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No a la guerra.
No la paz a cualquier precio. Referencia al Derecho Internacional. Por Rafael Navarro-Valls en "El Mundo", 28-02-03 . En el entramado de posiciones encontradas en que se debate el problema iraquí, el ángulo visual del problema, tal y como lo plantea Juan Pablo II, adquiere especial interés. El Papa está en contra de la guerra, desde luego. Pero la postura del Pontífice no es una posición radicalmente pacifista en su clásica versión irenista (del griego irené, paz). Es decir, la de quien considera que el valor supremo es la paz y, por tanto, para alcanzarla estaría abierto a hacer concesiones ilegítimas o injustas. Para Juan Pablo II «la guerra nunca es una simple fatalidad». Y no lo es «cuando el Derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre los Estados» enmarcan el hábitat natural de solución de las contiendas. Repárese que en esta referencia al Derecho internacional subyace el hecho de que no hay que esperar hasta el voto de Naciones Unidas o a una nueva resolución que marque los límites del conflicto para que Sadam Husein actúe en la dirección que le está pidiendo la comunidad internacional. Es ya el propio derecho internacional -en la versión de Juan Pablo II- quien está obligando a Sadam a todo lo que concierne a la neutralización de armas de destrucción masiva y a las orientaciones marcadas por el bloque de resoluciones adoptadas desde 1991. Pero, en la visión de Juan Pablo II, si el Derecho internacional marca los cauces de actuación jurídica, la responsabilidad marca los linderos morales del problema. No son Estados Unidos, la OTAN o Irak los únicos responsables de la guerra. Es responsabilidad de TODOS evitarla. Lo que quiere decir que Estados Unidos será, obviamente, responsable de la guerra si la inicia sin el respaldo internacional. Pero Sadam Husein deberá cargar con gran parte de la culpa. Esto explica la misión del Cardenal Roger Etchegaray. La finalidad de la misión Pontificia a Bagdad fue -según el portavoz de la Santa Sede - «demostrar a todos la solicitud del Santo Padre a favor de la paz, y ayudar a las autoridades iraquíes a hacer una seria reflexión sobre el deber de una afectiva cooperación internacional basada sobre la justicia y el Derecho internacional, con la finalidad de asegurar a aquellas poblaciones el bien de la paz». Es decir, se trata de enfatizar con la mayor claridad que Husein debe cooperar con la comunidad internacional del modo marcado por ella misma. La entrevista con el vicepresidente iraquí se movió en esa línea. Línea que Juan Pablo II remarcó en las entrevistas con el secretario general de la ONU y con Tony Blair. Si se recuerda, cuando hace unos años se debatía sobre la pena de muerte, el Pontífice la excluyó de la reserva de penas expiatorias, sin entrar demasiado en la cuestión de «legítima defensa», como base movible de su justificación. También ahora -aunque sin eludir el problema- Juan Pablo II no argumenta en los términos tradicionales de «guerra justa». |
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#2
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Solo el Papa, viajando a Irak, puede evitar la guerra.
Petición de que Juan Pablo II viaje a Irak. Petición a los cristianos de que actúen con acciones no-violentas hasta parar la guerra. Ningún líder político, ningún partido...ni siquiera la ONU tienen en el mundo la fuerza ni la legitimidad para impedir la matanza masiva de seres humanos que se avecina en Irak. Solo el Papa puede salvar de una muerte atroz a cien mil personas que están condenadas a morir en las primeras horas de los bombardeos. Solo el Papa puede evitar que otras 400.000 personas resulten heridos de gravedad. Solo el Papa puede evitar que se produzcan millones de desplazados, millones de refugiados, millones de hambrientos. Para ello solo ha de hacer una cosa que hasta ahora no ha hecho: viajar de repente a Irak en misión pastoral. Viaje de Juan Pablo II a Irak El Papa ha recorrido 129 países. (ver noticia BBC) Pues bien, en ningún país del mundo hay habitantes tan necesitados de consuelo como en Irak cuya población, inocente de toda responsabilidad, va a sufrir considerablemente si estalla la guerra.. Al fin y al cabo Irak es un país que Juan pablo II aún no ha visitado y allí hay una comunidad de cristianos católicos. Y ninguna comunidad de católicos del mundo está más necesitada de ayuda que la iraquí, que está "condenada a muerte" por los bombardeos. Los iraquíes, sean cristianos, islámicos o ateos, necesitan consuelo, por no decir que van a necesitar la extremaunción si no se evita la guerra. Tiene sentido que Su santidad, después de haber enviado a Irak al Cardenal Etchegaray, viaje ahora personalmente. Y una vez allí, si su Santidad