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INVASION DE ALANOS, SUEVOS Y VANDALOS EN EL 400
Probablemente fueron los suevos quienes cruzaron en primer lugar los pasos pirenaicos occidentales hacia el 409, y sin apenas detenerse avanzaron por la vía de Pamplona a Tritium (cerca de Nájera), y de Tritium a Astorga (otro itinerario posible, aunque menos probable, es el de Pamplona al Valle del Ebro y por la vía que seguía este valle por Calagurris hasta Tritium y Astorga). Los suevos no se detuvieron en las tierras vasconas, pues sin duda buscaban tierras llanas mas fértiles en el interior, y se establecieron en tierras de los astures y quizás en Galicia. Mas al Sur (al Oeste de Salmantica = Salamanca) se establecieron los Vándalos Asdingos, que probablemente cruzaron por los pasos de los Pirineos Centrales hacia Cesaraugusta (Zaragoza) y de allí hacia Clunia y Salmantica, por una vía que discurría casi paralela a la de Astorga. Al Sur de los Vándalos Asdingos se establecieron los Alanos (el pueblo mas numeroso de los que cruzaron los Pirineos) abarcando aproximadamente la provincia de Lusitania. El territorio de los Vándalos Asdingos, dividido por el Duero, fue rápidamente codiciado por los Alanos y Suevos que no tardaron en expulsarlos. Los Asdingos se desplazaron entonces al Norte y ocuparon las tierras Astures y Norte de Galicia, mientras los suevos se desplazaron hasta orillas del Duero y conservaron el resto de Galicia y la región de Astorga. Este cambio territorial se produjo hacia el 414, y simultáneamente los Alanos se extendieron por la provincia Cartaginesa, que inicialmente había quedado libre de la presencia de invasores, pero que en el 414 ya estaba en poder de dicho pueblo. Otra versión sugiere que los invasores se repartieron las tierras por un acuerdo o sorteo. Los alanos, que eran los más numerosos, obtuvieron dos provincias (Lusitania y Cartaginesa), los Vándalos silingos una provincia (la Bética), y los Vándalos Asdingos y los Suevos, se repartirían la provincia de Galecia. En el Imperio Romano la zona de los Barskunes (Navarra) pertenecía a la Provincia TARRACONENSE. Hidacio asegura que los tres pueblos (Vándalos, Alanos y Suevos) decidieron repartirse las tierras conquistadas de común acuerdo, pero en este reparto el país vascón no estuvo incluido. En todo caso, más que la exclusión del territorio vascón, queda por explicar porque quedó la mayor parte de la provincia Tarraconense fuera del reparto o de una ocupación efectiva. Lo más probable es que los bárbaros pactaran con el Emperador que gobernaba Hispania, es decir Máximo (en aquel momento Máximo era reconocido en toda Hispania, y su amigo el General Geroncio, que ya había ejecutado a Constante, tenía sitiado en Arles a su rival Constantino y al hijo de este, Juliano. Emperadores reconocidos en La Galia): se les permitía asentarse en diversas provincias pero la Tarraconense quedaba para Máximo. Sea como fuere la provincia Tarraconense quedó fuera del dominio de los pueblos recién llegados. Aunque tambaleante, el poder de Roma logro sostenerse en esta provincia, de la cual formaba parte el territorio vascón. Junto al país de los Vascones formaban parte también de la Tarraconense, entre otras, las tierras de los Cántabros, los Turmogos (actual Burgos), AUTRIGONES (Oeste de Álava y Vizcaya) CARISTIOS (Este de Álava y Vizcaya) VÁRDULOS (Guipúzcoa) y Berones (Rioja), pero en todas estas regiones el poder romano después de las invasiones, es incierto. De hecho es probable que parte de los vascones alcanzan el 409 o en fechas inmediatas, una incomunicación de facto que separaba las tierras romanas orientales de la Tarraconense, de las occidentales. Las comunicaciones entre ambas zonas se hicieron peligrosas y difíciles cuando no imposibles. Los romanos no disponían de fuerzas militares suficientes para proteger a los viajeros y las milicias ciudadanas organizadas por notables, a menudo entre sus propios esclavos y servidores, tenían poca capacidad de combate y solo luchaban forzadas. Aunque las regiones occidentales no desconocerían en ningún momento la soberanía imperial, las autoridades locales debieron asumir de facto todo el poder (a falta de una autoridad superior), y en las zonas agrestes las tribus alcanzarían una libertad casi completa. Hubo sin duda gobiernos locales de los que la historia no guarda recuerdo y que formaban el mapa de los poderes transitorios de poco relieve en todo el occidente de la Tarraconense. No existen referencias históricas a estos poderes locales en el Siglo V, pero es casi seguro que junto a poderes tribales rudos y salvajes, las ciudades conservaron gobiernos hispano-romanos similares en todos sus aspectos a los existentes antes de la invasión de los bárbaros, pero sin una dependencia efectiva de Roma. Úlima edición por tellagorri fecha: 21/dic/05 a las 23:11. |
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LA EXPEDICIÓN DE LOS FRANCOS DEL 541.
