Manifestación del 18 de junio ¿a favor de la familia?
Me ha conmovido ver a niños pequeños repartiendo folletos a las puertas de las iglesias llamando a los fielesa a acudir a la manifestación del 18 de junio en Madrid. Eso me ha servido de referencia respecto a la capacidad de movilización que en España tienen aún los púlpitos, y ello pese a las severas críticas que recibían no hace mucho tiempo los clérigos que se metían en política. Claro, se referían a "otra política".
Aceptaría, e incluso simpatizaría con esta movilización si, en efecto, fuera contra las amenazas a la familia. Sin embargo, además de que sólo se defiende a la familia "tradicional", lo lamentable es que en la convocatoria no se citan NI UNO de los problemas que impiden formar una familia, o mantenerse las actualmente existentes.
Les invito a hacer la siguiente encuesta: "¿Cuáles son los principales problemas que le impiden a los jóvenes formar o amenazan a las ya formadas?"
Apuesto lo que quieran a que nadie contestará: "Los matrimonos homosexuales", "la investigación con embriones", "la revisión de los conciertos de los colegios de pago", etc.., que son los argumentos esgrimidos en la convocatoria a la manifestación (y que, dicho sea de paso, a ninguna familia le importa).
Puede que alguno conteste: "Los divorcios rápidos", que sí está incluida en la convocatoria.
Y muchos contestarán ateniéndose a lo que viven: "el alto precio de la vivienda", "la inseguridad laboral, los bajos salarios, las muchas horas de trabajo", "la violencia doméstica", "la falta de conciliación laboral y familiar", "el nuevo papel de la mujer en el trabajo" (dirán muchos hombres), "el poco papel de los hombres en el hogar" (dirán muchas mujeres) etc. etc....
En conclusión, los convocantes no parecen estar muy en contacto con la realidad, talvez debido a la pasión con la que defienden sus principios. Yo invito a los interesados que hagan un ejercicio de democracia, y, o bien aprovechen la convocatoria para imponer en la agenda política los problemas de la gente de a pié, o bien que den plantón a unos políticos profesionales que juegan a la pancarta sólo para devolver a sus rivales los golpes en el mismo carrillo.
Y ojalá volvieran los tiempos en que a los curas les diera por "hacer política". Pero política de la buena, es decir, preocuparse por los problemas de la gente real, y no seguir en su papel de portavoces de "la caverna".
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