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De Atapuerca a la Historia.
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Viejo 25/feb/02, 18:06
zaldumbide
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Predeterminado De Atapuerca a la Historia.

De Atapuerca al Euro

Los primeros pasos del ser humano en la península Ibérica son confusos.

La vida durante la Prehistoria, al carecer el investigador de fuentes escritas, respira únicamente en los restos materiales que la cirugía del tiempo no ha borrado del todo y se ha dignado respetar.

Aldeas enterradas, pobladas de huesos y cráneos, de vasijas y utensilios, rastros de niebla y fantasía atrapados en las pinturas que adornan cuevas y grutas, o construcciones funerarias ayudan a descifrar y reconstruir las costumbres y los modos de vida de los primeros hombres que habitaron el solar ibérico.

Bajo la tenue luz de los avances científicos, se puede afirmar que la vieja Iberia estuvo habitada por comunidades humanas desde tiempos remotos.

Como testigos mudos de una edad sin historia, el conjunto de fósiles hallado en el yacimiento burgalés de Atapuerca permite aventurar la existencia de un hombre, el Homo antecesor, que hace aproximadamente un millón de años vivía en suelo ibérico en condición de nómada, vagando de un lugar a otro en busca de alimentos y cobijo.

Había llegado de África y su paso por el mundo quedaría encerrado entre esqueletos humanos, cantos tallados... y toda una serie de hallazgos arqueológicos que recoge el caminar del primer hombre por tierras de Europa. (...)

Hacia el año 100.000 a.C. la península Ibérica acogería otro inquilino, el Homo sapiens o de Neanderthal, que poco a poco irá perfeccionando la industria de piedra del hombre primitivo y protagonizará los primeros ritos funerarios.

Setenta milenios después, el hombre de Cromagnon desterrará de Europa al Neanderthal e introducirá importantes innovaciones en la fabricación del utillaje, adaptándolo a su entorno físico y a las necesidades de una economía recolectora y cazadora.

La fantasía del Cromagnon daría a luz nuevos instrumentos líticos o mejoradas herramientas de asta y hueso, arpones, propulsores o agujas de coser, que muy pronto se extendieron por todos los núcleos habitados de la España prehistórica. Al mismo tiempo el arte rupestre bañaría de pinturas las paredes de las cuevas de Altamira.

Allí, en las tierras de Cantabria, en las representaciones polícromas de bisontes, caballos o ciervos quedaría retratado todo el misterio de una era señalada por el aliento de la supervivencia, una mirada de musgo donde, más allá de las figuras animales, los investigadores de nuestros días han vislumbrado un significado mágico o religioso, según el cual el cazador-pintor creería estar en posesión de la bestia representada, a la que da muerte cuando concluye el último trazo artístico.


Pese a los avances logrados durante esta época habría que esperar más de veinticinco milenios todavía para que germinaran en la península Ibérica las primeras comunidades capaces de cultivar los campos y domesticar los animales.

Entre los años 5000 y 3500 a.C. el vendaval del Neolítico barrerá la vida errante de los primitivos cazadores. Con la mirada puesta en la tierra, las comunidades aumentan la disponibilidad de alimentos, crecen, se agrupan y construyen los primeros signos de vida urbana mediante pobres agrupaciones hechas de casas de piedra y adobe.

Al igual que ocurrirá más tarde, cuando desembarquen en la Península los mercaderes griegos y fenicios, las nuevas corrientes culturales encuentran pronto acomodo en la región andaluza y levantina, retrasando su entrada en la Meseta y el norte. (...)

Poco a poco el desarrollo de la agricultura y la ganadería como fuentes de riqueza y el inicio de la actividad metalúrgica dieron paso a la construcción de grandes poblados rodeados de murallas donde primero el cobre y después el bronce derrocarían la moribunda monarquía de la piedra.


En Los Millares, uno de los poblados más asombrosos de la Edad del Cobre (3000 a.C.-2000 a.C.), protegidos por un complejo sistema defensivo, los primitivos almerienses se agolparon en cabañas de planta circular, atentos a los albores del metal y los ciclos del campo, mientras honraban a sus difuntos enterrándolos en tumbas de corredor, símbolo del imparable proceso de estratificación social y la aparición de aristocracias locales.

Allí, dormido en las acequias y las tumbas de la necrópolis, entre las reliquias de cerámica, piezas de cobre, restos de telares y materiales exóticos, quedaría embalsamado un mundo adolescente que ya comerciaba con mercaderes venidos de tierras lejanas.

Hacia el año 2000 a.C. daría comienzo la Edad del Bronce.
El poblado más conocido de este período es El Argar, situado en el sureste de la Península, donde la explotación minera y los objetos de oro y plata arrinconaron la industria de piedra y hueso.