Después de muchos años de completa autonomía de los vascones, inmersos en un proceso de tribalización de los grupos montañeses, y de retroceso acelerado de la civilización en el resto del territorio, en el año 541 se produjo un hecho que tuvo ciertas repercusiones en el territorio. El año 541 los reyes merovingios Childeberto y Clotario penetraron con sus fuerzas en el territorio vascón, seguramente cruzando el paso Pirenaico de Roncesvalles, presentándose con rapidez ante Pamplona. No es mucho lo que se sabe de la expedición, pero parece claro que los merovingios no encontraron resistencia. Los vascones, desorganizados como conjunto, actuaban en pequeñas bandas o grupos, y difícilmente hubieran podido enfrentarse a un ejercito poderoso que cruzaba por su territorio inesperadamente. Podían recurrir a sus tácticas favoritas, de emboscadas o ataques sorpresivos seguidos de una rápida retirada, pero para llevar a cabo una acción similar hubiera sido preciso que algún grupo estuviera sobre aviso y pudiera organizar un contingente numeroso, seguramente formándose una alianza entre los grupos de varios jefes de guerra. Era muy improbable que los vascones tuvieran información previa de la expedición merovingia, aunque estas expediciones eran preparadas con bastante antelación, concentrándose los ejércitos en un punto determinado antes de la partida. Naturalmente también podría darse el caso de que la expedición hubiera sido preparada con una doble finalidad: en primer lugar poner fin a las incursiones depredatorias de los vascones al Norte de los Pirineos; y en segundo lugar, cruzando el territorio vascón, sorprender a los visigodos. La situación económica en Vasconia había ido degradándose progresivamente. La indisciplina de la población hacía muy difícil la explotación racional de las grandes y medianas haciendas, cuya productividad seguía decayendo. La productividad de los campesinos libres era también muy limitada, limitándose prácticamente a cultivar para las necesidades propias. La falta de comunicaciones y de mercados hacía inviable el comercio. Es probable que los grandes y medianos propietarios estuvieran apercibiéndose de que la exención de impuestos fáctica de que gozaban no era una panacea, y que los perjuicios de la falta de un poder fuerte que pudiera controlar a la población exaltada y descontrolada eran superiores a los beneficios. Seguramente con tiempo, muchos grandes propietarios podían ir dividiendo sus propiedades, falsificar títulos y otros medios, para evitar que en un momento dado en que se estableciera una dominación germánica hubiesen de perder gran parte de sus haciendas. Propietarios que aunque mantenían el título jurídico de sus propiedades, difícilmente podían obtener las contraprestaciones exigibles a sus colonos o aparceros, y cuyas tierras eran poco rentables; propietarios que o habían agotado el oro de que disponían o bien no podían invertirlo en ninguna actividad productiva o en bienes de consumo necesarios. Y frente a ellos los jefes de banda y algunos de sus acólitos, salvajes, enriquecidos por el oro obtenido en sus expediciones BAUGADAS o razias de saqueos, y que disponían de bienes de los que los magnates carecían: esclavos y esclavas apresados en las correrías, ganado, objetos de toda clase (mobiliario, utensilios agrícolas o de uso cotidiano, herramientas, etc..), vino, etc...y que a pesar de su falta de civilización, constituían una nueva casta de poderosos. Muchos aldeanos, ciudadanos y hasta colonos o esclavos que participaban en los saqueos, disponían a veces de más bienes que los propietarios grandes y medianos. Así seguramente la tendencia natural de estos, quizás por envidia, pero quizás simplemente por un interés personal, era el deseo de establecer una nueva autoridad que asegurara sus privilegios, aun a costa de perder parte de sus propiedades (perdidas ya de hecho al no poder obtener rendimientos de parte de sus haciendas) y de tener que satisfacer impuestos (que finalmente repercutían a sus colonos o aparceros). Cuando los FRANCOS se presentaron en Pamplona en el 541, su aspecto debió causar honda impresión en los rudos vascones. Quizás en Pamplona se conservaba un cierto barniz de civilización, pero desde hacía muchos años se habían dejado de ver ciertos elementos de cierta sofisticación: los atavíos de los caballeros, de sus monturas y de los caballos en general, y hasta de los mismos soldados que acompañaban a los dos reyes. En sus expediciones de saqueo los vascones se enfrentaban a milicias de aldeanos, y a lo sumo a algunas decenas de guerreros visigodos. La presencia de la fuerza de los francos, y singularmente de la escolta real, pudo causar una honda impresión en la zona, acentuada sin duda por el efecto engrandecedor de ciertas noticias cuando corren de boca en boca. Parece ser que los Francos cruzaron todo el país vascón, bajando desde Pamplona hasta el Ebro, enfilando la vía que conducía a Cesaraugusta (Zaragoza). Las fuerzas de los merovingios establecieron el sitio a esta ciudad, defendida por sus murallas. Durante cuarenta y nueve días mantuvieron el sitio sin mucho éxito. Como sabemos el arte militar de la época hacía difícil la toma de una plaza defendida por murallas en buen estado de conservación, especialmente cuando no se podía contar con el factor sorpresa, con aliados interiores, o con la inexperiencia de los defensores. Cesaraugusta debía disponer de un contingente visigodo más o menos importante, y las milicias de las ciudad podían estar habituadas a las luchas, después de los años de correrías de los vascones en la zona. En tales condiciones un sitio debía prolongarse por un largo periodo, y los sitiadores corrían diversos peligros: el riesgo de sufrir desabastecimiento (con lo que una parte del contingente debía dedicarse a la búsqueda de víveres en las aldeas de la zona); el riesgo de una salida de los sitiados; o el riesgo de la llegada de refuerzos, que sorprendiera a los sitiadores entre dos fuegos (la ciudad y los refuerzos) y lejos de su territorio. Precisamente el general visigodo Teudiselo o Teudigiselo, encargado de combatir a los francos, optó por una táctica que se demostró muy eficaz: en vez de atacar directamente a los francos (con la posibilidad de una derrota que les abriría el camino hacia Cesaraugusta o Barcino o Toledo) se limitó a fortificar los pasos Pirenaicos, que por su especial configuración orografía podían ser defendidos con eficacia por un numero relativamente pequeño de soldados. Mientras Teudigiselo se dedicaba a cortarles la retirada, los francos seguían sitiando Cesaraugusta. A los cuarenta y nueve días, los francos, quizás faltos de abastecimientos, quizás hostilizados, o simplemente viendo que no podrían tomar la ciudad, y seguramente enterados de que el enemigo les estaba cortando la retirada, abandonaron el cerco y se aprestaron a regresar a su territorio. El intento de los francos de cruzar los pasos pirenaicos bloqueados resultó aun más infructuoso y sangriento que su intento de tomar Cesaraugusta. Cientos