![]() |
|
|
#1
|
|||
|
|||
|
S. Pedro Sochiapam, 31 de Diciembre de 2004 DIOS ES AMOR
19. ¡ES NAVIDAD! FIN DE AÑO Navidad en Sochiapam Hoy es el último día del año 2004. La iglesia de San Pedro Sochiapam en esta noche se ha desbordado de gente, lo mismo que el día 24 durante la Misa del Gallo. Casi todos los que durante el año trabajan o estudian fuera, en México o en los estados Unidos, han regresado estos días para pasar la Navidad con su familia. No hay forma de moverse dentro del templo a causa del gentío, y en los alrededores todo es un hervidero de gente. Además hace muy buen tiempo. El pasado año pasé estos días en Zapotitlán, y el recuerdo que tengo de aquella Navidad es que el día 25 bauticé a ¡37 niños! Mientras estamos celebrando las Misas de la noche de los días 24 y 31, algunos jóvenes se dedican a explotar unos muy escandalosos cohetes que hacen temblar hasta el suelo y las paredes de piedra y tierra de la iglesia; y a las potentes detonaciones, los evidentes berrinches de los bebés que, asustados, no hay forma de hacerlos callar; sus mamás, entonces, los estrechan con todas sus fuerzas en sus regazos y los acarician con mucha ternura, pero apenas se han calmado un poco, cuando nuevas y potentes detonaciones hacen que el concierto musical infantil a varias voces continúe. Yo no sé dónde han conseguido los jóvenes estos explosivos tan fuertes. Lo cierto es que, entre los cohetes, que no cesan de tronar durante toda la Misa, y los niños que lloran, que no son pocos, ¿para qué queremos nosotros en Sochiapam conciertos especiales de Navidad en el templo? ¡Ya los tenemos, al menos en estas dos noches! Yo al principio, a pesar de que tengo mucha paciencia con los niños y me encanta el bullicio de las fiestas en general, me sentía incómodo, pero luego fui aceptando la situación con mucha paz, porque así celebra la gente aquí su Navidad. Si a pesar de todo, la gente acude en masa a la Misa, es porque no le disgustan los cohetes, ni los lloriqueos de los niños ni la bulla, ¡bendito sea Dios!, y el P. Damián no ha de ser diferente... (¿será esto también inculturación?). Es interesante observar cómo en estas parroquias chinantecas de Sochiapam y Usila la gente se ha acostumbrado a participar muy activamente en la Misa del Gallo y la Misa de fin de año... En esto se parece mucho a la Navidad en Cataluña; en 1997 pasé la Navidad en Barcelona, y me sorprendí mucho viendo con qué fervor el pueblo catalán participa en la Misa del Gallo. Los Catalanes celebran su cena de Navidad después de la Misa, no antes; también nosotros en Sochiapam convivimos todos juntos alrededor de la iglesia al terminar esta Misa; los miembros del Comité de la Iglesia ofrecen entonces a todos los presentes una bebida especial caliente típica de aquí, conocida como “atole”, hecha de harina de maíz y “panela”, que es azúcar moreno, bebida dulce que gusta mucho a todos. Si el tiempo no es muy desapacible, la gente permanece un buen rato compartiendo su tiempo con los demás. En cuanto a la cena de Nochebuena de nosotros, los misioneros combonianos, este año ha sido muy especial. Para nosotros ha sido la cena más pobre de toda nuestra vida; a mí me ha tocado preparar y saborear una simple sopita de fideos y una lechuga de nuestro huerto, y nada más; pero, por suerte, tenía los turrones que me habían enviado los Combonianos desde Madrid y mi hermana Esperanza de Barcelona... Al P. Antonio, que estaba celebrando la Navidad en Quetzalapa, le fue aún peor, porque su cena consistió en un vaso de café, de ese aguadito, estilo americano, y un bollito de pan dulce. Y nada más. Cuando regresó a Sochiapam yo lo recibí con un plato de turrón en la mano, sin imaginar que le había ido peor que a mí... Resumen de un año vivido en la misión Tengo que comenzar diciendo que el tiempo que estamos viviendo no podía ser mejor. Desde la primera semana de junio prácticamente no ha llovido. Cada mes nos llegan unos tres o cuatro días de agua, y luego continúa el resto del mes con un cielo soleado y una temperatura muy agradable. Todos los campesinos están sorprendidos de este cambio climático, pues lo normal es que aquí desde junio hasta noviembre llueva torrencialmente, y luego continúe hasta marzo con lloviznas más suaves... El caso es que la gente ha cosechado este año mucho maíz, su dieta diaria básica, porque las lluvias caídas esporádicamente han sido suficientes para recolectar unas muy grandes y granadas mazorcas. Nosotros terminamos