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En el año 27 antes de C. los ROMANOS monopolizaban totalmente su dominio sobre la costa cántabrica, y en el Mapa confeccionado por ellos se ve claramente la existencia de los tres pueblos CELTAS instalados en las actuales zonas de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava.
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El rastro descrito a partir de las crónicas de Tito Livio (XXI 1,2,3,4-24), Polibio (III,33,34,35) y Estrabón citando las de Ptolomeo, así como las restantes crónicas y restos arqueológicos, hace coincidente la lengua hablada por aquellos hombres que los celtas llamaron VASCOS y la presencia en Hispania de los bereberes libiofenicios y tingitanos de Mauritania que solían incorporar los ejércitos íberos primero y cartagineses después.
En el caso concreto de los vascones, su instalación en las cumbres navarras, coincide con el itinerario de la marcha de Aníbal contra Roma desde Cartago, de cuyas tropas huyeron al menos 20.000 hombres poco después de pasar el Ebro y antes de cruzar los Pirineos en el año 219 aC, al correrse la voz entre las tropas de que Aníbal los dirigía contra Roma. Fué precisamente allí donde unos 40 años más tarde encontraron los romanos a aquella “tribu de razas varias” diferentes en todo a los pueblos celtas de la zona y a quienes estos llamaron BARSCUNES. Aníbal había partido con 90.000 hombres más la caballería y al cruzar los Alpes quedaban 60.000 y la caballería. Úlima edición por tellagorri fecha: 14/mar/06 a las 19:07. Razón: Corrección estética |
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#3
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Poco más tarde (finales del Siglo I aC) la crónica romana de Dion Casio describía los cruentos y continuos saqueos sobre tierras cántabras del bandido vasco COROCOTA al frente de una numerosa cuadrilla, por cuya captura se llegó a efrecer una importante recompensa en tiempos del Emperador Augusto.
El hecho de que las crónicas situaran las operaciones de saqueo de la banda en tierras cántabras, llevó a los historiadores posteriores a suponer cántabro al personaje, forjándose en torno a él una leyenda. Lo cierto es que Corocotta es nombre vasco procedente de la raiz kur que en lengua líbica (curucuta) denomina a la hiena (txakur, zakur es perro en la actualidad en vasco), tal como se expone en los estudios de Schuchardt y Schulten (Numantia) y Garcia Bellido (La Peninsula Ibérica en los Comienzos de su Historia). El hecho de que el nombre del personaje fuera libio y que la hiena era un animal inexistente y desconocido en la España de la época (extinguida desde el Holoceno) y existente únicamente en tierras africanas (y asiáticas) donde además era animal particularmente respetado (divinidad en Egipto), acredita por un lado que las actuales PROVINCIAS VASCAS eran entonces solar de los cántabros (celtas) que habitaban sus valles y que dieron el apodo de vascos a aquellos invasores extranjeros porque instalaron sus campamentos en los refugios de la montaña y por otro, dada la indiscutida celticidad de los cántabros, siempre plenamente acreditada en su legado y descritos y clasificados como celtas por las crónicas romanas de todas las épocas, es evidente que la presencia de Curucutta y su banda en aquellas latitudes debía proceder sin duda de las bandas de berberiscos descritas procedentes de la descomposición de los ejércitos de Aníbal en el paso de los Pirineos a los que probablemente pudieron unirse otras caravanas de bereberes presentes en otros puntos de la península ibérica. Precisamente el bandidaje como forma de vida regular y la falta de freno a la hora de perpetrar los sanguinarios saqueos descritos contra el pueblo cántabro, acredita tanto su falta de identidad con este pueblo y su condición de EXTRANJEROS en esas tierras, como que su presencia en la zona no podía ser muy antigua, dadas tales condiciones de vida sin solar ni medios de vida propios, y el nombre de su jefe, de lengua libia de animal inexistente en la Hispania de la época pero bien conocido y admirado en las tierras de procedencia de las tribus bereberes líbicas. La lengua vasca y berebere, en particular la hablada en la región de los montes Atlas de la antigua Mauritania y los territorios de la antigua Persia, sigue mostrando evidente similitud a pesar del tiempo transcurrido y de las distintas influencias recibidas. Esta similitud actual, era identidad en las fechas en las que aparecieron los vascones en la montaña navarra, como confirman los nombres, toponimia y vestigios arqueológicos encontrados en la península. Los almohades procedentes del Atlas marroquí que invadieron la península ibérica rezaban, se comunicaban y hacían sus discursos en la lengua berebere amazigh. |
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#4
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LA GRAN MARCHA