de soldados francos murieron en su inútil intento de regresar a su patria y las diversas columnas fueron derrotadas y rechazadas. Además Teudigiselo obtuvo un fuerte rescate por aquellos magnates a los que permitió el paso (unos centenares de caballeros francos obtuvieron el paso libre a cambio de fuertes sumas). Es evidente que Teudigiselo no tenía capacidad militar para dominar todos los pasos Pirenaicos, y especialmente los del territorio vascón. Estos últimos difícilmente hubieran podido ser bloqueados por sus soldados sin contar con la anuencia de los vascones. Es obligado pues suponer una alianza de Teudigiselo con los vascones. Las tropas visigodas bloquearon los pasos centrales del Pirineo. Los jefes vascones con los que pudo concertar alianzas, bloquearían los pasos occidentales. Los vascones encargados de bloquear los pasos en su territorio bien pudieron ser grupos aliados del general visigodo, o mercenarios; pero es posible que los mismo propietarios vascones contribuyeran al bloqueo, tal vez con la esperanza de que una dominación visigoda suave posterior mejorara su suerte personal. Los propietarios y jefes vascones, especialmente de la zona cercana a la vía entre el Ebro y Pamplona, y de la zona montañosa del Norte, se apercibirían de la inminencia de la retirada de los francos; aun no habían sido derrotados pero de ellos poco podían esperar; si antes fueron sus aliados, o mantuvieron con ellos la neutralidad, los vascones mostraban ahora una característica que se repetía: abandonaban a un aliado o a un poder en desgracia y se subían al carro del vencedor. Diversos motivos pudieron inducir a los vascones a favorecer a sus antiguos enemigos visigodos contra los francos (tal vez antes aliados): ya hemos visto la situación social y los posibles deseos de los grandes y medianos propietarios. Pero existen otros posibles motivos: de un lado está la personalidad de Teudigiselo, básicamente desconocida, pero que pudo ganarse la confianza de algunos jefes; de otro esta la influencia que sobre los aldeanos y campesinos ejercían los grandes propietarios; hay además tres motivos principales que a mi juicio incidieron decisivamente en la inversión de alianzas: 1) La leyenda de la riqueza de las haciendas de Aquitania estaba aun viva en las aldeas vasconas y a ello se habrían unido los relatos sobre los CABALLEROS FRANCOS que habían cruzado el país y establecido sus guarniciones en muchas zonas de Navarra. Seguramente al intuir la posible derrota de los Francos, muchos vascones esperaban poder iniciar de nuevo una época de saqueos en el Sur del territorio de los Francos (en Aquitania en concreto) mucho más productivos que los que se desarrollaban en tierras del occidente de la provincia Tarraconense. Diríamos pues que la debilidad del otrora poderoso despertó la codicia de los vascones. 2) Desde hacía unos treinta años (toda una generación) ningún poder ROMANO había penetrado en el territorio por medios militares. En una población donde la civilización estaba en retroceso y las manifestaciones de orgullo tribal predominaban, no es de extrañar que los Francos pudieran ser vistos como un poder hostil, un grupo de invasores, especialmente si la presencia de los francos en Vasconia era inconsentida. Algunos jefes pudieron ver amenazada su autoridad y por ello se entenderían más fácilmente con Teudigiselo. Estas TRIBUS, cuyos orígenes celtíco-bereberes les hacía diferentes a los invasores tanto Francos como Visigodos, se aprovechaban en el Pirineo de los despojos en las luchas entre unos y otros. 3) Finalmente, los grandes propietarios seguramente podían esperar más concesiones de un poder visigodo aparentemente a la defensiva (que era atacado en su propio territorio por los Francos) que de los francos, que parecían muy poderosos y se atrevían a invadir el territorio de los visigodos. A juicio de los vascones los visigodos aun mantenían su debilidad en relación a los Francos, y el hecho de rechazar una expedición podía ser considerado como una victoria parcial, pero dentro de cada reino los Francos debían ser considerados aun más poderosos, y por tanto menos predispuestos a efectuar concesiones políticas o económicas a los jefes y grandes propietarios vascones. De no haberse producido la inversión de alianzas ¿Cabe imaginar a los contingentes visigodos no muy numerosos adentrándose en los valles Pirenaicos para bloquearlos, expuestos a la hostilidad de los indígenas, en tal caso aliados de los francos?. Y si los contingentes visigodos hubieran sido numerosos, y hubieran podido bloquear los pasos y mantener a raya a los vascones de la zona, ¿No habrían facilitado los vascones el paso por las montañas a través de senderos que sin duda los pobladores de la zona conocían y que no podían conocer ni los francos ni los visigodos?. Si los vascones no hubieran apoyado a los visigodos, y hubieran estado en buenas relaciones con los francos, estos hubieran podido sin duda regresar sanos y salvos a Francia. La posibilidad de que los vascones no hubieran tomado partido por ningún bando parece problemática. Es inimaginable suponer a los ejércitos de Francos y Visigodos, desarrollando su enfrentamiento en territorio vascón, sin que los feroces vascones, o al menos parte de ellos, tomaran parte en la lucha. No debe de olvidarse que los VASCONES eran la suma de Celtas y tribus navarras ibero-bereberes (Barskunes del Ager navarro) siempre sometidos hasta entonces a los romanos. Los francos en retirada, tal vez divididos en diversas columnas, podían se un blanco fácil para contingentes guerrilleros vascones; los visigodos, divididos en los diversos valles, en zonas agrestes que desconocían, podían ser fácilmente sorprendidos por los montañeses, conocedores del terreno y hábiles en los ataques por sorpresa. Los mismos caballos, armas, carruajes, materiales, eran una gran tentación para los vascones, , e incluso pudieron servir de reclamo negociador para Teudigiselo. La tesis de la neutralidad vascona no obstante, si bien es poco probable, es defendible, pues hay que suponer que para los vascones montañeses salvajes debía ser difícil distinguir entre un franco y un godo; no obstante la neutralidad sería contradictoria con toda la tradición pasada, en la cual los vascones, o parte de ellos, estuvieron en alguno de los bandos que combatieron en las diversas épocas. Lo más probable es suponer una alianza de Teudigiselo con varios jefes vascones (bien jefes de grupos, es decir Consejos de Ancianos, o bien Jefes de guerra liderando alguna partida), entre ellos alguno de poderoso que pudiera arrastrar a otros. Es muy posible que la alianza de Teudigiselo se tramara en Pamplona, donde por su condición de centro comarcal, debían concentrarse los últimos restos de civilización colectiva; las autoridades locales de Pamplona, que seguramente seguían conservado su estructura derivada del Bajo Imperio Romano, actuarían como mediadoras. Teudigiselo tendría la habilidad de prometer a cada uno aquello que deseaba, y si tal fue el caso, su actuación en la crisis de la invasión franca del 541, pudo haber iniciado un principio de vinculación entre el pueblo de los vascones y el Reino Visigodo. Apenas unos años después, a la muerte del rey visigodo Teudis el 548, la nobleza visigoda llevó al trono a Teudigiselo, seguramente aun aureolado por su victoria del 541. El general y ahora rey debía conservar sus buenas relaciones con los vascones, especialmente si, como es de suponer, había cumplido estrictamente la palabra dada, y había concedido a los vascones lo convenido. Seguramente los grandes y medianos propietarios vascones, más romanizados, y los círculos dirigentes de Pamplona y quizás de otras ciudades, tenían puestas sus esperanzas en el general para establecer poco a poco la dominación visigoda en territorio vascón. La designación como rey podía haber acelerado el proceso, pues los vascones hubieran confiado en la palabra de Teudigiselo, que, como rey, no podía ser ya contradecida. Pero Teudigiselo fue asesinado, probablemente en Sevilla, durante un banquete, y cuando seguramente estaba ebrio. Parece que las causas de su asesinato fueron personales y no políticas. Su muerte puso fin a la posibilidad de integración voluntaria y rápida del territorio vascón en los dominios visigodos. Era difícil que los propietarios y jefes vascones confiaran en otro noble visigodo, especialmente si pertenecía a la tendencia nobiliaria rival de Teudigiselo. Todo el camino laboriosamente trabajado tenía que volver a iniciarse. Después del 541 los vascones volvieron a iniciar ataques hacia el Sudoeste de Aquitania (Novempopulania, territorio FRANCO), y el botín obtenido aportaría una momentánea riqueza. Parece ser que tampoco cesaron las correrías por la zona del Valle del Ebro. Seguramente cuando el 549 fue asesinado Teudigiselo, la situación social de los vascones no había evolucionado mucho, pero tal vez la situación política era menos optima que en el 541 para favorecer una sumisión a los visigodos a cualquier precio. Los despojos de los ejércitos francos el 541 y de los saqueos en Aquitania y el Ebro (542-548) enriquecieron a muchos, y evidentemente los grandes propietarios percibieron indirectamente sus beneficios. Se diría que, aunque seguían siendo partidarios de un gobierno estable, el episodio de la negociación con Teudigiselo les había hecho comprender que podían obtener concesiones y beneficios, y que por tanto no era urgente la sumisión a un poder hasta no haber negociado en buenas condiciones. De hecho parece ser que después del 549, las correrías de vascones por el Ebro se hicieron más importantes, tal vez no en cantidad pero si en calidad: las partidas eran más numerosas, mejor preparadas y armadas, y más audaces. Se cree que los grandes jefes vascones se confederaron (seguramente a raíz de los hechos del 541) y se formaron grupos importantes y activos. Seguramente se constituyeron básicamente para combatir contra los francos (¿al Norte de los Pirineos?) pero también a los visigodos en el Sur, en el Valle del Ebro . La mejoría de la situación económica posterior al 541, derivada de la suma de unos SAQUEOS de cierta importancia (en todo caso superiores a los llevados a cabo hasta entonces, especialmente en los bienes que pudieron ser arrebatados a los derrotados soldados francos en retirada, que sin duda abarcaban a los numerosos carruajes de transporte bien provistos de bienes escasos en Vasconia), aunque debió afectar a buena parte de la población (los aldeanos del Sur y los montañeses del Oeste ya estaban más beneficiados a la hora de los saqueos al operar en la zona del Valle del Ebro, más rica que otras; los montañeses del Norte y los aldeanos de la Navarra Media se beneficiaron tanto de los despojos del ejercito de los francos, como de posteriores asaltos a las haciendas de AQUITANIA; solo los montañeses del Oeste que operaban hacia el Occidente de la Tarraconense, zona notablemente más pobre, no participaron del aumento de riqueza general) no tenía consistencia. No estaba basada en una mejora de la productividad individual y de las explotaciones agrícolas. Las grandes explotaciones mantuvieron su ritmo de producción muy débil, mientras la productividad de los campesinos individuales amenguó al participar cada vez más en las incursiones. La falta de excedentes agrícolas obligaba a nuevas correrías. Aunque podemos decir que en conjunto aumento la riqueza al aportarse bienes exteriores, la riqueza agrícola tendió a una disminución, mientras que la actividad ganadera se mantendría aproximadamente en sus niveles anteriores. Seguramente la actividad ganadera se había convertido en la principal en todo el territorio bajo control de los vascones, sometidos a los GODOS, habiendo desaparecido la agricultura organizada salvo en casos aislados. La posibilidad de desarrollar la actividad ganadera con menos mano de obra (lo que permitía a las familias destinar mas miembros a la participación en las incursiones) conjuntada con las numerosas cabezas de ganado que procedían de los saqueos, hizo que la agricultura se convirtiera en una actividad secundaria, sin que apenas existieran aldeas, ciudades o haciendas donde constituyera la actividad principal. El enriquecimiento propiciado por los saqueos, especialmente los de los últimos años, pudo tener un efecto decisivo para cambiar totalmente la composición social del grupo de los grandes y medianos propietarios, y en general magnates. |
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Navarra hasta el 905 Coincidió el momento con una gran inestabilidad en el Reino Visigodo. Al asesinato de Teudigiselo el 549, siguió la derrota de Agila en Córdoba el 550, la rebelión (probablemente triunfal) de Atanagildo el 551, la invasión bizantina del 552, la guerra civil de 553 y 554, el asesinato de Agila el 555, la guerra con Bizancio, que debió durar entre el 555 y el 564, la posible rebelión de Sevilla (o su ocupación por Córdoba) el 565, la campaña contra Sevilla y Córdoba, el 566 y 567, el interregno del 567 al 568, la guerra contra los francos en Provenza el 569, la guerra contra Bizancio del 570 al 572, y contra Córdoba el 572, contra el campo cordobés el 572 o 573, la campaña en Sabaria, el territorio de los Sappi y el distrito de Asturica el 573, la conquista de Cantabria el 574, la conquista del señorío de Aspidius el 575, la guerra con los Suevos el 576 y la guerra contra los campesinos rebeldes de la Oróspeda occidental el 577. Es decir entre el 550 y el 577 ningún soberano tuvo posibilidad de ocuparse de los vascones porque estaba ocupado en otros asuntos militares. El hecho de que se establecieran fortalezas en la zona de Cantabria y Beronia que impidieron los ataques de los vascones de la depresión vasca a la zona, obligaba seguramente a estos, ocasionalmente, a participar en los saqueos hacia otros puntos tanto al Sur como al Norte. Los saqueos cada vez eran más audaces y se llevaban a cabo con mayor numero de combatientes. Los ataques eran rápidos y por sorpresa, retirándose con el botín, aunque raramente debían ocuparse ciudades. Como cada vez había más participantes la zona afectada fue ampliándose y abarcaba a todo el actual Aragón al menos en su parte al Norte del Ebro, pero sin duda también al Sur, y seguramente alcanzaron en alguna ocasión Catalunya. El 578 Leovigildo había pacificado el Reino y conquistado las partes de la Península que se le oponían o no le pertenecían. Solo el territorio vascón escapaba a su control. Sin duda los visigodos consideraban a los vascones como meros rebeldes. No eran peligrosos políticamente pues no tenían capacidad militar para derrotar al ejercito visigodo ni para imponer un candidato al trono, ni siquiera para tomar ciudades amuralladas, pero sus depredaciones en las grandes y medianas haciendas de una zona muy extensa eran molestas. Los caminos eran inseguros y ello dificultaba el comercio, y las perdidas que se producían eran importantes y provocaban descensos de la recaudación y presiones de los afectados a la corte. Hacia el 578 o 579 pudo fundarse Recópolis, que podía estar pensada como un punto clave desde donde organizar la conquista del territorio vascón. En todo caso Leovigildo no destinó este año ni el siguiente a combatir a los vascones, pero es muy posible que su Comes Exercitus y los Thiufadi iniciaran una penetración o expediciones de tanteo hacia la zona. A finales del 579 debió rebelarse Hermenegildo. Los jefes tribales vascones debían sentirse amenazados; su enemigo se había fortalecido, y tal vez estaba en disposición de penetrar en tierras vasconas; tal vez algunas partidas fueron derrotadas en 578, 579 y 580. En el 580 la noticia de la rebelión de Hermenegildo sería conocida en Vasconia. Aunque en este año el rey no pudo tomar ninguna iniciativa militar porque se ocupó de cuestiones políticas y religiosas (un Sínodo arriano celebrado este año pudo intentar contrarrestar las tendencias católicas de Hermenegildo), los vascones conocían los preparativos que se hacían contra ellos. Seguramente esperaban un ataque en cuanto la rebelión acabara. Bien para contrarrestar este ataque, bien para aprovechar sus últimas oportunidades, o bien suponiendo que los visigodos iban a desangrarse en una guerra civil (las conversaciones entre el rey y su hijo rebelde fracasaron), lo cierto es que se produjo una gran coalición nacional militar vascona que llevo a efecto la gran expedición del 581, de la que se ha hablado al tratar el reinado de Leovigildo. Consecuencia de la expedición, fue que Leovigildo, en vez de combatir a su hijo, como seguramente se esperaba en Vasconia, marchó contra las partidas que salieron de este territorio, destrozó a algunas y obligó a otras a refugiarse en las montañas, y pudo OCUPAR fácilmente buena parte del territorio vascón, concretamente la parte llana, las ciudades, la Navarra Media y los pasos pirenaicos, dejando a los vascones las montañas del Oeste y Norte de Navarra, donde el ejercito visigodo no podía operar y donde las salvajes o asilvestradas tribus vasconas, conocedores del terreno podían ocultarse, así como la zona de la actual País Vasco (Guipúzcoa, Vizcaya y Alava), territorio de extrema pobreza, la ocupación total y permanente de los cuales hubiera requerido el uso de muchos miles de soldados. La ocupación de Pamplona, como en ocasiones anteriores, debió producirse sin resistencia. Probablemente los guerreros habían participado en la gran expedición y ahora estaban refugiados en los montes; el estado de defensa de las murallas es incierto; y en general los vascones no se enfrentaban abiertamente a un enemigo al que no podían vencer, pues llegado el caso rehuían el combate y dejaban las ciudades en manos del enemigo. Las autoridades locales representaban probablemente una tendencia menos tribal y salvaje que otros jefes locales, y pudieron aceptar con facilidad la dominación de los visigodos, que comportaba el establecimiento de una guarnición y seguramente las autoridades locales visigodas correspondientes: el conde y su vicario y el juez local y su sayo, para las cuestiones de justicia. Aunque se cree que los soldados, en sus conflictos con los “romanos” podían ser juzgados por los tribunales de la población romana (o sea vasco-romana) es muy dudoso que funcionaran tribunales de justicia organizados en Vasconia, y la presencia de los cargos visigodos sería necesaria. Para las cuestiones militares, el conde asumiría el mando de la guarnición, de la cual formarían parte un numero indeterminado de soldados godos (tal vez doscientos) junto al Thiufadi, algún centenario y varios decanus. Habría además otros funcionarios: recaudadores de impuestos (numerarios, compulsores, discusores, retentadores), agentes de tierras que pasaron al patrimonio real (conductores y procuradores), un obispo arriano, y su correspondiente clero, y unas decenas de personajes diversos. |
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El gobierno y los tribunales romanos desaparecieron junto con su cultura, conformando el nuevo gobierno bandas de tribus guerreras.
Así, un líder poderoso se rodeaba de guerreros leales a los que pagaba con el botín de las invasiones. La ley tribal, fundamentada en el combate o en el juramento, reemplazó a la ley romana. Surgieron gradualmente pequeños reinos basados en pactos tribales. Pero gobernar no resultaba fácil debido a la carencia de funcionarios letrados, a la pobreza de las comunicaciones, al estancamiento del comercio y a la escasez de dinero en circulación. La gente sobrevivía gracias a una agricultura de subsistencia. La vida era dura, breve y brutal. La media de esperanza de vida era de 30 años, sesgada por una alta tasa de mortalidad en la población infantil y femenina, esta última debida a las dificultades de los partos. Al comienzo de la Edad Oscura, la lista de potencias europeas se distribuía del siguiente modo: * FRANCOS: ocupaban la mayor parte de la actual Francia y partes de Alemania a lo largo del Rin. * OSTROGODOS: el norte de Italia, Suiza y los Balcanes * VISIGODOS: España y Portugal. * VÁNDALOS: noroeste de África, Sicilia y el sur de Italia * Distintas tribus germanas entre ellas los sajones y lombardos * ANGLOSAJONES: Inglaterra. * CELTAS: Gales, Irlanda, Escocia y Britania. * MAGIARES: Hungría. * ESLAVOS: Polonia y el oeste de Rusia. * BIZANTINOS: Turquía, Palestina, Egipto, Siria y gran parte de los Balcanes, incluida Grecia Durante los siglos posteriores, la lista sufrió las siguientes modificaciones: * Vándalos: derrotados y sustituidos por los bizantinos. * Visigodos: derrotados y sustituidos por los francos en Francia y por los musulmanes en España y Portugal. * Ostrogodos: atacados y finalmente absorbidos por los lombardos (Italia) y bizantinos (los Balcanes). http://www.el-espacio.de/tellagorri/ Úlima edición por tellagorri fecha: 21/dic/05 a las 00:12. |
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La administración visigoda en Navarra se extendió a casi todo el territorio, probablemente delimitado por Iaca (Jaca) al Norte, Pamplona en el centro, y el río Ebro al Sur.
De las antiguas ciudades romanas, excluidas las mansiones, algunas habían quedado despobladas o habían perdido su importancia y se habían convertido en pequeñas aldeas. Solo en Calagurris y Cascantum, primero, y después en Pamplona, se localizan obispados, y las dos primeras se sitúan al Sur del Ebro. Algunas ciudades del Valle del Ebro (Vareia, Calagurris, Curnonium, Ergavia y Graccuris), del centro y Oeste (Andelos, Tarraga y Araceli) y del Este del país (Iluberri, Cara) debieron subsistir, aunque habían perdido su importancia y debían depender administrativamente de otras ciudades (tal vez Tarazona, donde sabemos que había Obispo, las de la zona del Valle del Ebro; las demás dependerían de Pamplona, o estarían en poder de los vascones libres). Al Este se situaban Iaca y Seguia, cuyo carácter vascón estaba en regresión. Ya hemos visto las incursiones que realizaban los vascones, enumerándolas y comentándolas detalladamente. A pesar de ello la pobreza estaba muy extendida. En la década entre el 680 y el 690 se produjo una hambruna en Hispania, cuyas consecuencias en Navarra y Zona costera Vasca son desconocidas, pero, dado que los vascones vivían en parte de los saqueos de otras tierras, no sería de extrañar que la falta de botín se dejara sentir de forma importante y acelerara la degradación de las condiciones de vida. Es posible también que el hambre empujara a miles de esclavos a la huida (ya hemos mencionado que a en los últimos años del siglo VII las huidas de esclavos parecen haber aumentado, y hasta podrían haberse generalizado) y que algunos de ellos se escondieran en tierras vasconas, contribuyendo al empeoramiento de la situación económica. La mayoría de las tribus vasconas pudieron incrementar su composición numérica, aumentado su poder a nivel local, y derivando hacia la unión con otras tribus, aunque siempre en forma insuficiente para poder hacer frente con éxito a la maquinaria bélica del enemigo. Hemos visto como, tras el destronamiento de Wamba, su sucesor Ervigio, inició una política de concesiones a la nobleza y a los obispos. Para dar satisfacción a la nobleza de las provincias Tarraconense(de la que dependían vascones y navarros) y Narbonense, que habían apoyado la rebelión de Paulus, muchos magnates que tomaron parte en la revuelta fueron rehabilitados y restablecidos en sus cargos y posesiones. Además se rehabilitó a otros rebeldes, desde los tiempos de Chintila, buena parte de los cuales parecen haber tenido sus raíces en las citadas provincias (pues en ellas habían actuado básicamente los refugae) Seguramente estas dos provincias apoyaron a Ervigio. La situación cambio con su sucesor Egica, yerno de Ervigio, pero presunto sobrino de Wamba, que fue contrario a los intereses de los magnates que habían apoyado a su suegro, y rehabilitó a los que se habían opuesto a éste (probablemente nobles que en su día apoyaron a Wamba), devolviéndoles sus bienes. Los nobles que habían participado en el destronamiento de Wamba (presuntamente los que luego apoyaron a Ervigio) fueron expropiados, aunque la medida no parece haber afectado esencialmente a los nobles rehabilitados seguidores de Paulus o miembros del grupo de los Refugae. Se supone que fueron los seguidores de Ervigio quienes, de acuerdo con el arzobispo de Toledo Siseberto, llevaron a cabo el golpe de estado que llevó al trono a Sunifredo, un noble palatino; pero los conjurados planeaban el asesinato del rey, y no pudieron llevarlo a cabo; aunque debieron dominar algún tiempo Toledo, fueron vencidos y castigados (Siseberto fue secularizado y excomulgado y enviado al destierro, y sus bienes fueron confiscados; otros conspiradores fueron destituidos y excomulgados, y sus bienes igualmente confiscados, convirtiéndose muchos de ellos en esclavos del Tesoro). Se cree que, a pesar de haber preservado a los nobles rehabilitados por Ervigio de represalias, Egica no tuvo el pleno apoyo de las provincias Narbonense y Tarraconense; los obispos de la Narbonense no se desplazaron al XVI Concilio toledano, hecho que se ha interpretado a menudo como un síntoma de sorda hostilidad, al menos del clero; pero lo cierto es que la razón alegada para la ausencia, una epidemia, no fue una mera excusa, pues tal epidemia existió y costo la vida a miles de personas. Seguramente ambas provincias hubieran preferido a Ervigio, pero cualquier desafección a Egica debía deberse más a un incipiente regionalismo que a una hostilidad directa al rey. En todo caso, su hijo y sucesor, Vitiza, perdonó a los desterrados por su padre devolviéndoles sus bienes, y obtuvo a cambio el apoyo mayoritario de todo el reino, y en especial de las dos provincias. Sabemos que la Tarraconense y la Narbonense (provincias romanas, ahora visigodas) apoyaron a Vitiza y a sus hijos. A falta de testimonios contemporáneos hemos de convenir en que los apoyos del los reyes no están claros, pero vemos en el cuadro que sigue, que aunque Egica (fundador de la dinastía vitiziana) hubiera tenido la oposición inicial de las dos provincias (lo cual no es seguro), las asperezas quedaron limadas con su hijo y sucesor Vitiza, quien parece haber conseguido el apoyo general del reino. Al final de su reinado la oposición a Vitiza surge del Sur, haciendo pensar que, en un movimiento pendular, Vitiza se había decantado hacia las provincias nororientales, quizás para compensar los errores de su padre o quizás porque de ellas recibía mayores apoyos, mientras en otras provincias su entusiasmo se fue apagando. Es evidente que surgieron nuevos opositores, pero las causas del descontento no han llegado hasta nosotros. A falta de informaciones contemporáneas, se ha especulado con los motivos del surgimiento de una nueva facción nobiliaria opuesta al rey: a) Vitiza asoció al trono a su hijo Aquila, lo que quizás desagradó a los nobles, a quienes podía no gustar el príncipe, o podían desear elegir otro rey. b) Posibles persecuciones a algunos nobles, por oscuras causas. c) Posible relajamiento de las normas contra los judíos. d) Enfrentamiento con el dux de la Bética Teudefredo, por causas inciertas. En primer lugar no está clara la fecha de la muerte de Vitiza. Sabemos que había muerto el 710, pero es difícil situar su muerte, pues de los datos que se poseen pudo haber ocurrido entre el 708 y el 710. La causa de la muerte tampoco está clara, pues según algunas informaciones murió de muerte natural, mientras que según otras fue asesinado por algunos nobles, logrando huir su hijo Aquila hacia la Tarraconense, donde tenía muchos partidarios. Parece que la Tarraconense, la Narbonense y tal vez Galicia (de donde Vitiza había sido dux cuando estaba asociado al trono de su padre) se decantaron por el príncipe. La Bética y Lusitania se decantaron por los sublevados, que dominaban además en Toledo, y que debieron lograr imponerse en toda la Cartaginense. Los rebeldes proclamaron rey a Roderik, presunto dux de la Bética. El usurpador reunió un ejército para combatir a su rival, y a finales del 710, o más probablemente en la primavera del 711 se encontraba combatiendo en la zona del Valle del Ebro, asegurándose incluso que estaba sitiando PAMPLONA, en tal caso seguramente después de someter Zaragoza. Un desarrollo lógico sugiere la siguiente secuencia de hechos: hacia el 708 Vitiza asoció al trono a su hijo Aquila, cosa que desagradó a una parte de los nobles. Los opositores, como se había hecho en ocasiones anteriores, buscaron el apoyo externo para tomar el poder. Uno de los principales conjurados, RODRIGO, que debía ser dux de la Bética, se alió a los árabes que estaban a las puertas de Ceuta, ciudad bajo soberanía visigoda pero gobernada por un jefe local beréber llamado Olbán o Urbán (conocido en la historia como el conde Don Julián), al que Vitiza proveía de lo necesario para hacer frente a los árabes. Rodrigo, según era costumbre, prometió al caudillo musulmán del Magreb una parte del tesoro visigodo si le ayudaban a colocarse en el trono. |
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#6
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El clero y la nobleza vitiziana se encontraron dueños de Toledo y proclamaron rey a Aquila (aunque parece que éste no acudió a la ciudad), mientras, seguramente en Mérida, los nobles rodriguistas (en el supuesto de la muerte del rey) proclamaron a un nuevo soberano, que aparentemente no llegó a ser consagrado .
El líder de la resistencia en Lusitania, bien fuera Rodrigo o su sucesor desconocido, debió morir en un combate contra Musa, el superior jerárquico de Tarik, a fines del 712 o en el 713. Tras la batalla de La Janda (conocida como batalla del Guadalete) los vitizianos entraron en contacto con los árabes, directamente o a través de Olbán. Anteriormente Aquila(el rey godo) habría buscado el apoyo de Francos, Aquitanos o Vascones, pues los árabes eran los aliados de su rival. Pero ahora las tornas habían cambiado. Sin duda los vitizianos esperaban que una vez con Aquila en el trono, regresarían a Africa, a cambio, evidentemente, de alguna compensación material. Tarik pudo entrar en Toledo donde el hermano de Vitiza, Oppas, ya se encontraba, y que hay que suponer dominada por su facción. Seguramente Tarik entraba en la ciudad (711) fingiéndose un aliado de Aquila, al que se suponía iba a proclamar, y del que sus fuerzas se esperaba que servirían para combatir a los rodriguistas rebeldes (si la ciudad seguía en manos de Rodrigo, difícilmente hubiera podido fingirse aliado de éste para combatir a Aquila, después de que Rodrigo hubiera llamado a un ejército de resistencia nacional). Es evidente que la alianza de Rodrigo y los árabes se había roto, pues de no haber sido así no se habría dado la batalla de La Janda( Guadalete). Por tanto es impensable que Toledo le esperara para combatir a los vitizianos pues en el 711 debía saberse que Tarik no favorecía al partido rodriguista. En cambio, Tarik, una vez en la ciudad, traiciono a sus supuestos aliados, seguramente por la ambición de apoderarse de todo el tesoro real godo. La toma del poder por los vitizianos en Toledo debió producirse por tanto en Julio del 711, cuando la mayoría de los nobles rodriguistas salieron hacia la Bética, y los vitizianos y el clero aprovecharon la situación. ¿Que sabemos con exactitud?. Emisarios de un partido visigodo se dirigieron al gobernador árabe del Magreb para pedirle ayuda. Pero ignoramos si se trataba de los rodriguistas o de los vitizianos. La tradición presenta a Rodrigo como el defensor de la fe y de la patria, y acusa a Vitiza, con una base de poder periférica, de apoyar a los judíos, tolerar el paganismo y pactar con el enemigo extranjero. Pero nada apoya estas tesis. Rodrigo en su día fue considerado un usurpador por el clero y el reinado de Vitiza fue considerado una época de prosperidad y bondad. Como la demanda de ayuda fue hecha hacia el 709 es más probable que fueran los rodriguistas quienes pidieran apoyo a los árabes, pues en tal año se supone a los vitizianos en el poder. El hecho de que fuerzas de ambos partidos estuvieran presentes en la batalla decisiva del 711 no permite ser concluyente. Cabe la posibilidad de que Rodrigo ya hubiera llegado al poder el 709 y que fuera Aquila quien pidiera el apoyo árabe en este mismo año, aunque siendo la base de su poder las provincias nororientales no deja de ser sorprendente que acudiera a buscar aliados tan lejanos. El gobernador árabe del Magreb, Musa, consultó el tema con el califa omeya Al Wal§d, quien según la tradición contestó: “guárdate de arriesgar a los musulmanes a través de los peligros de un mar de violentas tempestades”. A pesar de la supuesta respuesta del Califa, Musa desobedeció. ¿Que pudo impulsarle a una actitud tan sorprendente, dada la época y el rango de su soberano?. Solamente la tentación del tesoro real visigodo (una parte del cual le fue prometido por los emisarios godos) pudo ser un anzuelo suficiente que le impulsara a actuar por su cuenta contra las ordenes del Califa. En Julio del 710 una reducida expedición al mando de un oficial beréber, cruzó el Estrecho. Se acusa al gobernador ceutí Olbán o Julián, aliado de Vitiza, de haber favorecido el paso, para ayudar a Vitiza o a su hijo a combatir la rebelión de Rodrigo. Pero el hecho de que fueran muy pocas naves las que efectuaron la incursión no permite sacar conclusiones definitivas, pues Ceuta, que debía estar en contacto con los visigodos, debían tener a su disposición bastantes naves para asegurar los suministros, con las cuales las fuerzas musulmanas hubieran podido cruzar el Estrecho y asegurar el triunfo de su protegido. A pesar del escaso número de fuerzas desembarcadas, éstas pudieron tener un efecto decisivo, pues poco después ya encontramos a Rodrigo en el trono. Acaso al conocerse la noticia de un desembarco de fuerzas árabes los nobles que apoyaban a Vitiza le abandonaron (como había ocurrido en ocasión de la rebelión de Sisenando años antes) y murió asesinado (o de muerte natural). ¿Acaso Vitiza fue derrocado aprovechando la confusión que debió seguir a la noticia del desembarco?. Pero en primer lugar aun habría que preguntarse ¿Era rey todavía Vitiza?. Tal vez ya había muerto y reinaba Rodrigo y efectivamente los árabes acudían en apoyo de Aquila, y contaban con la ayuda de Olbán. Si tal es el caso ¿por qué no consta que Rodrigo reinara en Toledo antes de fines del 710?. Tampoco consta que reinara Aquila, por lo cual hay que suponer que aun seguía reinando Vitiza, pero ello no es muy seguro. Aun cabe hacer otra pregunta. Si los musulmanes que cruzaron el Estrecho lo hacían en apoyo de Rodrigo ¿Traicionó en tal caso Olbán(conde Don Julián) a Vitiza o Aquila, al contrario de lo que tradicionalmente se supone?. Los enigmas que plantea la situación son, como se ve, numerosos, y por ahorra irresolubles. A finales del 710 Musa fue informado de que era fácil cruzar el Estrecho, y envió a su liberto Tarik o Tarif, valí de Tánger, al mando de una nueva expedición. Se reunieron tropas entre la tribu beréber cristiana de los gomeras, y el gobernador de Ceuta, Olbán o Julián, tal vez por las razones antes expuestas, prometió paso franco. ¿Acudían los árabes en ayuda de Rodrigo, que llegó al trono por los mismos días?. Es posible que Olbán enterado de la ayuda que los musulmanes iban a prestar a Rodrigo, cambiara de bando, y ofreciera su apoyo a cambio de conservar el gobierno, pero parece más probable que Olbán siguiera leal a Aquila, y que ya se conociera el triunfo de Rodrigo en Toledo. En tal caso hay que pensar en que los árabes acudían en ayuda de Aquila ¿Había sido siempre así? ¿Se había producido un nuevo ofrecimiento del partido vitiziano? ¿Se había producido una rotura entre los árabes y los rodriguistas?. Musa jugó con las palabras del Califa para poder alegar que no había desobediencia: puesto que le prohibía involucrar a musulmanes en el cruce del Estrecho, confiaba la tarea a beréberes cristianos. Por otra parte podía comunicar que el mar de las violentas tempestades podía ser cruzado sin peligro. La flota africana llego en la primavera del 711 a un promontorio que Tarik llamó Djebel Tarik (Monte de Tarik) y que actualmente se llama Gibraltar, y estableció su base en la actual Algeciras. ¿Sabían que Rodrigo ocupaba el trono?. Aunque pueda suponerse que no, no deja de ser sorprendente que estuvieran tan mal informados. No obstante se supone que, puesto que Rodrigo, aunque ya gobernaba en Toledo, no había consolidado su posición, se había abstenido de notificar ningún cambio, y esperaba la ayuda musulmana para dar el golpe definitivo a su enemigo. Tarik disponía de siete mil hombres, pero enterado de la situación solicitó refuerzos. Musa no tardó en enviarle otros cinco mil beréberes. El choque entre ambos ejércitos tuvo lugar entre el 19 y el 26 de Julio en la Laguna de la Janda. Las primeras escaramuzas se dieron el 19 de Julio, y los combates, con algunas treguas, siguieron hasta el día 26 de Julio. Parece ser que en un determinado momento los vitizianos cambiaron de bando, lo que debería atribuirse a una promesa de Tarik de apoyar su causa, o a la intervención de un noble vitiziano en el que confiaran (seguramente Olbán) que aseguró el apoyo de Musa al bando de Aquila. La defección de los vitizianos provocó la derrota rodriguista, y la muerte de la mayoría de los nobles. Tarik actuó entonces inesperadamente. Los rodriguistas huían, y era probable (o al menos así debía pensarlo Tarik) que se llevaran con ellos el tesoro real. Por tanto salió a marchas forzadas hacia Toledo, a donde llegó a finales de Julio, antes que los nobles rodriguistas. La ciudad por tanto aun no conocía la derrota. Parece probable que una revuelta o conjura local hubiera permitido a los vitizianos tomar el control de la ciudad, pero los rodriguistas debían ignorarlo. En todo caso Tarik llegó antes que ellos, y pudo entrar en la ciudad porque evidentemente se le abrieron las puertas al considerársele un aliado. |
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#7
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Una vez que el ejército de CARLOMAGNO ha pasado el territorio de los Vascones, los gobernadores musulmanes vienen de uno en uno ante el rey Carlos.
Se rinden a él sin combatir y lo cubren de regalos. Muy pronto el botín es enorme, pues Alandalus es el país más rico y moderno de Europa. Sulayman ha mantenido su promesa y los gobernadores de la región parecen obedecerle. El ejército sigue el curso del Ebro hasta Zaragoza, la ciudad más importante del norte de la península. Pero una vez ahí, una sorpresa espera a Carlos y su aliado Sulayman: ¡las puertas de Zaragoza están cerradas! Al Hussayn es el gobernador de Zaragoza. Es un héroe entre los suyos. Es también un enemigo del emir Abd al-Rahman, pero no tiene intención de entregar su ciudad a esos bárbaros. Zaragoza es una ciudad hermosa y rica que acoge a gentes de todas las religiones. Ahí se encuentran palacios lujosos, magníficas mezquitas, y sobre todo, unas murallas infranqueables. Los francos asedian la ciudad, pero pasan los meses sin que las defensas se debiliten. ¡Se acabaron los sueños de conquista en los que los caballeros francos se veían partiendo de un tajo a los infieles! El ejército franco vuelve hacia el Pirineo arrasándolo todo a su paso. Se incendian las campiñas, se saquean las ciudades. El rey Carlos manda derribar las murallas de Pamplona, la ciudad de los Vascones. A falta de Sarracenos, se ensaña con un pueblo de mayoría pagana, donde hay algunos cristianos y algunos musulmanes, pero en minoría. A penas podemos imaginar el espanto que invade a los habitantes de una pequeña ciudad que ven cómo cae sobre ellos un ejército hecho para conquistar toda la península. La matanza es inevitable. 15 de agosto de 778, el calor es agobiante. El ejército franco casi ha doblado de volumen y transporta un botín considerable. Carlos I cruza los puertos de los Pirineos a la cabeza de sus tropas. Pero detrás de él, los soldados sufren en las cornisas. Roldán y los grandes barones y sus tropas de élite viajan atrás, pues ahí es donde se encuentran el peligro y el honor cuando se está retrocediendo. De repente, el infierno cae sobre ellos. Los Vascones, apoyando al ejército moro de Zaragoza, atacan por todos los lados. En lugar de intentar invadir España, CARLOMAGNO establecerá una Marca Hispánica, un territorio tapón, precisamente en las tierras entregadas por Sulayman; este país será un día Cataluña y Aragón. Aconsejará a sus hijos y a sus generales evitar el país de los Vascones, los Pirineos, o no pasar por ahí sin extremar las precauciones. Sesenta años más tarde, los Francos seguirán recordando los nombres de los que cayeron en aquella batalla. Pero Roldán, un hombre del que no se sabe casi nada, se hará inmortal gracias a la literatura. Hoy en día, varios puertos, pasos o brechas llevan su nombre a lo largo de todo el Pirineo. |
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