Paralelamente las comunidades primitivas cubren de megalitos -piedra grande- buena parte de los valles de la península Ibérica, desde la fachada atlántica portuguesa y gallega al País Vasco, desde Andalucía a Cataluña.

A pesar de sus diferencias cronológicas y formales, los sencillos dólmenes asturianos, cántabros y vascos, los ostentosos sepulcros de cámara poligonal o trapezoidal de la cultura del Alentejo o las grandes tumbas de corredor de las elites emergentes del valle del Guadalquivir dejan testimonio de un nuevo modo de entender la muerte.

Durante la erupción de los metales, en una época en la que el gusto por la cerámica propagaba el arte del vaso campaniforme en los talleres artesanos y la posesión de un arma era símbolo de independencia social, las minorías dirigentes utilizaban aquellas estructuras de piedra para expresar la ilusión de su poder más allá de la muerte o subrayar los territorios y rutas de desplazamiento de los rebaños.


Al decaer el segundo milenio, la península Ibérica se integrará en las rutas marítimas de comerciantes y aventureros del Mediterráneo y entablará relaciones con gentes de la Europa continental.

Contagiados por la fiebre de plata que recorre las rutas del Mare Nostrum, mercaderes venidos de Oriente arribarán a las costas del sur y el Levante.

Allí estrecharían lazos comerciales con las comunidades indígenas y fundarían nuevas colonias, diseminando su cultura y artesanía, sus delicadas cerámicas y piezas de orfebrería por todas las aldeas.

Entretanto, la Meseta se encerraba en la tradición y el norte era visitado por hombres y mujeres procedentes de Europa. Bajo el hechizo de gentes transpirenaicas y el exotismo oriental, la península Ibérica iniciará su peregrinaje -primero en los relatos de viajeros y poetas y después en las viejas crónicas de los historiadores griegos y romanos- a través de los caminos de la Historia.



La visita de oriente
Cuando la leyenda gobernaba la península Ibérica, un grupo de comerciantes griegos y fenicios llegó a las regiones andaluzas -primero esporádicamente, luego con trazas de permanencia- y entregó el escurridizo hilo de la Historia a sus habitantes a cambio de la explotación mercantil de los yacimientos de metales preciosos.
Al mismo tiempo un abanico de gentes e influencias procedentes de Europa acampaba en Cataluña y extendía sus brazos por las llanuras del norte. Oriente y Europa enriquecerán de este modo el proceso de mestizaje iniciado ahora y estimularán la divergencia cultural entre costa e interior, que se prolongará en la biografía de España hasta la conquista del ferrocarril en el siglo XIX.

Úlima edición por beltrandebonlieu fecha: 19/dic/05 a las 19:07.
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  #2  
Viejo 26/feb/02, 23:11
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Predeterminado Los primeros asentamientos

Los Primeros Asentamientos Humanos
Del 25.000 al 10.000 A.C.: Las pinturas rupestres de Pinal, Peña de Cándamo, El Pendal, Pasiega, Ribadesella y Altamira expresan la existencia de un gran cultura en el periodo Magdaleniense.


A.C.: Los fenicios fundan Gadir o Gades (Cádiz), Baria Adra, Almuñécar y Málaga.

A.C.: Civilización de los tartesios. Los celtas comienzan a llegar a través de los Pirineos.

Siglo VII A.C.: Los griegos fundan Hemeroscopion y Manake.


Siglo VI A.C.: Fundación de Emporio (Ampurias) y Rhodaes (Rosas).


237 A.C.: Amílcar Barca ocupa el Sur y el Sureste y funda Akra Leuke (Alicante). Asdrúbal funda Cartago Nova (Cartagena).


Del 218 al 201 A.C.: Aníbal ocupa Sagunto (Guerra púnica). Los cartagineses invaden Italia. Escipión llega a España y derrota a Asdrúbal en Tarraco (Tarragona), Illipa (Alcalá del Río) y Gadir. Roma se anexiona el país y lo divide en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior.

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  #3  
Viejo 26/feb/02, 23:11
anonimo
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Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 633.044
Predeterminado Invasión romana

La penetración y la consiguiente conquista de la península por parte de Roma cubrió el prolongado periodo que va desde el año 218 al 19 a.C.
Las fechas más significativas de ese periodo son:

209 a.C.: Declive del ejército de Aníbal en Italia y comienzo de la gran conquista de España por parte de Roma. Esta se anexiona el país y lo divide en dos provincias: Hispania citerior e Hispania ulterior.

Del 143 al 139 a.C.: Viriato y los lusitanos luchan contra las legiones romanas.

133 a.C.: Los habitantes de Numancia prefieren morir quemados por las llamas de la ciudad a rendirse a Escipión Emiliano.

27 a.C.: Los romanos pacifican la península de una vez por todas y la dividen en provincias: La Tarraconense, la Bética y Lusitania.