Diversos grupos de emigrantes procedentes del Este, Oeste, Sur y Levante de la Península Ibérica y del Norte de Africa, principalmente, gentes que, en muchos casos, habían sido objeto de represalias y aniquilamientos por haberse comprometido en las enconadas revueltas que se produjeron, DURANTE MUCHOS SIGLOS, en toda la Península Ibérica, en contra y a favor de los invasores cartagineses y romanos y, finalmente, frente a la dominación romana establecida, siendo víctimas del afianzamiento de ésta, realizaron una marcha de amplio alcance, un gran repliegue, hacia los confines septentrionales de la civilización, hasta que su vanguardia quedó detenida en el área de trasposición de los Pirineos en la parte oriental del mar Cantábrico. No eran oriundos de las tierras en que llegaron a encontrar refugio definitivo, ni se convirtieron en VASCOS o euskaldunes hasta entonces, por que tales nombres descriptivos se los dieron a si mismos, como inmigrantes, constatando su acogida, bajo la protección de los reinos de Castilla y de Navarra, a los beneficios que se les concedieron para que repoblaran las áreas en que ahora viven sus descendientes, los descendientes de las familias que facilitaron su amparo y otros coinmigrantes. No tenían buenas relaciones entre sus núcleos o tribus, ni hablaban un idioma, sino más de TRESCIENTOS DIALECTOS de tronco ibérico y AFRICANO, con diferencias que no les permitían entenderse fluidamente entre ellos. Aunque mantenían costumbres, juegos y tradiciones diversas, carecían de documentos acreditativos de sus particulares procedencias. No conservaban recuerdo de los lugares de que habían salido sus ancestros, lo que, con los desarraigos, no ocurre en la segunda o tercera generación, sino por encima de la décima (trescientos años, por lo menos) y, consecuentemente, no tenían títulos de bienes reivindicables en ninguna parte, ni jefes representativos de alguna estirpe común, en sucesión continuada. Sus orígenes se habían borrado de su memoria, por haber viajado con lo puesto (como los antiguos griegos y a diferencia de los judíos, siempre conservadores de sus señales de identidad), tanto involuntario como voluntariamente. Emigraron involuntariamente, a la fuerza, en cuanto fueron arrasadas sus propiedades en los choques que se producían en unos tiempos en que muchas batallas terminaban con decenas de miles de muertos ibéricos, cartagineses y romanos y acuchillamientos masivos de los habitantes de las poblaciones conquistadas, con avances y retrocesos militares de miles de kilómetros, por Iberia y desde Iberia a Italia, Africa y Oriente. Emigraron voluntariamente, cuando el desarrollo político romano-ibérico e IBÉRICO-AFRICANO, determinó la prosperidad de los dominadores y de cuantos se sumaron a su hegemonía y el esquilmamiento de los dominados y sus descendientes, con enormes impuestos y cargas sobre sus tierras, que tuvieron que abandonar, a partir del comienzo de la Era Augusta. Iban fluyendo por el centro de Iberia, hacia la barrera pirenaica y su parte occidental menos abrupta, asolada por los reiterativos pasos de ejércitos, donde quedaban vestigios materiales de la presencia de otros pobladores ignotos, tales como menhires, dólmenes y pinturas rupestres, de muy anterior realización. Entraron a participar de un entorno rural y ciudadano donde, como en cualquier otro lugar de Castilla y de Navarra, se han dado leyes y se han formado poblaciones y erigido monumentos que corresponden a la cultura general occidental. Los campos ocupados estaban completamente despoblados cuando Don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya, por privilegio dado en Valladolid el día 15 de Junio del año 1300, fundó dicho pueblo de Bilbao, que recibió el título de villa y otras ventajas, del rey Alfonso XI, en 1334. El pueblo de San Sebastián, ahora tan próspero y bonito, estaba constituido por dos parroquias y el monasterio de San Sebastián, que pasaron a depender del monasterio de Leyre, en 1014, por decisión de Sancho el Mayor de Navarra. Fue beneficiado, ciento cincuenta años después, por Sancho el Sabio, con un fuero basado en el de Jaca, con ventajas para desarrollar el comercio marítimo. San Sebastián se unió a Castilla en el año 1200 y, como todas las poblaciones vascas de un lado y otro de los Pirineos, puso a disposición del reino castellano importantes contribuciones de barcos. La densidad de población de la zona, que era muy baja, fue ascendiendo, con las eficaces medidas que se tomaron, para la atracción y el orden de los repobladores precisos, con los beneficios que se les concedieron y les fueron mantenidos por Castilla, hasta llegar a ser muy elevada. Antiguamente, entre los pobladores de la Península Ibérica, las fuentes históricas romanas, que refirieron sus múltiples correrías guerreras, sus ataques y rebeliones y sus organizaciones locales, comarcales y provinciales, no señalan NINGÚN PUEBLO VASCO en ninguna parte, a pesar de que los campos de batalla se extendieron más allá del Estrecho de Gibraltar, de los Pirineos y de los Alpes, con participación de honderos de las Islas Baleares y tropas númicas en muchas operaciones, siendo ya conocidas las Islas Canarias (a las que quería retirarse Pompeyo). Después de arrasar Calahorra y degollar a todos sus habitantes, habiendo sometido a más de ochocientas poblaciones y ciudades, Pompeyo fundó Pamplona (con el nombre inicial de Pompeiópolis) y, al cruzar los Pirineos por Andorra, Altavaca y Sobrarbe, levantó varios monumentos en las cumbres. Cuando Julio Cesar conquistó Francia y Bélgica, uno de sus generales, Craso hijo, atacó a los Voconcios (Gascones), que llamaron en su auxilio a los Cántabros, que pasaron los Pirineos con jefes y oficiales expertos y 50.000 hombres disciplinados y valientes, que, al ser derrotados, dejaron más de 38.000 