anología con la pintura, me refiero a la validez experimental del hiperrealismo norteamericano de los años setenta, pero su falta de alternativas, puesto que la pintura ha de hacerse pintura como pintura, no como fotografía, acción inútil.
Final Fantasy aporta poco más: clásico guión manga, ciencia ficción cargada de vacíos con breves aportes someramente filosóficos, y paupérrimos personajes estereotipados , totalmente planos salvándose, quizá, la protagonista (compárese el sorprendente parecido con los ya conocidos de Aliens. El regreso: Hicks, Hudson, Vasquez, e incluso Ripley, en cierto sentido). La dirección, por último, sigue los cánones de la búsqueda de la impresión del espectador con sobrecogedores planos en movimiento, tan propia del cine de efectos especiales, mas sin aparentes intenciones.
Atentamente, sin nada más que aportar,
lagente
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