el año sin las bronquitis del año pasado y sin ninguna sombra de catarro; el año pasado, ¿os acordáis?, tuvieron que sacar urgentemente al P. Antonio de Sochiapam, porque su bronquitis se estaba convirtiendo ya en una neumonía fatal. Nuestro ritmo de vida misionera sigue siendo muy sencillo y rutinario. Estamos muy lejos de parecernos a san Francisco Javier o a san Daniel Comboni...No hacemos nada extraordinario. No tenemos madera de héroes. Sencillamente procuramos vivir con intensidad todos los momentos de nuestra vida, aceptando de buen grado todo cuanto nos acontece y todo cuanto vivimos, sea agradable o desagradable. A veces, en algunos momentos más duros, suelo suspirar un poco, como diciéndome: “¿Y qué necesidad tengo yo de pasar por estos trances?”. Pero en seguida se me pasa, y le digo al Señor que acepte benigno esos momentos que le ofrezco con agrado, porque otra cosa no tengo qué ofrecerle. El hambre y la sed, el calor y el frío, las lluvias y los caminos llenos de barro, las fatigas de cada día, la alimentación pobre y rutinaria, los fracasos de nuestro ministerio, la incomunicación con el resto del mundo, -(no tenemos prensa, ni televisión, ni radio ni teléfono)- y a veces la soledad, todo, absolutamente todo, se lo ofrezco al Señor con amor. Le pido mucho al Señor que me ayude a no quejarme nunca, que sepa amarle en todo momento. Me gustaría que me vierais subir y bajar las altas cumbres de nuestra parroquia, recorriendo largas caminatas por senderos que nunca os podríais imaginar, llenos de barro y de piedras que a veces los hacen intransitables; los caminos de Zautla a La Soledad y los de la Soledad a La Alianza siempre están llenos de barro, aunque no llueva, y las alturas con sus ventisca de aire frío imponen respeto; y el de La Alianza a Tlacoazintepec también es una cruz. En mi última visita a la comunidad de La Alianza, me fue imposible montar a caballo; el camino cuesta abajo estaba tan resbaladizo, que me caí tres veces, y en una de estas caídas di una voltereta y fui a caer dentro de un gran charco de barro; todo el camino en medio de una lluvia suave, fría y persistente que te molesta mucho y te deja casi siempre ronco y con tos. Con las botas grandes de hule, el bastón en la mano, la mochila en las espaldas, el sombrero de paja revestido de un plástico y una capa para la lluvia, con los pantalones y la ropa llenos de barro, hasta el sombrero, el P. Antonio y yo parecemos unos soldados de montaña o unos guerrilleros... ¡Qué pintas las nuestras! Sólo que nuestras armas no son la pistola y el fusil, sino la cruz y el rosario; con estas “armas” y la fuerza del Espíritu Santo que nos impulsa a la misión tratamos de llegar al corazón de los pueblos y de cada uno de sus hijos.. El caminar de cada día Y continúo con mi resumen del año... Algunos que me escriben todavía me preguntan cómo es nuestro vivir de cada día en la misión. En otras ocasiones me parece haberlo ya manifestado. Tanto aquí en San Pedro Sochiapam como en los demás pueblos nos levantamos y nos acostamos muy temprano. Como lo normal es que ya a las 9 de la noche esté acostado, me despierto espontáneamente hacia las 5 de la mañana, y me pongo a rezar aproximadamente una hora, antes de levantarme y seguir rezando hasta las 7’30 ó las 8. Si os dais cuenta, aunque os parezca esto un gran madrugón, no lo es tanto, porque han transcurrido ocho horas de sueño, que muchas veces no disponéis vosotros. Bien es verdad que, con frecuencia me despierto, sin saber por qué, alrededor de la 1 de la madrugada, ocasión que aprovecho para iniciar mi hora de oración diaria, y en estos casos me despierto a las 6 ó 6’30. En los pueblos estoy más tranquilo, y no suelo desvelarme. Y luego comienzan las actividades. Las primeras horas del día, si el tiempo lo permite, suelo pasarlas en la huerta y en la pequeña granja o revisando las obras de una capilla que estamos construyendo. Algunos días el P. Antonio y yo nos turnamos para hacer la comida, cuando no tenemos cocinera. El resto de la mañana la paso preparando folletos de cantos, novenas y otras celebraciones propias de nuestra parroquia, así como otros materiales para los cursos con los Catequistas de los dos Centros de Evangelización y Catequesis (Usila y Sochiapam), pero que este año vamos a fundar otro en la zona más alejada de la parroquia, La Alianza, para que los Catequistas no tengan que desplazarse desde lugares tan lejanos. Alrededor del mediodía comemos y