muertos. En el espacio comprendido entre los Gascones y los Cántabros no había pueblos vascos o euskaldunes, ni los podía haber, en tanto y cuanto que tales denominaciones nacieron para designar a los colonos que, en unas épocas mucho más recientes y en unas circunstancias muy diferentes, obtenían hogar y protecciones concretas, en tierras de Castilla y de Navarra, con expedición de beneficios y privilegios legalmente otorgados, fechados y firmados. Los Cántabros y los Astures (de origen Celta), en el año 24 a.J., pusieron en fuga y aniquilaron muchas legiones romanas. En los sangrientos choques, que tuvieron lugar en la Cordillera Cantábrica, hasta al sur de Palencia y Soria, tampoco se hizo notar la presencia de ningún antepasado de los actuales vascos. Antiguas ciudades de la Península Ibérica, que llegó a tener muchos millones de habitantes, adquirieron gran preponderancia mundial y vinieron a asentarse en ellas numerosas familias judías, sobre todo en Mérida, con la prohibición de volver a Jerusalén o intentar reedificarla. Una administración capaz de controlar a sus inmigrantes de tal forma, cobrando contribuciones e impuestos con detallados controles personales, no se podía olvidar de los vascos, si hubieran existido entonces como tales. Hispania llegó a ser provincia hermana de Roma, haciéndose extensivas a ella las leyes de la República, por Decreto de Octavio Augusto, del 38 a.J., que perduró en Aragón y Cataluña hasta el siglo XII y en Valencia y Castilla hasta el siglo XIV. Las épocas de expansión económica y el coste de las campañas de contención de los pueblos fronterizos del norte de Europa, acrecentaron los abusos tributarios. Úlima edición por tellagorri fecha: 14/mar/06 a las 19:07. Razón: Corrección estética |
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#5
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Aparte de las personas procedentes de los reinos cristianos, que obtuvieron derechos y solares en las zonas vascongadas, y de los inmigrantes más modernos que conservan a sus parientes en otros lugares de España y del extranjero, la mayor parte de los vascos no conservan APELLIDOS ascendentes que puedan orientar de su ORIGEN PARTICULAR respecto de sus posibles puntos de emisión, más allá de las fechas en que se iniciaron las concesiones de ventajas, fueros y privilegios que promocionaron el desarrollo industrial y marítimo de sus poblaciones.
Como habían hecho con los lugares por los que pasaron, tuvieron que adoptar DENOMINACIONES TOPONÍMICAS, para designar los lugares a que llegaban, que ocupaban y convertían en su hogar y cuna segura y en paz de sus hijos y en apellidos de familia, en Castilla y Navarra, comenzando así sus ramas genealógicas que, a la inversa, ahí mismo terminan. Si queremos encontrar, para la generalidad de los vascos, posibles antecedentes de sus perdidos troncos familiares originarios, podemos empezar por relacionar sus variaciones dialectales (que es importante proteger), con los documentos de los idiomas ibéricos en España y Africa, que se están obteniendo, con grandes dificultades. Debemos conservar la memoria de los centenares de dialectos ibero-vascos que han dado lugar a la mayor variedad lingüística que se ha llegado a concentrar en la más pequeña zona de confluencia de la historia de la humanidad. Los caminos que siguieron sus tenaces parlantes, están perfectamente señalados por las descripciones toponímicas que dejaron en el recuerdo de quienes se quedaron atrás. Las familias que, sin otras conexiones externas, iniciaron su reorganización como VASCAS o euskaldunas, estableciéndose bajo la dependencia y protección de Castilla y de Navarra, atraídas a la parte oriental de mar Cantábrico, suman expresiones orales múltiples, con muchas variedades idiomáticas, más o menos similares, con diferencias procedentes de sus diversos orígenes, que desconocen. Todavía contaban con unos cuarenta y tres dialectos y cerca de trescientos subdialectos hace unos ciento cincuenta años, que variaban de valle a valle, de caserío a caserío e, incluso, en las propias familias, según se iban mezclando los miembros de sus diferentes grupos dialectales y se consolidaba el progreso del comercio, la industria, crecían las ciudades y se les seguían sumando otros forasteros. Los idiomas de gran difusión, el español y el francés, se generalizaron. Resurrección María de Azcue, en su Diccionario Español-Vasco-Francés, hace referencias a 7 grupos dialectales con 147 subdialectos y algunas más variaciones locales. Area de Alta Navarra (AN), 37 subdialectos; Area de Vizcaya, 87; Area de Baja Navarra (BN), 37; Area de Guipuzcoa, 55; Area de Labourde, 16; Area del Roncal, 4; Area de Soule, 11 y modalidades bilbaina, valmasedana, burgalesa y gitana. Para comprender las intolerancias que se están creando, deliberadamente, entre vecinos de las zonas vascas, hay que revisar una serie de malentendidos sobre los pueblos iberovascos, que buscaron la protección de Castilla y Navarra, y sobre sus descendientes y sus coinmigrantes simultáneos y posteriores. |
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#6
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Jamás ha existido ninguna VASCONIA como pueblo concreto, encuadrado entre otros pueblos antiguos, con un mismo foco idiomático y una sola estirpe familiar y de mandos en una zona tan reducida.