La presencia de Roma en Hispania duró siete siglos, durante los cuales, se trazaron las fronteras más importantes de la península en relación con otros países europeos.
Sin embargo, los romanos no sólo transmitieron una administración territorial, sino que también dejaron un legado de referencias sociales y culturales, tales como la familia, la lengua, el Derecho y el gobierno municipal, cuya asimilación situó definitivamente a la península en el mundo greco-latino primero, y en el judeo-cristiano más tarde.

Vasconia pertenecía a la provincia TARRACONENSE.

98 D.C.: Comienzo del gobierno de Trajano, el primer emperador romano de origen español.

264 D.C.: Los francos y los suevos invaden el país y ocupan temporalmente Tarragona.

411 D.C.: Las tribus bárbaras firman una alianza con Roma que les autoriza para establecer colonias militares dentro del imperio.

568-586 D.C.: El rey visigodo Leovigildo expulsa a los funcionarios imperiales e intenta unificar la península. Fin del Imperio Romano en España.

Úlima edición por beltrandebonlieu fecha: 19/dic/05 a las 19:07.
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  #4  
Viejo 2/mar/02, 23:11
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Predeterminado LOS CELTAS : Siglos VII a VI a.c.

Sea como fuere, parece indudable el origen extrapirenaico de los Campos de Urnas del Noreste, aceptándose la penetración, al menos en sus fases iniciales (que cabe situar en torno al 1100 a.C.), de grupos humanos demográficamente poco importantes (Ruiz Zapatero 1985; Maya y Barberá 1992: 176 ss.).

Dada la continuidad de la cultura material en el Noreste a lo largo del primer milenio, y aceptando un carácter indoeuropeo para estas aportaciones humanas, se ha sugerido como interpretación que explique el iberismo lingüístico que esta zona ofrece en fecha avanzada lo que Villar denomina "indoeuropeización fallida", según la cual las lenguas indoeuropeas del Noreste debieron ir desapareciendo al ser iberizadas cultural y lingüísticamente.

Que al menos una parte de los grupos de Campos de Urnas hablaron una lengua indoeuropea de tipo celta o protocelta parece fuera de toda duda, como vendría a confirmarlo el caso del lepóntico, lengua celta hablada en el Norte de Italia al menos desde el primer cuarto del siglo VI a.C. y vinculada con la cultura de Golaseca, que hunde sus raíces en un grupo de Campos de Urnas, la Cultura de Canegrate.

De acuerdo con esto, y volviendo al Noreste peninsular, cabría plantear que "o bien los grupos migratorios de Campos de Urnas fueron tan restringidos que no llegaron a imponer su propia lengua a las gentes del substrato, o bien, la transformación cultural ibérica borró en gran parte los rasgos lingüísticos indoeuropeos, hipotéticamente asumidos por los autóctonos"

En todo caso, en torno a los siglos VII-VI a. C., se conforma lo que se ha denominado Celtibérico Antiguo, que se documenta en las altas tierras de la Meseta Oriental y el Sistema Ibérico, con importantes novedades en lo que se refiere a los patrones de asentamiento, al ritual funerario y a la tecnología, con la adopción de la metalurgia del hierro.

Surgen ahora un buen número de poblados de nueva planta así como los primeros asentamientos que cabe considerar como estables en este territorio.
A esta fase se adscriben una serie de poblados, generalmente de tipo castreño, a veces protegidos por murallas, documentándose también otros carentes de defensas, a excepción de la que otorga la propia elección del emplazamiento.

A este momento corresponden asimismo los más antiguos cementerios de la Meseta Oriental, cuya continuidad desde el siglo VI a.C. hasta el siglo II, o incluso después, ya ha sido señalada. Algunos de ellos ofrecen una característica ordenación interna, con calles formadas por la alineación de las sepulturas, generalmente con estelas (vid. capítulo IV,2).

Los ajuares funerarios ponen de manifiesto la existencia de una sociedad de fuerte componente guerrero, con indicios de jerarquización social, configurándose el armamento -en el que destacan las largas puntas de lanza y la ausencia de espadas o puñales- como un signo exterior de prestigio (vid. capítulo IX,1).

Para Almagro-Gorbea (1993: 146 s.), la aparición de las élites celtibéricas podría deberse a la propia evolución de los grupos dominantes de la Cultura de Cogotas I, sin excluir con ello los aportes demográficos externos, cuya incidencia real en este proceso resulta en cualquier caso difícil de valorar.

Seguramente, la nueva organización socioeconómica llevaría a una creciente concentración de riqueza y poder por quienes controlaran recursos tales como las zonas de pastos, las salinas -esenciales para la ganadería y la siderurgia- o la producción de hierro, que permitió alcanzar en fecha temprana un armamento eficaz, explicando el desarrollo de una sociedad de tipo guerrero progresivamente jerarquizada.

Úlima edición por beltrandebonlieu fecha: 19/dic/05 a las 19:07.
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