nos damos una pequeña siesta. Nuestra comida es muy frugal, pera sana, a base de muchas verduras. Y no tiramos nada, todo lo aprovechamos; lo que sobra de una comida lo comemos en la siguiente, hasta que se acaba; cuando estoy yo solo, me preparo unos potajes de lentejas con verduras que me duran toda la semana, y así ya no tengo que preocuparme para nada de la comida... El P. Antonio y yo hemos sido educados en nuestras familias a saber comer de todo y a saber aprovechar todo, es decir, a no ser delicados en las comidas. Siempre ha sido para mí una cruz ver cómo en muchas de nuestras casas combonianas en Europa se tira comida “sobrante”; nuestras familias son, por lo general, mucho más austeras en las comidas que nosotros los “frailes”, y de esto también habremos de dar cuenta a Dios, sobre todo sabiendo que millones de gente padece hambre en el mundo. Por la tarde me doy una vuelta por el pueblo para ver algún enfermo o estar con alguna familia, o leo algún libro, sigo con asuntos pendientes, como los de la oficina, etc., doy de comer a los animales y, antes de la Misa, rezo las Vísperas y el Rosario y me preparo para la Misa. Hacia las 7’30 ó las 8 ya estamos cenando. El P. Antonio, que es un hombre sumamente práctico, es el que arregla todo lo que se descompone en la casa y, no sé cómo hace, pero es raro que “algo” quede sin solución... Esta es la vida que llevamos más o menos en la cabecera parroquial, porque en las comunidades ya es otra cosa, pues dependemos en todo, como niños, de los Catequistas y de los encargados de las capillas. Entonces ya no existen horarios, y comemos lo que nos dan, que siempre es lo mismo. Cuando se remueven las entrañas de la tierra Aunque ya muy tarde, me he enterado del desastre natural ocurrido en varios países de Asia y África. En estos momentos aseguran que ya son 150.000 los fallecidos, y miles y miles los desaparecidos. La verdad es que, ante tanto dolor y tanta desgracia, no debería enviaros estas páginas del diario, porque son pequeñeces, noticias sin importancia, aunque sean de un familiar o un amigo que os quiere mucho... San Pablo nos insiste en que tenemos que “llorar con los que lloran”, es decir, sufrir con los que sufren, que en estos días son muchos, sin contar ya los muertos, que ya dejaron para siempre de llorar. No sé todavía mucho de cuánto ha sucedido, pero sí lo suficiente para sentirme triste y desmoralizado por las desgracias sufridas por tanta gente, en su mayoría humilde y pobre... En Navidad solemos recordar la huida a Egipto del Niño Dios con sus padres, porque Herodes quiere matarle. En las Navidades de este año 2004 que hoy termina vivimos la tragedia de este Niño que muere por millares en una gran parte de las costas del Índico... Existe una canción de Cesáreo Gabarain que siempre me ha gustado mucho, que dice así: “Cuando un niño con hambre pide pan, cuando llora, pues nadie se lo da: Oh, pienso en Ti, Jesús. Sufres, lloras, mueres. Con los niños de hambre mueres Tú. // Cuando pasas enfermo junto a mí, cuando olvido tu hambre y tu sufrir: Oh, pienso en Ti, Jesús. Sufres, lloras, mueres. Por mi absurdo egoísmo mueres Tú”. Sé que todo el mundo se está moviendo para ayudar a tanto necesitado, pero lo que me impresiona de esta letra es saber que Dios sigue muriendo hoy en el hermano que pasa hambre, está enfermo, sufre la guerra, o está sin libertad... Y ya sabéis que para los cristianos el misterio de la Encarnación de Cristo y el de su Pasión y Muerte están íntimamente unidos. Pero al final culminan en Resurrección y vida... P. Damián Bruyel Pérez, Misionero Comboniano www.iespana.es/renovacioncarismatica |
![]() |
| Comunicación y utilidades | Comprar y vender | Información | Ocio |
| • Correo • Tu web gratis • Foros • Chatmania.com • Logos y Melodías • Postales • Guía e-mail • Agenda • Antivirus | • Compras • Subastas • Ofertas • Coches • Móviles • Clasificados • HispaVista Empresas • Viajes • Fotografía • Dominios • Telefonía • Coleccionismo • ADSL • Inmobiliaria • Páginas Amarillas | • Bolsa
Madrid • Bolsa de trabajo • Guía - Buscador • Noticias • El Tiempo • Horóscopo • Loterías • Formación • Canal Mujer • Blogdiario.com | • MegustasMucho.com • Quedaconmigo.com • Cine • Música • Juegos • Software • Compañeros • Neopolis |
| Mapa Web - Publicidad - Escríbenos - Notas de Prensa - Trabaja en HispaVista - Investors Relations - Tu sitio favorito Atención al usuario: 807 488 376 Copyright © 2008 HispaVista · Aviso Legal |