Cuando la Administración romana, conociendo a los pueblos de la Península Ibérica, hizo la división regional de¡ Siglo I, conformando la Región Tarraconense desde el Mediterráneo al Cantábrico y Galicia, en el lugar que corresponde a las provincias vascongadas actuales, de enorme tránsito militar, ninguna Vasconia participó en el reparto de las circunscripciones. Todos los datos sobre un supuesto pueblo vasco y sobre una supuesta lengua vasca han sido manejados, por historiadores modernos, en referencia a la situación actual, sin ninguna base real constatable. Suponen que si ahora hay cántabros donde antes había cántabros, que si ahora hay asturianos donde antes había astures, donde ahora hay vascos ha tenido que haber vascones (sin darse cuenta de que este término es de contenido despreciativo y humillante). Por la misma regla de tres, los habitantes de Nueva York acabarán por ser considerados, por los historiadores del futuro, como descendientes de unas tribus de nuevoyorquinenses de la Prehistoria. Refiriéndose a la antigüedad de los habitantes de la Península Ibérica, de cuyo tema disponemos ahora de confirmaciones arqueológicas, dijo Estrabón que los IBEROS no solamente poseían un alfabeto, sino que disponían de gramáticas y, los turdetanos, de colecciones de versos que se remontaban a seis mil años antes de su llegada a Iberia (un dato a considerar en relación con los versolaris). Su vigilancia de las costas era tan perfecta, que solamente pudo desembarcar en el país naufragando y siendo auxiliado. Había industrias de modas, vestidos y calzados, uniformes, minas y útiles diversos, espadas y cerámicas y todas las cosas precisas para la vida de una importante civilización de la que ningún resto da ninguna noticia de NINGÚN PUEBLO VASCO. Los iberos disponían de poderes civiles y judiciales y de ejércitos bien pertrechados y tenían religiones de alto nivel ético, como la creencia en un Dios único, que en algunos lugares se conocía con el nombre de Yun, de misteriosa expansividad, del que cada jefe de familia se convertía en divinidad dependiente, cuando moría. Con importantes recursos económicos y capacidad empresarial, crearon explotaciones agrícolas y ganaderas y tuvieron trato con gentes especializadas en levantar construcciones ciclópeas y hacer obras hidráulicas y de comunicaciones, que se dice pudieron ser pelasgos huídos de la Atlántida, que se extendieron por el Mediterranco. Trataron con comerciantes extranjeros, admitieron sus factorías y colonias y sufrieron invasiones. Los datos de sus relaciones con los fenicios y los griegos son muy abundantes y comprobables, sin la menor presencia de vascos o euskaldunes, ni siquiera cuando se enzarzaron en guerras, que se extendieron por toda la Península Ibérica, entre sí y con los cartagineses y los romanos, con terribles choques militares en todos sus confines. Los vascos o euskaldunes fueron el resultado de su vasconización o euskaldinización, cuando aceptaron el amparo que les brindaron Castilla y Navarra y así lo pregonaron, con su propia autotitulación. Sus actuales orígenes familiares están perfectamente señalados, caso por caso, por las fechas de fundación de sus núcleos urbanos y de las concesiones de privilegios para sus asentamientos vecinales. Entronques mucho más amplios o distintos los tienen, como es constatable en los registros documentales, los descendientes de las familias castellanas, navarras y de otros reinos cristianos, que promocionaron el desarrollo inicial vascongado y se vincularon a él, y los coinmigrantes que llegaron y siguen llegando a la comunidad. El contenido etimológico y los significados de las descripciones toponímicas de las que se han derivado muchos nombres de poblaciones y la mayor parte de los apellidos vascos, son similares a los que todavía persisten en todos los campos, montes y mares de la antigua Hispania. La suposición de que hubo un pueblo vasco primitivo que vivió aislado, no tiene ninguna razón de apoyo y está en discordancia con todos los hechos conocidos. En los tiempos modernos la mayoría de los vascos, en las áreas que se conformaron como provincias vascongadas, habitaron caseríos diseminados, con parcelas de terrenos, y pequeñas aldeas, siendo sus únicas concentraciones urbanas de importancia, en el siglo XIX, las capitales de la parte española, especialmente Bilbao y, en el siglo XX, los barrios populosos obreros, con muchos inmigrantes, y las atractivas poblaciones turísticas de España y Francia. No se puede pertenecer a un pueblo aislado y vivir en casas solariegas con campos propios. Para vivir en casas solariegas con campos propios hay que tener mucha libertad y mucha seguridad administrativa. Tampoco se puede pertenecer a un pueblo aislado, con sus individuos juntos y unidos, por tal circunstancia, y hablar CIENTOS DE DIALÉCTOS y SUBDIALÉCTOS. Un pueblo aislado, por el motivo que sea, tiene que estar en alguna parte, tener conciencia continuada de su identidad , SER CONOCIDO por los que le aíslan, con o sin razón, debe hacer algo y ocuparse de su comunidad y de su defensa. Habrá producido reglas escritas y construido algo murallas o, por lo menos, trincheras, algún refugio o templo o algún cementerio, en que enterrar a sus muertos. No se puede ser un pueblo aislado y estar compuesto de tribus que no se toleran entre sí, como las que llegaron a vivir en Oñate, los Aguillos y los Cervunos, a las que se les tuvieron que poner bancos separados en la Iglesia, para que fueran a misa, en concesión que solo se puede conseguir estando en la dependencia común de una organización política superior establecida. Decir que "el pueblo vasco" es de "origen desconocido" y que posee "una civilización muy antigua", "una lengua original" y "un tipo étnico muy diferenciado", es jugar con apreciaciones totalmente gratuitas. El único pueblo vasco que ha existido, homogeneizado como tal, está documentado perfectamente. Es el que se formó por el conjunto de los colonos que entraron a repoblar las áreas pirenaicas del mar Cantábrico oriental, que se potenciaron, mediante concesiones de privilegios, beneficios y fueros, por los reyes de Castilla, Navarra y Aragón, constando el año, el mes y el día de cada una de las fundaciones de sus poblados y de las ventajas que se ofrecieron y dieron a sus asentamientos, que pueden verse en los archivos históricos correspondientes. Ningún poder atrae con regalías a los ciudadanos que ya viven en un lugar y soportan sus cargas. Nunca existió ni pudo existir un pueblo vasco artífice de ninguna civilización muy antigua, porque los inmigrantes que llegaron a las actuales provincias vascongadas no tenían señales escritas comunes, ni no comunes, ni disponían de técnicas relacionadas con ningún estilo de construcción arcaica, ni puente ni pared que diera memoria anterior de ellos en ninguna parte. No conocieron ninguna lengua original que se hubiera establecido previamente para todas las diversas tribus que se asentaron en las provincias vascas, que vinieron con una gran variedad de hablares que, en sus similitudes, ahora se están refundiendo en un "Esperantillo" que acabará por ser el hazmerreír de las futuras generaciones desapasionadas. No hay ningún tipo étnico vasco muy diferenciado, sino multitud de gentes con ojos negros, marrones, azules, verdes y aceitunados, con cabellos lisos, rubios, morenos, castaños, rizados, peinados en falsilla y ralos y no son todos como los prognáticos que se pintan por los artistas de la zona como no son todas las mujeres de Córdoba, que tienen mucha más similitud de estampa, como las morenas que pintaba Romero de Torres. Originariamente los vascos o euskaldunes, tenían que ser católicos, ya que entraban a integrarse en enclaves de reinos cristianos que estaban en guerra con los mahometanos, y, además, tenían que ser católicos practicantes, por su dependencia global del poder eclesiástico asentado en todas las tierras de la reconquista hispana. Puede seguirse la marcha migratoria de amplio alcance de los grupos ibéricos desarraigados de sus tierras, que se produjo hacia el Norte desde las poblaciones hispánicas del Oeste, Sur y Este de la Península Ibérica y Africa, hasta que su “guipuzcoa" frontal acudió a asentarse en el Cantábrico oriental, bajo la protección de los reinos cristianos de la Reconquista. No llevaban impedimenta de ninguna clase. No tenían documentos escritos que orientaran de su identidad, aunque la escritura era conocida por todos los pueblos del mundo desde hacía miles de años. No tenían pertenencias conservadas de sus lugares de procedencia. No podían informar de que hubieran hecho alguna obra o construcción con arte propio en ninguna parte. No conservaban esculturas, ni efigies, ni retratos, ni dibujos, ni nada que representara a sus antepasados en las tierras cristianas en que se domiciliaron. No contaban con jefes de estirpe común en sucesión continuada ni con cadenas de transmisiones familiares de títulos ni propiedades. Como tribus en diáspora, llevando con ellos sus juegos y costumbres, marcaron los lugares de que salieron y por los que pasaron, con denominaciones identificativas de gran exactitud, con nombres toponímicos, que se fijaron en la memoria de los que estaban o se iban quedando atrás, miles de términos recuperables que se pueden cotejar con las fuentes pre-romanas que se están encontrando y los dialectos y subdialectos que todavía se conservan por muchas familias, en los enclaves vascongados, mientras no queden privadas de tal tesoro distintivo. |
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#7
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Solimán nombró walí a Alahor, un beduino fanático y acostumbrado a guerrear en el desierto con las tribus africanas que, inmediatamente quiso completar la conquista de Hispania, ocupando los estados de la Septimania galorromana, el Rosellón y parte de¡ Languedoc, que se habían puesto bijo la protección de los duques de Aquitania y la jefitura de varios condes.