dilata su estancia lo más posible, recorriendo ciudades, reuniéndose con la comunidad cristiana, realizando encuentro con lideres religiosos de otras confesiones, celebrando misa retransmitida al mundo, orando por la Paz, incluso si traslada su sede temporalmente a Bagdad, un par de meses, y se dedica a establecer relaciones de acercamiento a otras religiones, mantener audiencias, o simplemente a descansar y hacer turismo...pararía la guerra e impediría que tres mil bombas arrasen el país en 24 horas y se produzca un holocausto de medio millón de muertos. Salvar a 500.000 personas de una muerte segura merece la pena. Salvar a un millón de personas de un holocausto seguro justifica el intento. No hace falta ni siquiera que el Papa adopte un papel de enfrentamiento u oposición a las posturas políticas. Con la mayor independencia y diplomacia solo tiene que ir de visita a Irak, de la misma forma que ha visitado Polonia, España, Perú, México, Cuba, o países de Africa, Asia y Oceanía. El Papa, en su libertad y derecho de viajar por todo el mundo no tiene por qué pedir permiso a nadie y no debe preocuparle si para algunos gobernantes su visita estropea algún calendario bélico. Su Santidad no tiene que abstenerse de viajar a un país porque exista el anuncio de que puede haber un ataque militar. EEUU necesita empezar la matanza en breve plazo por razones técnicas y económicas,: en la primavera y no digamos en el verano hace en la zona de los desiertos un calor sofocante que toleran bien los soldados iraquíes pero es insoportable para los soldados americanos. Además cuanto más tiempo permanezcan las tropas al acecho sin atacar, más caro sale el costo de la guerra. El efecto en el mercado de valores también es un factor que justifica las prisas del Sr. Bush por atacar. La incertidumbre prebélica hace que las bolsas bajen pero experimentan una nueva subida cuando las contiendas comienzan, y de nuevo vuelven a bajar si la guerra se prolonga. Todo está calculado fríamente por los expertos. Por eso EEUU necesita atacar pronto y terminar la guerra en corto plazo. Pero a Su Santidad no tiene que preocuparle si con su viaje a Irak frena los bombardeos; al contrario. Al fin y al cabo su Santidad puede viajar cuando quiera y a donde quiera; sus prioridades y su calendario pastoral no tiene que ser dependiente de los intereses bélicos de ningún país. Si Aznar, Blair y Bush han optado por un camino contrario al cristianismo, contrario al quinto mandamiento, contrario al amor...sin pudor a matar colateralmente a medio millón de seres humanos, el Papa no tiene por qué facilitarles el camino de la matanza absteniéndose de viajar. Es más, la visita del Papa a Irak es algo que ya barajó el Vaticano hace años, pero nunca se ha producido.: este sería el mejor momento. Acercamiento entre el Cristianismo y el Islam Si Su Santidad hace inmediatamente acto de presencia en Irak, o incluso si anuncia su intención de viajar, no solo SALVARIA DE LA MUERTE A QUINIENTAS MIL PERSONAS, es decir no solo evitaría un genocidio cruel, sino que daría al mundo un ejemplo sin precedentes de acercamiento entre el Cristianismo, el Islam. El Papa, hasta ahora, ha pedido públicamente a Bush, Blair; Aznar y Sadam que encuentren una solución pacífica. Pero el Papa no ha condenado expresamente la intención bélica de estos jefes de estados que aceptan la guerra como opción. Es más, los Sres Blair y Aznar , en visitas separadas, han sido recibidos en el Vaticano por su Santidad, pero ambos han salido fortalecidos ante la opinión publica en su decisión guerrera. Parar la guerra en Irak es evitar conflicto entre religiones.: Cristianismo/Islam Atacar Irak tiene mayor peligro que el que intrínsecamente se deriva de la propia guerra: Mas allá de los cientos de miles de muertos y del sufrimiento, el ataque corre el riesgo, a los ojos de fundamentalistas islámicos, de convertirse en un pretexto para un enfrentamiento universal entre las grandes religiones, al menos entre el Cristianismo y el Islam. Si el Papa, con su presencia en Irak, impide la guerra, estaría a la vez evitando en el futuro muchas otras guerras, muchos atentados: frenaría el crecimiento de la espiral de violencia en el mundo. Mayor contundencia y decisión por parte de la Iglesia La oraciones y los llamamientos a la cordura se han mostrado insuficientes. En mi opinión, para detener los tanques y los misiles y evitar el baño de sangre es imprescindible que La Iglesia Católica en su conjunto, desde los cristianos de base, pasando por obispos, cardenales ...hasta Su Santidad, hagan dos cosas: 1.- Que actúen con mayor contundencia en la palabras, desautorizando expresamente la guerra y a los jefes de Gobierno que la apoyan. No es descartable que Su Santidad excomulgue al Presidente católico Aznar, al menos que desautorice expresamente al presidente español, dada su condición de católico, conminándole a no hacer la guerra. (hasta ahora solo ha recomendado encontrar soluciones pacíficas y ha hablado de lo injusto de la guerra, pero no ha hecho una condena expresa, ni desautorización, ni ex-comunión) 2.- Que pasen a la acción, la acción pacífica y no-violenta de oposición a la guerra. Un paso más.: Apoyar a los "escudos humanos" ¿Por qué Su Santidad el Papa, acompañado de varias docenas de obispos y cardenales no viaja a Bagdad a apoyar a quienes con una actitud cien por cien cristiana han ido a hacer de escudos humanos? De todas formas, si por la prudencia que tal vez se exija a una institución de tal responsabilidad como la Iglesia no conviene adoptar actitudes que puedan interpretarse como enfrentamiento, bastaría, insisto, con la sola presencia en Irak para ser efectivos y pacificar. Capacidad mediadora del Papa Tendría además la oportunidad de hablar muy seriamente con Sadam Husein personalmente. Incluso negociar con él en privado, exigirle cosas o poner en práctica soluciones imaginativas.. Convocatoria del Papa a los cristianos a pasar a la acción no-violenta: Su Santidad, a lo largo de su papado en estos años, ha recorrido todos los continentes y ha convocado concentraciones en diferentes países que han reunido a millones de jóvenes de todo el mundo. Probablemente sea usted la persona que más nivel de convocatoria tenga en este planeta. ¿porqué no emplear esa fuerza contra la guerra? Conclusión: Un viaje de Juan Pablo II a Bagdad, preferentemente acompañado de un nutrido séquito de obispos y cardenales sería suficiente para impedir la guerra y salvar de la muerte a miles de personas. Incluso solo con el anuncio de viaje...ya frenaría la guerra. Es lo único que desde la alta esfera vaticana puede parar el baño de sangre. Merece la pena. Si una sola palabra suya, Juan Pablo II, de llamamiento a apoyar a quienes han ido a Bagdad a hacer de escudos humanos se pronunciara, bastaría para librarnos de una matanza masiva, pues llegarían a la capital de Irak miles o cientos de miles de cristianos. Usted, Santidad, sin duda abortaría la guerra. Y haría además un gesto sin parangón en favor del respeto y hermanamiento entre religiones del mundo. Por su parte, los cristianos de base, obispos, etc pudieran estar usando su fuerza moral y capacidad de organización para realizar en calles, templos, edificios del gobierno... acciones permanentes no-violentas de oposición a la matanza. (véase carta abierta en la dirección: http://guerra.no.8m.com/cristianos.htm) Solicitud final: Solicito a los miembros de la Iglesia a los que le llegue esta carta que la discutan y la hagan llegar con urgencia a quienes puedan hacerse eco de ella. Es urgente. Es urgente actuar para salvar la vida a cientos de miles de personas, niños, mujeres, ancianos, Un simple viaje papal bastará para salvarlos. Luis Pérez Ramos Enlaces: Página contra la guerra, desde Puerto Real (Cádiz) : http://guerra.no.8m.com Carta Abierta al Papa y los cristianos contra la guerra por la vía de las acciones no-violentas http://guerra.no.8m.com/cristianos.htm Excomunión del Presidente Aznar : http://guerra.no.8m.com/cristianos.htm Correspondencia con el autor de esta carta: luisperezramos@hotmail.com o bien: guerraNO@iespana.es |
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CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS
MADRID. Como dirigentes de iglesias seguimos sumamente preocupados por los constantes llamamientos a la acción militar contra Iraq por los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos. Como personas de fe, nuestro amor al prójimo nos compele a oponernos a la guerra y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos. Como iglesias, oramos por la paz y la libertad, la justicia y la seguridad de los pueblos de Iraq y de todo el Oriente Medio. Esta oración nos obliga a ser instrumentos de paz. Deploramos el hecho de que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad. No podemos aceptar los objetivos declarados de una guerra contra Iraq, tal como los exponen esos gobiernos, en particular el de los Estados Unidos. El ataque militar y la guerra preventivos como medio para cambiar el régimen de un estado soberano son inmorales y violan la Carta de las Naciones Unidas. Apelamos al Consejo de Seguridad para que apoye los principios de la Carta de las Naciones Unidas que limitan estrictamente el uso legítimo de la fuerza militar y se abstenga de crear un precedente negativo y de rebajar el umbral para el uso de medios violentos en la resolución de conflictos internacionales. Creemos que la fuerza militar es un medio inadecuado para conseguir el desarme de cualquier armamento iraquí de destrucción masiva. