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LAS CARLISTADAS./Causas.
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Viejo 22/ene/02, 19:07
tellagorri
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Predeterminado LAS CARLISTADAS./Causas.

LAS CARLISTADAS

EL CARLISMO Y LAS GUERRAS VASCAS

Sociología del carlismo.(siglo XIX)

El carlismo a lo largo de la historia va a cambiar de grupos sociales o de apoyo, es decir, de bases. En estos momentos está apoyado por medianos propietarios de tierras, hidalgos del norte de España. Estos propietarios medios estuvieron muy afectados por las reformas que hacen los reformistas ilustrados y los liberales, con lo que se convierten en antiliberales y tradicionalistas. Buena parte del clero del norte de España apoya al carlismo (ya que la iglesia es antiliberal en este momento), pero no toda la iglesia lo hace, solo algunos sacerdotes, etc. También apoyaron al carlismo militares medios con ansia de mando. Van a apoyar también al carlismo funcionarios depurados que apoyaban la monarquía absoluta. No eran solo las altas clases, sino que también apoyaban las clases medias y bajas.

Focos geográficos del carlismo.

Se pueden distinguir diferentes lugares, pero destaca sobre todo Navarra, donde empezó a estar la corte del pretendiente a la corona, Don Carlos. Allí estará apoyado por uno de los militares y promotores del carlismo Zumala Cárregui. El foco navarro se mantendrá a lo largo de toda la historia del carlismo. Tan importante como el navarro será el de toda la sierra del Maestrazgo (situado entre Castellón y Tarragona). Aquí aparecerá otro de los líderes del carlismo que será el general Cabrera. También tendrán su importancia como focos en las diferentes guerras Cataluña, el País Vasco y Galicia, pero habrá focos secundarios prácticamente en toda España, aunque arraigaron menos que en otras zonas.

Causas del carlismo.

En un primer instante parece una causa la legitimidad por la corona española. Los grupos carlistas estaban ya en época de Fernando VII y a lo largo de su historia no dudaron en cambiar de dinastía cuando les hacía falta. Los especialistas dicen que las causas del carlismo son dos fundamentalmente:
Una es una causa político-religiosa y otra es una causa social.

a) Las causas político-religiosas:

Ante todo el carlismo es antiliberal, en primer lugar por la cuestión religiosa, no entienden los carlistas las medidas contra la iglesia, por lo tanto subrayan sustancialmente la religiosidad, pero no cualquier religión, sino una religión tradicional (ultramontana). En segundo lugar dentro del antiliberalismo, subrayan las tradiciones, por lo tanto son tradicionalistas, porque todo el liberalismo proviene del extranjero y había que dar importancia a las tradiciones del país. En tercer lugar son antiliberales por el centralismo y frente a este ellos proponen unas leyes para cada región (foralismo). El foralismo no es una causa del carlismo, pero es uno de sus fundamentos.

b) Las causas sociales:

Las medidas liberalizadoras, primero del reformismo ilustrado de los borbones y luego de los liberales y las medidas para favorecer la incorporación de los jornaleros sin tierra al campo, van a afectar a estos grupos del norte que eran propietarios de tierras (hidalgos del norte), van a perder su capacidad adquisitiva frente a la burguesía que va a adquirir más importancia que ellos y además debido a estos cambios van a perder muchos elementos tradicionales (que servían para el dominio social)

La guerra carlista.

La guerra carlista aparece de una manera sorpresiva e inconexa. Cuando muere Fernando VII, en su testamento dejó como heredera a su hija Isabel II y de regente a su esposa Mª Cristina, ese mismo día se proclama rey por su propia cuenta el hermano de Fernando VII Don Carlos y surgen en esos focos (navarra, Galicia, etc.) levantamientos favorables a Don Carlos.

La guerra en un primer momento es una guerra de desgaste y resistencia, donde se luchaba por el día y se iba a dormir por la noche a casa. ( Prácticamente de guerrillas).

Esta primera fase de la guerra no servía para avanzar en el territorio, no había tropas ni ejércitos organizados, había una serie de líderes esporádicos que hacen esta guerra de desgaste. En una segunda fase se van a organizar los carlistas y van a formar un ejército, aunque no había coordinación en todos los focos geográficos, cada foco tenía su propio jefe. En esta segunda fase se establecen asedios a ciudades con lo que la guerra carlista entró en una nueva dinámica de tipo territorial.

En el año 1837 cuando los liberales subieron al poder de nuevo (del 34-37 los absolutistas) nombran un nuevo general que es el general Espartero. Éste utiliza una doble táctica en la lucha contra los ejércitos carlistas. Por un lado hace la guerra en los territorios carlistas y por otro lado establece negociaciones de paz con aquellos carlistas que cansados de la guerra querían la paz y para ello les ofrece mantener y respetar los fueros (navarros principalmente) y respetar en sus puestos a los militares carlistas. El principal general carlista Maroto acepta las condiciones de paz, asesina a los carlistas más intransigentes y en el año 1839 se produce el abrazo de Vergara. Con esto se produce el final de la primera guerra carlista.

......................

Pero esta guerra no era solamente dinástica sino que entroncaba con las profundas diferencias ideológicas entre absolutistas y liberales. Así la sublevación carlista no sólo tenía por objeto el acceso al trono de Carlos María Isidro, sino también defender la monarquía tradicional frente a la creciente influencia de los liberales. El apoyo de los liberales a Isabel II era un intento de evitar la subida al trono de un rey aún más reaccionario que Fernando VII.

Otros aspectos a tomar en consideración eran el religioso y el foralista. El triunfo de las tesis liberales suponía la pérdida de poder de la Iglesia y el establecimiento de un régimen político homogéneo que chocaba con los privilegios organizativos de determinadas partes de España (los fueros). Por eso la insurrección carlista triunfó el las zonas de España donde mayor era la influencia del clero y de los privilegios forales existentes o perdidos tras la Guerra de Sucesión Española (1700-1714).

El Carlismo era fuerte en Galicia, Navarra, las provincias vascas (salvo las capitales de las provincias, de tendencias liberales), algunas regiones de la antigua Corona de Aragón, como Cataluña y parte del propio Aragón y, ocasionalmente, en algunas zonas de Castilla y León.

La guerra se desarrolló en tres fases. La primera, que abarca entre 1833 y 1835, fue una fase en la que los carlistas llevaron la iniciativa de la mano del brillante general Zumalacárregui. Sin embargo en este periodo comenzaron a producirse discrepancias en ambos bandos. Los Carlistas empezaron a dividirse entre pactistas e intransigentes y los Isabelinos, a su vez, entre moderados y radicales.

Estas diferencias dentro de los dos bandos produjeron un estancamiento de la situación de la guerra. Los carlistas eran incapaces de extender la rebelión fuera de sus zonas y los isabelinos no podían sofocar la rebelión. En gran parte, el fracaso carlista se debió a la muerte de Zumalacárregui durante el sitio de Bilbao en 1835.

La tercera fase abarca de 1837 a 1840. En ella se produce un recrudecimiento de la influencia carlista en Aragón y Cataluña de la mano del general Cabrera, otro brillante militar. La guerra parecía no tener fin, pero dentro de cada bando comenzaron a tener preponderancia los elementos pactistas y moderados que lograron llegar a un acuerdo en el que se hacían mutuas concesiones, reconociendo los fueron sin perjuicio de la unidad constitucional. Con el denominado "Abrazo de Vergara" entre el General en Jefe carlista, Maroto, y el General liberal Espartero, se puso fin a la guerra en el norte pero la misma continuó en Cataluña hasta la definitiva derrota de Cabrera. La causa de la continuación de la insurrección carlista en Cataluña era el sentimiento de traición por el abrazo de Vergara, que consumaba el mantenimiento de los fueros en las provincias que aún los tenían, mientras las provincias que reclamaban su restablecimiento habían sido olvidadas.

El incumplimiento de las promesas liberales condujo a otras dos guerras carlistas. La segunda, de escasa importancia y duración, en la década de los 40 y la tercera, entre 1872 y 1876, que supuso el ocaso del


EL PERSONAJE

Cuando Fernando VII murió, don Carlos se-guía en Portugal. Lo curioso del caso es que el princi-pal razonamiento del absolutista don Carlos fuese la falta de consulta al pueblo (o sea, la aprobación por las Cortes) de la ley; y que el argumento en que se han de basar los crístinos liberales, será la validez de un acto de rey absoluto (aunque, como ya he dicho, más tarde fuera legitimado por las Cortes acudiendo a la jura de la princesa de Asturias).
Podemos estar seguros de que las guerras carlistas no fueron exclusivamente un pleito dinástico: se destapaba la regla de «las dos Españas». Entonces eran:
La que deseaba un rey absoluto sólo guiado por la mano de Dios (y de su representante, la Iglesia) y la que opinaba que nuestra nación debía progresar al ritmo de las libertades individuales y de las luces del siglo xxx. Quienes apoyaban a la primera fueron carlistas, pues don Carlos daba esa imagen. Los otros (liberales, cristinos o isabelinos), a la Regente doña María Cristina, que durante su gobierno interino ya dio la contraria.

Úlima edición por tellagorri fecha: 26/sep/05 a las 22:10.
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Viejo 22/ene/02, 19:07
tellagorri
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Predeterminado El Personaje.

EL INFANTE SE PROCLAMA REY


Fernando VII muere el 29 de septiembre de 1833. El 1 de octubre de ese mismo año, desde Abrantes (Por-tugal), el infante don Carlos dirige un manifiesto a la nación española, proclamándose rey Carlos V. Y el día 4, desde Santarem, dicta decretos proveyendo cargos para la gobernación del Reino. Entre otros, nombra al obispo de León, don Joaquín Abarca, «primer Secretario de Estado y del Despacho Universal». También escribió a su cuñada, la reiná María Cristina y a los demás miembros de la familia real y del gobierno invitándoles a que le reconocieran como rey.
Carlos V fue reconocido así inmediatamente por el rey Miguel de Portugal, y el de Nápoles, Fernando III. El resto de Europa se manifestó por Isabel II.
El 3 de octubre ya se produjo en España el primer y fracasado chispazo en favor del pretendiente. En Talavera de la Reina, el funcionario de Correos, Manuel González, lanzaba el grito de: Viva Carlos V
Rápidamente, él y sus pocos partidarios fueron sometidos y fusilados.
Pero el levantamiento se corrió a Bilbao, acaudillado por el marqués de Valde-Espina y el brigadier Zabala; a Vitoria, donde organizaron diez batallones con Valentín Verástegui y el brigadier Uranga; a la Rioja, con el general don Santos Ladrón; a Aragón, Cataluña, Valencia y ambas Castillas.
A los pocos días eran vencidos y desarmados todos los realistas. Tras estos primeros conatos, se castigó con la pena de muerte a todos los jefes apresados.
El Gobierno español de la reina Regente doña María Cristina (presidido entonces por Cea Bermúdez), ante el hecho indiscutible de que don Carlos, desde Portugal, impelía la simultaneidad y extensión de los brotes carlistas en aquel momento crítico, en que aún no se había hecho la proclamación de la reina Isabel, decidió cortar violentamente el peligro que lo amenazaba y publicó el Decreto de 17 de octubre, por el que se embargaban todos los bienes del infante don Carlos, adjudicándolos al Tesoro; conforme al dictamen del Consejo de Ministros que, sopesando las pruebas en su contra, declaraba haber incurrido don Carlos «en los crímenes de conspirador, de concitador de la rebelión, de perturbador de la paz del Reino y de pro-motor de la guerra civil, por lo que debían aplicársele a su persona y bienes y a las de sus parciales todas las penas dictadas contra los sediciosos y perturba-dores de la tranquilidad pública y tratársele como re-belde, con todo el rigor de las leyes, si llegaba a pisar el territorio de España>’.
Apenas conseguida una ligera tranquilidad, se procedió el 24 de octubre a la proclamación de Isabel II, lo que originó la protesta oficial de don Carlos y nuevos levantamientos en Vitoria y Bilbao, que fueron facilmente sometidos por el general Pedro Sarsfield.
Mientras las partidas carlistas se reorganizaban y aparecía entre ellas la figura de ZUMALACARREGUI.
Carlos entró por el Valle del Baztán (Navarra) entre el clamor de sus partidarios. Y desde alli lanzó su proclama :
“Voluntarios y soldados, vuestros sufrimientos, vuestras fatigas, vuestra constancia, vuestro amor y vuestra adhesión legitima a mi real pesona, son la admiración de todas las naciones que no saben cómo elogiar vuestra heroica conducta. Marchemos todos, y yo a vuestro frente, a la victoria: ella, si siempre me es dolorosa por ser sangre española la que se de-rrama, quiero conservarla y por lo mismo acojo desde luego bajo mi regio manto a los seducidos y engañados que dóciles a mi voz depusieren las armas; mas si, lo que no espero, hubiese alguno que insista en su ceguedad, será tratado como rebelde a mi real persona. Tan compasivo con los arrepentidos, seré ine-xorable con los contumaces.
Y vosotros, fieles y valientes guerreros, reuníos todos en derredor de vuestro caudillo, vuestro pa-dre. Reine entre vosotros la disciplina más severa, la más ciega obediencia a vuestros jefes; en ella está la fuerza y en la fuerza la victoria que Dios prepara a la justicia.
Generales, jefes y oficiales; voluntarios y soldados; estoy agradecido a vuestros servicios relevan-tes y no dudéis que sabrá premiaros vuesto rey,








LA CORTE DE CARLOS V


El pretendiente organizó su Corte con todo el boato que él creyó oportuno. En el transcurso de la guerra fue algo itinerante (Elizondo, Vergara, Tolosa, Estella...) según se requería por motivos de seguridad, pero siempre en el Norte. La componían sus consejeros y críticos de guerra (de salón) que más se podrían com-parar a los clásicos discutidores de los cafés madrile-ños que a un verdadero Estado Mayor.
Hacia mediados de mayo de 1835, del Consejo Privado de don Carlos surgió la idea de conquistar la pla-za de Bilbao a Tomás de Zumalakarregi que la ejecutse.
Éste, que fue quien había convertido en ejército de verdad a los desmandados voluntarios ue «iban siempre por su cuenta», que se esforzaba en las más audaces marchas y que derrochaba valor en los combates, no era muy apreciado en la Corte. Zumalacarregui tenía un plan para marchar sobre Madrid. Y el momento parecía propicio.
Pero, naturalmente, tuvo que obedecer las órdenes reales. Se le dijo que la toma de Bilbao consolidaría ante el extranjero la posición carlista y que, posiblemente, con ella se podría obtener un empréstito en el extranjero al presentar el dominio de tan magnífico puerto. ¿No hubiese sido de más aval la toma de Madrid?
El mejor general que tuvieron jamás los carlistas, disciplinado, puso manos a la obra y el 10 de junio Bilbao quedó sitiado; pero el asalto y el bombardeo de sus batallones no tenían éxito ante la defensa de la plaza, a cuyo mando estado el cristino conde de Mi-rasol.
Zumalacárregui procedió a estudiar el terreno desde el balcón de una casa contigua a la basílica de Begoña, con el propósito de modificar la colocación de sus baterías; en esta situación fue herido en una pierna por el rebote de una bala. Trasladado a reta-guardia y mal asistido por el curandero Petriquillo, se le declaró gangrena y murió a los pocos días (el 25).
El tío Tomás, como le llamaban cariñosamente sus soldados, dejaba a su viuda y sus tres hijas solamente catorce onzas de oro como herencia. Se le sustituyó por el general Eraso y se reforzó una segunda línea mandada por González Moreno.
Pero el 1 de julio las tropas cristinas de Espartero y de Latre batieron am-bos cordones y, haciendo huir a los carlistas, entra-ron en Bilbao entre las aclamaciones de júbilo de sus moradores.


Para que se vea el estilo rimbombante y despropor-cionado que empleaban los ministros de don Carlos en aquel período, en especial Arias Tejeiro, he aquí
el principio de las comunicaciones que el citado per-sonaje envió a las cortes extranjeras para cornunicarles el paso del Ebro por el conde de Negrí: «Díos ha concedido una nueva prueba de su divina protección a nuestro bien amado monarca, y nuestra g1oriosa generala la Virgen de los Dolores ha permitido que nuestro mariscal de campo, chambelán del rey, conde de Negrí, pasase hoy el Ebro.»

El marqués de Labrador, ilustre diplomático y adic-to a la causa de don Carlos, comentaba este despacho diciendo: «Yo deseo que los chambelanes, capellanes y abogados se limiten a ejercer las funciones propias de su cargo y que no se otorgue el Ministerio de la Guerra a abogados, ni el mando del ejército a cham-belanes de palacio.»
A fin de dar una idea de cómo era la Corte de Car-los y, se transcriben dos descripciones de ella debidas al príncipe Félix Lichnowsky en Recuerdos de la guerra carlista. El príncipe Lichnowsky tenía 23 años cuan-do se presentó por primera vez en el Cuartel Real. Era austríaco, pero había servido en el ejército prusiano. Este primer relato se sitúa en Andoain, villa situada en la carretera general que conduce de Bayona a Vitoria y a Madrid.

“Yo estaba, pues, allí, en esta pequeña camarilla, en presencia de los personajes más importantes de la Corte.
“Reconocí fácilmente al obispo de León por su há-bito morado y su cruz episcopal. Le entregué la car-ta de recomendación de que era portador. Me dijo que el Rey, advertido de mi llegada, me recibiría al día siguiente, después de la misa.
“Era la una: oía la música de las veinticuatro trom-petas de la guardia, tocando durante la comida del Rey, que, según el uso español, come siempre solo.
“El gentilhombre de servicio llama a la puerta de la cámara y anuncia: «Señor, la comida.»
“El Rey se dirige entonces al comedor, acompaña-do de su capellán encargado de decir el benedicite; este puesto estaba ocupado entonces por el célebre párroco de Los Arcos, don Juan Echeverría.
“Los criados subalternos traían los platos hasta la puertas donde los ayudas de cámara los tomaban y los entregaban a los gentilhombres ordinarios, los únicos que disfrutaban del privilegio de servir a la per-sona real.
“Los que tenían el rango de chambelán de entrada disfrutaban de la prerrogativa de ver comer al Rey.
“Habituado a la noble sencillez de las Cortes de Alemania, no podía yo mirar sin sorpresa esta tradi-ción viva de los usos españoles, sobre todo al verlos observados tan fielmente en una miserable choza o en medio del tumulto de los campamentos; mejor se los concebiría bajo las sombrías y majestuosas bó-vedas de El Escorial, donde su efecto sería más im-ponente, sin duda, aunque hay algunas cosas a las que los alemanes se acostumbrarían muy difícilmen-te; así, por ejemplo, vi en Andoain dos sujetos que llevaban galones de coronel y no eran más que ayu. das de cámara del Rey, pasar con sus platos en la mano, mientras que uno de sus gentilhombres no lle-vaba más que uniforme de capitán.
El ayuda de cámara del Infante don Sebastián después de haber acabado la toilette de su señor, ve-nía a sentarse a su mesa. A decir verdad, sólo ocupa-ba un extremo apartado. Era capitán de caballeros y llevaba el singular nombre de Conejo y Guisado, según el uso español que añade al apellido del padre el de la madre (...).

Al día siguiente de mi llegada a Andoain fui a la iglesia; el Rey, rodeado de un séquito numeroso, fue recibido a la puerta por el Cabildo. Su Majestad se colocó bajo un dosel, al lado del Evangelio.
“Se cantó una misa mayor con capilla; después del Evangelio, un monje franciscano, fray Domingo, predicador de la Corte, predicó en español. Después de él, otro eclesiástico repitió en lengua vasca su ser-món para los oyentes de esta nación; sermón que, según pude apreciar, estaba dirigido al Rey exclusivamente.

VIUDEZ Y BODA DE CARLOS V
Desde que don Carlos abandonó Inglaterra para ir a luchar, en junio de 1834, su esposa doña María Francisca, con sus tres hijos (Carlos Luis, Juan y Feman. do), su cuñada María Teresa (princesa de Beira) y al-gunos sirvientes y preceptores de los tres niños se instalaron en una casa de campo en Gospert, villa cer-cana a Portsmouth, pues Londres era demasiado caro y la familia pasaba apuros económicos.
El 28 de agosto de 1834 (a los 34 años de edad) mu-rió doña María Francisca de Asís. En aquellos momen-tos, los infantes Carlos Luis, Juan y Fernando tenían respectivamente 15, 13 y 11 años de edad. La princesa de Beira, María Teresa de Braganza, tal como prome-tió a su hermana en el lecho de muerte, recogió a los niños con la promesa de cuidarlos y no abandonarlos nunca.

En 1835 se trasladó con ellos a Salzburgo acompa-ñada de su hija política, la infanta doña Amelia, cuyo esposo, el infante don Sebastián, militaba en España junto a Carlos V.
A través de las cartas que se cruzaron Carlos V y su cuñada, se estableció un vínculo más estrecho todavía del que ya tenían.
El matrimonio de don Carlos con la princesa de Beira tuvo lugar en Salzburgo el 2 de febrero de 1838, por poderes que dio el rey carlista a su gentilhombre el marqués de Obando.
Después, queriendo los esposos ratificar personal-mente la boda en una iglesia, doña María Teresa llegó al País Vasco el 17 de octubre de aquel mismo año. Le acompañaban su sobrino mayor, Carlos Luis, y una dama de compañía, así como el conde de Custine. La s’olemne ceremonia se celebró en Azpeitia, tres días después con todo el boato que requería una boda real (aun estando en campaña). Les casó el obispo de León.

Así como el hijo de Carlos V, Carlos Luis, príncipe de Asturias, fue muy bien acogido tanto a su llegada orno cuando tuvo que volver a exiliarse con su fami-~la terminada la guerra, la nueva esposa del rey carlista se ganó muy pronto las antipatías de los volun-tarios al ver cómo ejercía un enorme poder sobre don Carlos, quien la obedecía a ciegas.
Uno de los primeros consejos que le dio fue: «Los únicos generales en los que Vuestra Majestad debe confiar son aquellos que no saben leer ni escribir.»
Por otra parte, prohibió terminantemente que Carlos Luis, el príncipe de Asturias, participase activamente en la campaña. Éste, que ya tenía 20 años, no muy con-trariado, tuvo que dedicarse en la retaguardia a se-guir estudiando música, matemáticas e historia, mien-tras muchachos de su misma edad la estaban haciendo con su sangre.


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Viejo 22/ene/02, 19:07
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Predeterminado Los Fueros como DOCTRINA.

Los FUEROS
Aunque más tarde el asunto de los Fueros llegó a ser una constante del carlismo, su aparición en el progra-ma del mismo no surgió hasta el 7 de septiembre de 1834, cuando por iniciativa de la Diputación de Vizcaya don Carlos, siguiendo el trámite previsto en caso de sucesión en el trono, juró los de ese Señorío. Era un mero trámite, puesto que ya existían. O sea, que no cabe atribuirle más valor del que éste representaba.
Cierto es que don Carlos en un Manifiesto a los ara-goneses del 19 de marzo de 1834 se refiere «al derecho de Asignación en la sucesión al Trono tan solem-nemente proclamada en los Antiguos Fueros de Aragón que siempre han sido el Número tutelar de esta parte tan preciosa de mis Dominios, y que hoy os quiere arrancar la usurpación».

Pero ello no era más que una retórica que alguno de sus adláteres le había colocado en su discurso, sa-bedor de lo mucho que le gustaba a su rey referirse a las leyes antiguas, en contra de las modernas.

De hecho, probablemente, la jura de los fueros cte Vizcaya incluso tomó desprevenido a don Carlos.

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Viejo 2/feb/02, 23:11
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Predeterminado Arzalluz y Antonio Trueba. De 1878 a 2002


Por NAVARRO VILLOSLADA,

LA ABOLICIÓN DE LOS FUEROS VASCONGADOS.
AYER Y HOY.

Se dice muy frecuentemente que los males que padece la población de las Vascongadas, tiene su origen en las aboliciones de fueros que se producen durante el siglo XIX, consecuencia directa de la promulgación de las sucesivas constituciones españolas. La última abolición foral se produjo en 1887, unos años después de la última guerra carlista. ¿Realmente es esto así?, ¿puede tener relación ese acontecimiento remoto con lo que sucede hoy?

El País Vasco actual, según los medios de comunicación, es la única zona de España en donde los ciudadanos carecen de libertad. Una afirmación que es compartida por una gran cantidad de vizcaínos, alaveses, guipuzcoanos y navarros. Porque en el País Vasco, y en el antiguo Reino de Navarra, actualmente, hay miedo: miedo a poder hablar libremente sobre el propio futuro, no sea que el amigo, o el conocido, vayan a decir algo. No vaya a ser que los adeptos de la televisión autonómica se enfaden por cuestionarles su “historiografía nacionalera” impostada.

Estas circunstancias están prefigurando una limpieza ideológica , una primera instancia, con vocación de convertirse en limpieza étnica, según las técnicas utilizadas por croatas y musulmanes en la antigua Yugoslavia, técnicas de inspiración germana que hemos podido contemplar en ese país, desde 1990 hasta ahora.

Muchos se han preguntado las garantías que recibieron del gobierno alemán desde antes de 1989, para que los gobiernos autónomos de Eslovenia, Croacia y Bosnia se lanzasen a desmantelar el Estado Federal Yugoslavo, durante esta última década. Simultáneamente a estos hechos, en Abril de 1990 -un año antes de la liquidación de Yugoslavia-, también el Presidente del Partido Nacionalista Vasco, Javier Arzalluz podía sostener que "los alemanes (en el Gobierno) nos han expresado más de una vez su apoyo, diciendo que nuestras aspiraciones (a la independencia) son perfectamente asumibles en la Europa del futuro. Nosotros tenemos un plan diseñado ya, y le hemos puesto fechas. La soberanía de Euzcadi, estilo Lituania, a proclamar entre el 1998 y el 2002."

Esto obliga a recordar los debates que se originaron cuando, en 1887, el gobierno de la Restauración suprimió los fueros vascongados. Debates como el promovido por Antonio de Trueba y de la Quintana quien, como Cronista del Señorío de Vizcaya y autor de algunos trabajos históricos, elevó varios memoriales a las Cortes, en defensa de lo que él consideraba, la defensa de las Tradiciones Vascongadas. Fue este autor vizcaíno, pues, el redactor de las protestas institucionales que los foralistas vizcaínos, que nunca separatistas ni antiespañoles, que elevaron a Cortes. En esto el autor vizcaíno escribía en una carta posterior aclarando su posición ante el caudillo de la Restauración: “Terminada la guerra, (la tercera guerra carlista) Don Antonio Cánovas del Castillo, ansioso de popularidad, creyó excelente medio de alcanzarla la presentación a las Cortes de un proyecto de ley abolitorio de los fueros vascongados, y en efecto le presentó, y apenas hubo senador ni diputado que se atreviese a arrostrar la impopularidad de negarle su voto” (Antonio de Trueba , 1887).

Esta medida la adoptó Cánovas más para debilitar la facción carlista e impedir una nueva situación bélica como la arrostrada por tres veces en España durante el siglo XIX, que por razones ideológicas muy profundas. No era Ca´novas un hombre muy liberal, de ahí que el político de la Restauración, acerca de los Fueros Vascongados, afirmase en 1873 que “lejos de desear que allí desaparezcan instituciones semejantes, querrialas yo comunicar, si posible fuera al resto de España. Las libertades locales de los vascongados, como todas las que engendra y cría la historia, aprovechan a los que las disfrutan, y a nadie dañan, como no sea que se tome por daño la justa envidia que en otros excitan” (Antonio Cánovas del Castillo, introducción a Miguél Rodriguez Ferrer, en Los Vascongados, su país, su lengua LL Bonaparte, Madrid , Imprenta de J. Noguera, 1873 p. XII).















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Viejo 3/feb/02, 00:12
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Predeterminado LA VERDAD DEL FORALISMO

EL FORALISMO ACTUAL

Los fueros aseguraban el derecho a la autonomía de los territorios vascos, pero no del País Vasco como una comunidad política unitaria. Estos garantizaban UNAS EXENCIONES FISCALES y MILITARES, dentro del régimen cómun que aún distinguía HIDALGOS de los PECHEROS. Y las provincias vascas, en razón a su adhesión a Castilla gozaban de HIDALGUÍA UNIVERSAL.

Cuando se habla de derechos históricos se está reconociendo implícitamente la pluralidad de los mismos. El intento de manipular la voluntad popular y de constituir una Euskadi conjunta con un estatuto de autonomía viene de 1933, cuando fue aprobada por referéndum, pero rechazada tal posibilidad en Navarra.

El carlismo fue el movimiento político que mejor supo aunar en su ideología la defensa de estas peculiaridades forales. Sin embargo, en la primera guerra carlista cuando se firma el Convenio de Vergara que establece la paz en el territorio vasconavarro bajo dominio carlista, se puede realizar por el compromiso de los carlistas vascos, pero no así de los navarros, cuyos principales dirigentes fueron fusilados unos días antes en el Santuario del Puy de Estella, por orden del general Maroto.
Posteriormente, Navarra llegaría a un acuerdo con el gobierno mediante la ley paccionada de 1841, en la cual se establecía de forma definitiva la compatibilidad del régimen foral con el gobierno constitucional.

Navarra aceptaba acomodar su sistema a la unidad constitucional. Con arreglo al art. 2 de la ley de 1839, negoció con el gobierno y concluyó el 10 de diciembre de 1840 un acuerdo, que fue sometido a la ratificación del parlamento y promulgado mediante ley del 16 de agosto de 1841.
La diputación liberal de Navarra llegó a la conclusión de que no se podía mantener la estructura constitucional transformando la soberanía política en autonomía foral.
> Y aceptan los navarros la desaparición de las las Cortes, el virrey, el consejo real, aduanas, diputación del reino, pero manteniendo una amplia autonomía regida por una diputación foral, que ha pasado en la actualidad a denominarse gobierno foral.

La distinción viene de que los territorios vascos disfrutaban de un régimen foral dentro de la soberanía indiscutible de Castilla. El caso navarro era diferente, porque disponía de la organización política de un Estado semi-soberano, sometido a Castilla desde 1515.
Navarra hasta 1839, constituyó un reino con leyes, jurisdicción y gobierno propios, sin poseer órganos comunes con Castilla, excepto la figura del monarca común que era representado por su Virrey, y sometido a la Corona de España.

Resumiendo : La situación de equilibrio político e institucional comienza a deteriorarse en la segunda mitad del siglo XVIII, con la política centralizadora de los Borbones, que provocará una tensión creciente que estallará en 1833 con la Primera Guerra Carlista.

El conflicto militar concluirá en 1839, con el armisticio de los carlistas, y desde el punto de vista institucional y político tendrá su plasmación en 1841 en la llamada Ley Paccionada, en virtud de la cual el secular Reino de Navarra se integra, con el rango de provincia, en el estado liberal, al tiempo que mantiene todavía instituciones y leyes de su secular régimen foral, el sistema privativo de los navarros como reino independiente y, a partir de 1512, como reino incorporado a la corona española. Esta situación peculiar se mantuvo durante la Restauración, la II República y el franquismo.

Con la democracia, tras la Constitución española de 1978, el régimen foral de Navarra se integra en el nuevo sistema institucional merced a la Ley Orgánica de Reintegración





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Viejo 3/feb/02, 00:12
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Predeterminado SOBERANÍA y FORALISMO

SOBERANIA y FORALISMO - [inorganico] -

SOBERANIA SOLO ES IGUAL A SOBERANIA


Existe la costumbre de equiparar Soberanía con Foralismo, conceptos que juridica y lingüisticamente son absolutamente opuestos. Pongo el ejemplo del inquilino de vivienda y el propietario de la misma, a efectos de similitud de derechos entre soberano y foralista o usufructuario de fueros.
Y con tal comparación la premisa del "histórico soberanismo" vasco o catalán quedan en la nadaría demagógica..

Unicamente la Enciclopedia Universal Vasca (de Auñamendi), creada y escrita por nacionalistas, utiliza esa similitud o equiparación con clarísimos objetivos POLITICOS. En el resto de los textos jurídicos tanto medievales como modernos, LA DISTINCIÓN ES OBVIA.

Según esa misma enciclopedia citada, y se contradice a sí misma, EL PASE FORAL lo define como “ institución que rigió en las Provincias Vascongadas y en Navarra, en virtud del cual las Juntas Generales examinaban las disposiciones dictadas por el Gobierno central a JUECES, a fin de ver si contenían alguna orden que contraviniese a sus fueros, y si esto ocurría la Junta proveía el caso con la fórmula “Se obedece, pero no se cumple” hasta que oída la providencia por el rey se obtuviese modificación conforme a Fueros.”

Por tanto, había quien ostentando soberanía dictaba normas que, por razón de fueros provinciales ( y los había en toda España), y en temas exclusivos de JUZGADOS debían respetar los derechos forales en el tema, y el criterio de las Juntas era sólo para ejecutarlas o ALEGAR al rey existencia de contrafuero.
Si eso es soberanía, que baje San Gabriel otra vez al Aralar.

Lo que conlleva que había un PROPIETARIO que legislaba para los inquilinos y, éstos si su contrato de arrendamiento no coincidía con lo dictado por el propietario en asuntos concretos , tenían derecho a negar su cumplimiento. El mismo caso que si ahora al inquilino le exige su propietario que arregle el tejado de la casa, y aquél arguye que las obras en tejado son a cargo del propietario según el contrato.
Pero por ello, no se concede al inquilino NUNCA la PROPIEDAD del piso.

El origen de la violencia no está en el CONFLICTO, por la sencilla razón de que dicho “Conflicto” se lo inventó BATASUNA en su día y en base a una hipotética y falsa teoría de que EUSKADI ERA INDEPENDIENTE Y UN GENERAL NOS LA QUITÓ, en referencia a Franco.
En los años anteriores a 1990 JAMÁS el PNV ha reivindicado la existencia de ningún conflicto, sólo la recuperación de unas competencias fiscales que regulaban los FUEROS PROVINCIALES. Eso oficialmente.

Intra-muros también anhelaba la independencia, el PNV, pero EN BASE a los argumentos de ARANA: “esta tierra es de euskaldunes y hay que perder todo contacto con los maketos porque son sucios, irreverentes y vagos”. Y su lema Jaungoikoa eta Lege Zarrak (copiado de los carlistas =Díos, Patria y Fueros) se resumía en LA AUTONOMIA FORAL. ( Es decir, es teoría de inicios del siglo XX)

Con el Estatuto tales competencias se restablecieron y en demasía, es decir con mayor abundamiento que el realmente exigible. Luego, con Garaikoetxea y Ardanza, la reivindicación consistía en que el Estado NO LLENABA las competencias reconocidas en el Estatuto, principalmente la de la transferencia de la Seguridad Social.


El Gobierno Vasco ostenta actualmente competencias que NINGUN ESTADO FEDERAL DEL MUNDO dispone : Recaudación y gasto de impuestos, Policia propia, Educación, Sanidad, Trabajo, Transportes en general, Carreteras, obras públicas, Cultura y Medios de Comunicación, Notarios, Registradores de la Propiedad y Farmacias, Colegios Profesionales, Puertos y Aeropuertos (excepto Bilbao y Pasajes), Registro de Asociaciones, de Fundaciones, de todo tipo de organismos privados y públicos, Turismo y Pesca, Comercio Interior y toda la regulación de Consumo, etc. etc. etc.
Sólo le falta, para ser un Estado tener EJERCITO y MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES. (La falta de ejército oficial la sustituye con ETA, y la de relaciones exteriores con sus subvenciones y representantes en LA DIASPORA)

Con las famosas exigencias hacheberas de Autoderminación para INDEPENDIZARSE, es cuando el PNV comienza, en los 90, a sumarse a ello para no perder clientela y seguir en la via REIVINDICADORA MÁS RADICALIZADA, necesaria para todo nacionalismo.

Pues el día que un nacionalista no tenga nada que pedir, SE ACABÓ SU IDEARIO Y SUS OBJETIVOS. Lo mismo que cuando a un partido comunista le quitas la IGUALDAD ECONOMICA de los ciudadanos, se les acaba su objetivo, por otra parte utópico e irrealizable e injusto en tanto en cuanto el vago y el inútil no pueden tener la misma riqueza que el laborioso y capaz.

A ETA le importa UN PIMIENTO la resolución de ningún conflicto político, y el que se crea eso es más ingenuo o tonto de lo necesario. ETA es una mafia organizada por muchas madres políticas, y cuyo objetivo real sería IMPLANTAR LA DICTADURA DE LAS PISTOLAS sobre una población TOTALMENTE RURAL.

Sin médicos, abogados, economistas, agentes de Bolsa, Hipermercados, Bancos, autopistas, etc., y con muchos pastores sumisos dedicados a criar ovejas y tocar la txalaparta. En ese utópico país(muy similar al actual Afganistán) serían AUTOSUFICIENTES porque no necesitan nada por encima del chabolismo y la alimentación agraría más elemental. (Eso para el pueblo, claro, pues para los Jauntxos lo mismo que para los del Krenlim de tiempos de Stalín : todo lo utilizado en USA o SUIZA.)

Cuando los peneuvistas de base se enteren de la MISA, su Mulá Mayor será el Jefe supremo de los Batasunos y practicando sus tésis. (Garaikoetxea se sacó a medio partido para crear otro, con roturas de lazos familiares y de amistades entre los afiliados, y AHORA (en el 2001) y sin que esos mismos afiliados a EA se hayan dado cuenta están de nuevo en el PNV.

Pues lo mismo les va a hacer el Arzalluz jauna junto a Permachito, Olarra y pandilla.

Por el camino del soberanismo histórico NADA DE NADA. Y por el supuesto del “Si el pueblo lo pide”, cuando HAYA LIBERTAD TOTAL PARA OPINAR TODOS.

El mayor fracaso de un Partido en Europa es que en 21 años hayan conseguido la desaparición de la libertades para el 50% de sus habitantes, y que los intelectuales hayan sido obligados a abandonar el país. En el 2002 la encuesta universitaria da un 21,8% de vascos INDEPENDENDISTAS.
Los cuales pretenden implantar SU DICTADURA sobre el 78,2% de habitantes totales.

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Viejo 5/feb/02, 22:10
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Predeterminado DE CÓMO SE INVENTÓ LA IKURRIÑA

> Invitado ( Pelayo) ha escrito:

De cómo INVENTARON la ikurriña - [Invitado] -


Habían merendado en casa de D. Ángel Zabala Tremoya-Ozámiz, Sabino de Arana, el anfitrión y otro amigo. Trataban de temas concernientes al nacionalismo que estaban poniendo en marcha. Zabala preguntó: " ¿Cómo será nuestra bandera?".

En la sala había una litografía que representaba un buque británico. Sabino tomó una caja de lápices de colores y sobre el pabellón del buque pintó los colores rojo, blanco y verde. "Esta será nuestra bandera". Sabino Arana era un admirador del pueblo británico (hasta el punto que se opuso al alzamiento irlandés contra los ingleses) y por eso plagió descaradamente su bandera. El cuadro en cuestión existía todavía hace unos quince años en casa de D. Aingeru Zabala, nieto de D. Ángel.

Había que justificar la bandera adoptada y los signos de que se componía. La fértil imaginación de Sabino de Arana recurrió a la mítica batalla de Arrigorriaga. No importa que no exista ningún documento histórico que la mencione. Sabino de Arana, después de un alambicado razonamiento en que dio brillantes pruebas de su poder de fabulación, fijó su fecha: el día de San Andrés del año 808. Así justificó la inclusión de la Cruz de dicho Apóstol en su inventada bandera. Para la cruz blanca no necesitó inventar nada. Ya figuraba en algunas representaciones adulteradas del escudo del Señorío. Adulteradas porque, como demostró el historiador carlista Labayru, dicha cruz la introdujeron algunos copistas sin que correspondiera al auténtico escudo.

El mismo nombre de "ikurriña" es otro producto de la imaginación de Sabino. "Arresoaren bandera, ai, nolakoa ote da?" ( «¿Cómo será la bandera de los de Areso ?» ) , cantaban o cantan los de Leiza para burlarse de los de su vecino pueblo.
En el himno de San Ignacio se dice: "Inazio or dago, beti erne dago bandera zabalik ..." ( «Ahí estás Ignacio, firme con la bandera desplegada»).
A Sabino no le iban las palabras que tienen sonido castellano. Recurrió al verbo irakurri (leer). Se imaginó que estaba formado por las raíces ira e ikurri, interpretando que "leer" equivalía a "dar significado". De ello dedujo o imaginó que en vascuence existió el verbo ikurri, "significar". De ahí a la palabra ikurriña, "lo que hace significar", no había más que un paso. El fallo estaba en que irakurri también significa "vendimiar". No es el vascuence el único idioma en que "leer" y "vendimiar" vienen significados por la misma palabra. Lo mismo ocurre en latín y en alemán. (Legere y lesen). Parece ser que latinos, germanos y vascones encontraron cierta relación entre la recolección de la uva y la lectura.

No comprendemos cómo nadie se ha dado cuenta, o al menos se lo callan, que en la configuración de la ikurriña se han vulnerado las normas de la heráldica que prohiben el color sobre color y metal sobre metal. Aparece la cruz verde de San Andrés sobre un campo rojo (gules).
La bandera que más se asemeja a la ikurriña es la de la marina imperial rusa. En campo rojo (gules) tiene una cruz de San Jorge de plata (blanca) y otra de San Andrés azul. Pero, para respetar las reglas de la heráldica, esta última está sobre otra cruz de plata. Así se evita el azul sobre rojo. Para cumplir las normas de la heráldica, debería ser modificada la ikurriña de modo que entre la cruz verde de San Andrés se interpusiera otra blanca, como la rusa.

Sabino pensó su bandera para Vizcaya. Su partido la adoptó como propia. En 1931 Luís de Arana Goiri, hermano de Sabino, protestó cuando los nacionalistas proponían su ikurriña como bandera de todos los vascos. Dijo que ellos la habían concebido como bandera de Vizcaya y que para Euzkadi había que inventar otra.



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  #8  
Viejo 18/mar/02, 22:10
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Predeterminado 2ª y 3ª GUERRAS CARLISTAS

Segunda Guerra Carlista o guerra dels Matiners (1846-1849)

Las expectativas frustradas de unión dinástica matrimonial entre Isabel II y Carlos Luis de Borbón y de Braganza, conde de Montemolín (primogénito de don Carlos y denominado Carlos VI en la genealogía carlista), detrás de cuya hipotética alianza se situaban conocidos valedores como el filósofo Jaime Balmes o Juan de la Pezuela y Ceballos, allanó de nuevo el camino a la irracionalidad de la fuerza.

Desde el otoño de 1846 se detectaron escaramuzas inconexas de partidas autónomas levantadas en armas por diversos puntos de la geografía catalana (como la sierra de Rocacorba o el municipio de Manlleu), escenario exclusivo de este nuevo despliegue bélico y presumible origen del nombre de 'madrugadores' (matiners), con el que la historiografía ha bautizado a sus principales protagonistas.

La actividad de las partidas en acciones guerrilleras prosiguió durante 1847 a las órdenes de jefes experimentados (Bartolomé Porredón, más conocido como Ros de Eroles; Benito, o Benet, Tristany; Juan Castells; Marçal, etc.), logrando incrementar sus efectivos de cuatro a diez mil hombres a raíz del retorno a Cataluña del irredento Cabrera, apodado el tigre de El Maestrazgo.

Al frente de las huestes isabelinas se sucedía un rosario de jefes y capitanes generales (Bretón, Manuel Pavía y Lacy, Manuel Gutiérrez de la Concha y Fernando Fernández de Córdova), en un continuo trasiego por las líneas de combate que ponía de relieve la incapacidad del Ejército para pacificar el acotado conflicto.

La incorporación de elementos progresistas y republicanos a las filas carlistas, al hilo del impacto de las revoluciones de 1848 europeas, complicó aún más su tipificación interna y específica resolución. La abortada venida a España desde Londres del conde de Montemolín, en la primavera de 1849, acabó por disolver los reductos carlistas, que optaron, al igual que Cabrera, por su traslado a Francia, sin quedar rastro de ellos en Cataluña a la altura de mayo de 1849.


Tercera Guerra Carlista (1872-1876)

En apenas un cuatrienio, las tropas del pretendiente Carlos VII (duque de Madrid) se enfrentaron con las de los sucesivos adeptos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII, prueba inequívoca de la cambiante morfología política de España en esos años y sus dificultades para consolidar su forma de gobierno y estructuración territorial del Estado.

Cataluña y el País Vasco coparon en esta tercera y última ocasión la geografía militar carlista desde las primeras escaramuzas del llamado 'ejército de Dios, del trono, de la propiedad y de la familia', fechadas en 1872, hasta el histórico “Volveré” pronunciado por Carlos VII en febrero de 1876 al cruzar el puente de Arnegui rumbo al exilio, por lo demás nunca cumplido.

Entre uno y otro año tuvieron lugar un sinfín de choques armados, unas veces favorables a los rebeldes (Estella, Santa Bárbara, Montejurra, Luchana, Desierto, Portugalete), o bien estrepitosos errores de éstos (sitio de Bilbao, toma de Cuenca, marcha hacia Valencia), junto a acontecimientos variopintos como la designación del infante Alfonso Carlos al frente de los combatientes catalanes y la testimonial devolución a este pueblo de sus perdidos fueros, o las atrocidades del cura Manuel Ignacio Santa Cruz, encarcelado por los propios carlistas y cruel excepción que confirma la regla del derramamiento indiscriminado de sangre inocente.

La Restauración de la Casa de Borbón, llevada a efecto en diciembre de 1874 en torno a la figura de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II, puso de relieve, antes de certificarlo las armas en Cataluña y Navarra, la secular inutilidad del empeño carlista por acceder a la corona de España.




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  #9  
Viejo 18/mar/02, 23:11
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Predeterminado EL GENERAL ZUMALAKARREGI

General español de la primera guerra carlista, nacido en Ormáiztegui (Guipúzcoa) el 29 dic. 1788. Peleó con bravura en la guerra de la Independencia, donde comenzó su carrera militar.

En junio de 1808 se alistaba como voluntario en el quinto tercio aragonés y con él tomó parte en la heroica defensa de Zaragoza. Prisionero de los franceses, logra fugarse.

Más tarde participa en la toma de San Sebastián y combate en S. Marcial. Su talante de soldado se forja al lado del famoso guerrillero Gaspar de Jáuregui, de quien fue ayudante. Destinado al regimiento de Vitoria en 1818, allí le sorprendió el golpe liberal de 1820, que reveló en él su enraizada ideología absolutista.

Rota su lealtad al régimen constitucional, se une a las tropas realistas del general Quesada. El retorno del absolutismo le llevó a una junta para la represión de delitos políticos. En 1829, ya coronel, desempeña el gobierno militar y político de El Ferrol.

Con la muerte de Fernando VII nace el caudillo carlista. Al mando del joven ejército de Navarra la fama de ZUMALACARREGUI resuena pronto en España y encuentra eco europeo.
Eficaz en la organización, hábil para aprestar guerrillas, duro en la batalla, siempre en vanguardia, inflexible en la disciplina, su estampa bizarra -mirar penetrante, largas y pobladas patillas, gesto altivo, anchas y encorvadas las espaldas- recuerda el tipo del bandolero romántico, a la par cruel ,y generoso señor de la sierra.

Grandes soldados del ejército cristino -Rodil, Espoz y Mina, Espartero- conocieron frente a él la derrota. Lequeitio, Viana, Bermeo, Vergara son hitos de sus victorias.
En 1835 el pretendiente D. Carlos le ordena la toma de Bilbao. Aunque Zumalacarregui prefiere dirigirse contra Vitoria, se dispone a cercar la capital de Vizcaya, cuando, herido en una pierna y mal atendido por un curandero, una infección le produce la muerte en Cegama el 24 jun. 1835. La causa carlista perdía al más bravo y popular de sus jefes.

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Viejo 18/mar/02, 23:11
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Predeterminado Re:Más sobre Zumalacarregui

TOMÁS ANTONIO ZUMALACÁRREGUI IMAZ
Tomás Zumalacárregui nació el 29 de diciembre de 1788 en el caserío Arandi de Ormaiztegi. Era el penúltimo de los once hijos del matrimonio formado por Francisco Antonio Zumalacárregui Múgica y Ana María Imaz Altolaguirre.

A los cuatro años queda huérfano de padre y es seguramente en estas fechas cuando la viuda decide trasladarse a vivir con sus hijos a Iriarte-Erdikoa, hoy Museo Zumalakarregi, sin salir de Ormaiztegi. Cursa aquí los estudios elementales y el latín, y en 1801 es enviado a Idiazabal para aprender la "práctica de escribano".

Con 16 años marcha a Pamplona para completar su formación curial.
Ante la invasión napoleónica, decidió ingresar en la guerrilla para combatir a los soldados franceses. Luchó sobre todo en Gipuzkoa, a las órdenes de Gaspar Jáuregui "Artzaia", de quien fue secretario. Al finalizar la guerra, en 1814 es nombrado archivero del ejército, un cargo que conjugaba sus estudios y su experiencia militar.


Cuando en 1820 triunfa el liberalismo, Zumalacárregui, sospechoso de inteligencia con los sublevados, es separado del servicio. Sin embargo, la orden de separación es revocada y, después de contraer matrimonio en Pamplona con Pancracia de Ollo, es destinado a Ciudad Rodrigo.

En 1822 marcha a Pamplona, pero siempre sospechoso de mantener ideas apostólicas, es enviado a Vitoria. Con la restauración del absolutismo, es promovido a teniente coronel. No consideraba sin embargo que se le reconocían todos sus méritos, y de hecho se encontraba retirado en Pamplona cuando en 1833 murió Fernando VII sin descendencia masculina.

Estalla entonces la lucha entre los partidarios de Isabel, hija del difunto Fernando VII y los del hermano de éste, Carlos María Isidro de Borbón. Zumalacárregui, dejando a su familia en Pamplona, decide apoyar a Don Carlos. En noviembre es proclamado en Estella, Comandante General de Navarra.

Un mes más tarde, las diputaciones de Vizcaya, Alava y Guipúzcoa le conceden el mando de sus respectivas provincias. Se encuentra en estos momentos con unos 3.000 hombres mal pertrechados y peor armados; sin embargo en pocos meses conseguirá poner en pie de guerra un ordenado ejército de casi 35.000 hombres.

En 1834, Zumalacárregui es el jefe indiscutible del ejército Carlista del Norte. El 12 de julio se entrevista por primera vez con Don Carlos y es nombrado Teniente General de los Reales Ejércitos. A partir de este momento las acciones victoriosas se suceden: Txintxetru, Etxabarri, Arkijas, Ormaiztegi, Los Arcos, Etxarri Aranatz, Amezkoa, Trebiño, Ordizia...

En la primavera de 1835, desde el Cuartel Real, se presiona a Zumalacárregui para que se dirija a tomar Bilbao, pese a que él prefiere antes conquistar Vitoria y acercarse a su principal objetivo: Madrid.
El 13 de junio llega a Bilbao con el objetivo de preparar el asedio; el 15, sube al balcón de un edificio cercano al santuario de Begoña a observar las operaciones. Una bala rebotada le hiere en la pierna derecha. Los médicos que le atienden coinciden en que no es grave y que en dos o tres semanas estará restablecido. Pero Zumalacárregui desea que le vea Petriquillo, el curandero que conocía desde joven, y es trasladado a Zegama por cuarenta granaderos, que se irán turnando en la tarea de transportar al herido sosteniendo la cama con fusiles de bayoneta.

Ya en Zegama, Zumalakarregi queda hospedado en casa de una prima. Petriquillo, a pesar de la opinión de los médicos, extrae la bala. Pero la herida se infecta y el día 24 de junio, después de recibir la Extremaunción murió Tomas Zumalakarregi, General del Ejército Carlista.











> Tellagorri ha escrito:
> General español de la primera guerra carlista, nacido en Ormáiztegui (Guipúzcoa) el 29 dic. 1788. Peleó con bravura en la guerra de la Independencia, donde comenzó su carrera militar.
>
> En junio de 1808 se alistaba como voluntario en el quinto tercio aragonés y con él tomó parte en la heroica defensa de Zaragoza. Prisionero de los franceses, logra fugarse.
>
> Más tarde participa en la toma de San Sebastián y combate en S. Marcial. Su talante de soldado se forja al lado del famoso guerrillero Gaspar de Jáuregui, de quien fue ayudante. Destinado al regimiento de Vitoria en 1818, allí le sorprendió el golpe liberal de 1820, que reveló en él su enraizada ideología absolutista.
>
> Rota su lealtad al régimen constitucional, se une a las tropas realistas del general Quesada. El retorno del absolutismo le llevó a una junta para la represión de delitos políticos. En 1829, ya coronel, desempeña el gobierno militar y político de El Ferrol.
>
> Con la muerte de Fernando VII nace el caudillo carlista. Al mando del joven ejército de Navarra la fama de ZUMALACARREGUI resuena pronto en España y encuentra eco europeo.
> Eficaz en la organización, hábil para aprestar guerrillas, duro en la batalla, siempre en vanguardia, inflexible en la disciplina, su estampa bizarra -mirar penetrante, largas y pobladas patillas, gesto altivo, anchas y encorvadas las espaldas- recuerda el tipo del bandolero romántico, a la par cruel ,y generoso señor de la sierra.
>
> Grandes soldados del ejército cristino -Rodil, Espoz y Mina, Espartero- conocieron frente a él la derrota. Lequeitio, Viana, Bermeo, Vergara son hitos de sus victorias.
> En 1835 el pretendiente D. Carlos le ordena la toma de Bilbao. Aunque Zumalacarregui prefiere dirigirse contra Vitoria, se dispone a cercar la capital de Vizcaya, cuando, herido en una pierna y mal atendido por un curandero, una infección le produce la muerte en Cegama el 24 jun. 1835. La causa carlista perdía al más bravo y popular de sus jefes.
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