Invadió la Septimania, entrando por La Junquera, y se apoderó de Narbona y, enseguida de todo el país, pero, en lugar de actuar como sus antecesores, dio rienda suelta a si¡ brutalidad contra los cristianos y contra los musulmanes comedidos y los berberíscos. Las quejas contra Alahor determinaron que fuera destituido por el calift Yezid II, cuando regresaba a Iberia al conocer la derrota en Asturias de su lugarteniente Alkami, por los cristianos mandados por Pelayo, duque de Cantabria, siendo el año 720. Arama-ben-MALEK, siguiente walí, dio satisfacción a los pueblos víctimas de abusos y puso al día el pago de¡ ejército, promovió los regadíos y la instrucción, las artes y las ciencias y formó la estadística del país. Endiosado por su propio poder, quiso conquistar más tierras y, no contento con la Septimania, invadió la Aquitania y puso sitio a Toulouse, resultando derrotado y muerto por el duque Eudes. Parte de sus tropas pudieron retirarse ordenadamente a Narbona, gracias a la pericia y serenidad del capitán Abderramán-el-Gafeqi (recuperador del Castillo de Gafiq, antigua Gaya ibérica, en Falis-al-Ballut, hoy Valle de los Pedroches, municipio de Torrecampo), que fue proclamado walí y ratificado en el cargo por el Emir de Africa, siendo el año 721. Excesivamente generoso, El-Gafeqi fue sustituido por Ambiza, que se empeiíó en invadir Borgoña y, también por intervención del duque Eudes, tuvo que volver derrotado a Narbona en 724. Después de varios nombramientos, volvió a ser nombrado walí de Hispania Abderi-am-,ín-el-Gafeqi. Restableció la prosperidad general y la justicia y, pretendiendo extender los dominios árabes, marchó de Córdoba a PAMPLONA, cruzó el río que hoy se llama Bidasoa, atravesó los valles del Bigorra y el Bearnés, se apoderó de Burdeos, cruzó el Garona y el Dordoña, tomó Lyon, arrasó Borgoña y Alsacia, acumuló excesivas riquezas en su ejército y, derrotando al duque Eudes de Aquitania, destruyó Toulouse. No contento todavía, avanzó sobre POITIERS, pero, el miedo de sus tropas a perder el botín que transportaban, propició su derrota y muerte, ante Carlos de Heristal, que fue llamado Carlos Martel (mayordomo del rey de los francos Tierrhy IV) y el duque Eudes, que, siendo ahora suegro de Munuza (compañero de Tarik en la invasión de Hispania), disponía de refuerzos berberiscos. Los vencedores intentaron conquistar Narbona, pero, tuvieron que levantar el cerco. El nuevo walí, Abd-el-Melik-ben-Catán (733-736), se distinguió por sus injusticias y sus fracasos, dejando a la Hispania sumida en la anarquía, hasta que Ocha (736-741), con severidad y benevolencia, logró restablecer el órden. Castigó la corrupción de los funcionarios y, para la vigilancia de los caminos y las poblaciones, creó el cuerpo de Kaschefs, equivalente a la Guardia civil. Siguieron las conquistas en el Mediodía y el Centro de Francia y se sometieron Provenza, las Landas, el Rosellón, Languedoc y parte de los actuales departamentos del Creuse, Altos Alpes (donde se sigue hablando un dialecto catalán) y Charenta. Se introdujeron adelantos en agricultura y se instaló la primera fábrica de tapices en Aubusson. REBELION DE LOS BERBERISCOS La rebelión de los berberiscos contra el emir de Africa, Obeidallah, y contra el mismo califa Hixem, determinó el exterminio de sus tropas, que eran principalmente sirias y, uno de los generales del califa, Baldj, refugiado en Ceuta pidió socorro a Ocha que, muerto por enfermedad, había dado paso a la reposición de Abd-el-Melik el cual, aún nonagenario, seguía siendo enérgico y, odiando a los sirios, como buen yemenita, desoyó la súplica. La enemistad entre berberiscos y árabes, existía en el área hispánica desde que Tarik, berberisco, había planificado la conquista, y Muza, árabe, se había quedado con el gobierno del país y las tierras más fértiles del sur y levante peninsular, dejando a los berberiscos Extremadura, las mesetas del centro y las ásperas montarías de Galicia. Asturias y León, donde era preciso escaramucear sin tregua con los cristianos. Los berberiscos hispanos se unieron a la sublevación de los africanos y marcharon sobre Toledo, Córdoba y Algeciras y el viejo Abd-el-Melik-el-Catán tuvo que pedir ayuda a su despreciado Baldj, que desembarcó con sirios y egipcios, dominó la rebelión y se apoderó del walí Abd-el-Melik y le crucificó entre un perro y un cerdo. Se desencadenó una guerra civil muy cruel y absurda, de todos contra todos, sin que nadie se diera cuenta de que los cristianos del Norte de Hispania estaban ampliando sus posiciones. El emir de Africa envió a Abu-el-Jattar como walí que, acabó con el desorden. En Damasco se empezaron a complicar las cosas entre los Omniadas de bandera blanca, los Abbasidas de bandera negra y los Fatimistas de bandera verde, poniéndose de moda los degüellos familiares. Abderramán, un príncipe omeya se escapó y vagó por Africa hasta llegar a Nafra de Ceuta, donde había nacido su madre. Envió un liberto a Hispania para buscar apoyo de los omeyas hispanos y recibió un barco con tropas y dinero, que le condujo a Almuñecar y al castillo de Torrox. Reuniendo un poderoso ejército tomó Archidona y Sevilla y atacó Córdoba, donde le esperaban el walí Yusuf y su protector Comail. Izó la bandera blanca de los omniadas y se autonombró emir independiente de Hispania, ordenando que se respetaran las vidas de los prisioneros y se devolvieran los bienes saqueados. Yusuf y Comail le reconocieron como señor, aunque luego acabaron por participar, traidoramente, en las revueltas que se prolongaron durante varios años, con rebeliones continuadas. RONCESVALLES Abud-Asnad, hijo de Yusuf, se fugó de la prisión y reuniéndose con su cuñado Abderraman-ben-Hebid, llamado el Eslavo, y el gobernador de Barcelona, El-Arabi, traicionaron al Islam pidiendo socorro a CARLOMAGNO en 777, presentándose ante él en Paderborn (Westfalia). Carlomagno se puso en marcha, pero, antes de que llegaran sus tropas a Hispania, el Eslavo se sublevó y fue muerto por sus propios soldados. El-Arabi se apoderó de Zaragoza y quedó sitiado allí, sin ser socorrido por los cristianos de Asturias, a los que había pedido ayuda. Cuando Carlomagno, que había cruzado los Pirineos, se dirigía a Zaragoza, tuvo noticia de una nueva sublevación de los sajones y ordenó la retirada de sus tropas, que sufrieron grandes pérdidas al trasponer los Pirineos por Roncesvalles, más por las inclemencias del tiempo tormentoso y con deshielos, que las desorganizaron, que por la acción de las tropas árabes que les seguían. De este desastre no se derivó ninguna consecuencia de conquista ni táctica, porque los francos solamente querían marcharse y los cordobeses solamente querían que se marcharan los francos, que dejaron un importante botín en manos de cuantos acudieron al saqueo y desguace de sus armas y pertenencias abandonadas por los muertos y por los vivos, en su precipitada retirada, dado su peso y el calor que hizo en aquel día 15 de Agosto de 778. Los puertos de la Hispania orienta¡, como Barcelona, comenzaron a ser dotados de modernas instalaciones, y se mejoraron las comunicaciones con carreteras y recuperaciones de las antiguas calzadas. Sintiéndose morir, nombró heredero a su tercer hijo, Hixem, con aceptación jurada de sus hermanos mayores, y se retiró a Mérida, donde murió en el 778. En la guerra con los cristianos, que habían avanzado sus posiciones, Hixem 1 derrotó a Bermudo I en Bureba, cerca de Villafranca del Bierzo y, posteriormente, en tiempos de Alfonso II el Casto, los generales árabes invadieron Galicia, siendo rechazados en la batalla de Lutos. Falleció en Córdoba en 796, nombrando por sucesor jurado a su hijo Alhakem, cuyos tíos Sulcimán y Abdallah volvieron a sublevarse en Toledo, Valencia y Murcia, circunstancia que aprovecharon los francos para apoderarse de Narbona y de Gerona. Alhakem I recuperó las plazas tomadas por los francos y derrotó a sus tíos, muriendo Suleimán en combate y quedando prisionero Abdallah y desterrado a Tánger en el 803. |
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Nueva Cantabria: Historia y paradoja
VIRGINIA CALVENTE IGLESIAS/CATEDRÁTICA DE BACHILLERATO Y MIEMBRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS MONTAÑESES A la ciudad de Nueva Cantabria llegó el 31 de marzo de 1647 una expedición comandada por el capitán Miguel de Ochogavia. Iban acompañados de un fraile que escribió con bella y singular pluma la crónica de la gesta que acababan de realizar, consistente en el descubrimiento completo del río Apure, desde su nacimiento en Barinas hasta su ingreso en el explayado de Orinoco. No era, pues, esta ciudad la Nueva Cantabria mejicana. Se trataba de un poblado de blancos fundado por el Gobernador y Capitán General de la Guayana y sus provincias don Martín de Mendoza Lahoz y Berrío en 1643 muy próximo a un poblado indígena llamado Cabruta que hoy día es la ciudad de Cabruta en el Estado venezolano de Guárico. La proximidad de Nueva Cantabria a Cabruta se debió a que, como cualquier otra fundación colonial en la Provincia de Venezuela durante el siglo XVII, requería de mano de obra indígena para las actividades agrícolas, pesqueras, pecuarias, mineras o artesanales, y a que tanto a misioneros como a encomenderos les interesaba esa cercanía para cumplir los primeros la función religiosa de la colonización y los segundos la económica (los poblados mixtos no llegaron hasta el siglo XVIII y en el XVII los asentamientos eran de 'pueblos indios' y de 'pueblos españoles'). Su fundador, fiel a la tendencia regionalista española que trataba de transformar las tierras nuevas venezolanas en un trasunto de las peninsulares, escogió ese nombre para ella. Relata el cronista cómo al arribar al altivo y arrogante Orinoco el 27 de marzo ordenó el capitán a sus soldados, navegantes en maltrechas curiaras, que se hiciesen alegres salvas y repetidos tiros. Culminada su hazaña, a los hombres todo se les hacía dulce. Las parlerillas aves, los odoríferos pebetes y cazolejas y las matizadas flores les brindaban rendido homenaje por hollar con sus plantas parajes tan incógnitos del español. Mas prosiguieron viaje y la dicha se tornó en desazón causada por el soberbio olaje que azotaba los bajeles y por las piraguas de los indios caribes, que tenían la endemoniada costumbre de hacerse sordos a las voces y banderas blancas de los españoles. No recuperaron la tranquilidad hasta dar alcance a la orilla opuesta del Orinoco y saber por un intérprete indio que estaban cercanos a la boca del brazo que junto con el río de la Portuguesa recoge el Orinoco, bebiéndose las aguas de ambos, como también las del río Guariquito, vecino a los cerros de Cabruta que median entre este río y la Nueva Cantabria, y que en ésta se hallaba el capitán poblador Juan de Ochoa Gresala y Aguirre, encomendero en ella y de mucha hacienda. Éste y toda la ciudad de Nueva Cantabria les recibieron con repetidas salvas, parabienes y alborozo, ofreciéndoles albergue y comida. Tenían buen vino y carne de vaca, pescado, tortugas y pequeñuelos tortuguitos. Marchó la expedición al poco, Orinoco abajo, y el fraile cronista se quedó en la ciudad para decirles misa y predicarles lo restante de la cuaresma. Pobres, muy pobres, eran aquellas gentes cántabras, y el fraile no quería descuidar a una ciudad que ya gozaba de este título en nombre del Rey y se gobernaba por Justicia mayor, alcaldes, cabildo y regimiento. Agradecidos, cubrieron al hombre de ofertas regaladas y de agrados muchos, pero no pudieron evitar que le infectase un penoso sarpullido de que habían padecido todos los cántabros. Y, una vez sanado, escribió para quien le quisiese leer que en Nueva Cantabria había muchos paujíes, pavas reales, patos y otra volatería, que había también explayadas ceibas, empinados robles y apenas flores, y que los cántabros, pese a su pobreza suma, acudían con devoción a la celebración de los divinos oficios. Pasaron años de aquello y llegó el 13 de enero del año 1680, en que la Católica Reina Doña María Luisa de Borbón hizo su solemne entrada en Madrid. Cardenales, Duques, Condestables, Condes, Marqueses, Señoras Damas ricamente vestidas y otros importantes personajes esperaban el paso de Su Majestad bajo cinco Arcos Triunfales que había en el trecho que va del Retiro a Palacio. Desde el Retiro al primer Arco se veía una hermosa calle adornada de veinticuatro estatuas de la estatura de un hombre que representaban los otros tantos Reinos que el Monarca predominaba, todos ofreciendo a su Reina los blasones que los ilustraban. Remataba gloriosamente la Real calle la Provincia de Cantabria, cuyo escudo se componía de un roble a cuyo pie se miraban dos lobos, cada uno con un cordero en la boca; y abajo en el círculo tiros de artillería y otras máquinas de hierro. La estatua tenía en la mano sus trofeos y a sus pies un mote que así comenzaba: «Del Cielo primer punto, tierra noble, Vizcaya mereciste ser alfombra». Aquella Nueva Cantabria, obviamente vizcaína, desapareció anegada por las crecidas del Orinoco. Ya en tiempos del cronista expedicionario se reducía la Nueva Cantabria a una isla que formaba un brazo del río Guariquito en época de lluvias, cuando la sabana se transforma en un mar navegable del que surgen árboles espléndidos e inauditos. Quedaron de ella unos mapas antiguos y unas crónicas que dan fe de su existencia. Queda Cabruta, una ciudad viva que antaño fue india, junto a más de cuatrocientas ciudades de la Venezuela hispánica cuyas casas y calles nos hablan de la arquitectura y las ventanas enrejadas de Cádiz. Y tal es la historia de la ciudad que en las Crónicas de Indias fue cántabra y para nosotros no es. Cayeron en el olvido ella y la razón de que su fundador la bautizase como Nueva Cantabria: la identificación de los antiguos cántabros con el pueblo vasco, mito creado y difundido en el siglo XVI con el fervoroso apoyo de los historiadores vascos, deseosos de proveer de justificación histórica a sus Fueros, según el cual Vizcaya y Guipúzcoa se habrían incorporado a Cantabria con anterioridad a las guerras cántabras contra Roma y, por tanto, participado en aquella heroica resistencia. Así, la Nueva Cantabria venezolana (muy próxima a zonas en efecto colonizadas por cabuérnigos) respondía a la añoranza de su fundador de un pasado que nunca existió, -un pasado manipulado por quienes pretendieron rescatar para sí de las oscuridades del Medievo los términos 'Cantabria' y 'cántabros'- y fue muerta por el Orinoco antes de que el padre Enrique Flórez diese un golpe de gracia a la tesis del vasco-cantabrismo con la publicación de su 'La Cantabria' en 1768. |
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#9
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Fue tanta su fama que el emperador Augusto puso precio a su cabeza - 250.000 sextercios -.
La historia cuenta que el propio Corocotta se presentó a cobrar la recompensa, sorprendiendo de tal modo al emperador con esta muestra de audacia - o tal vez ingenuidad - que le dejó marchar libre. |
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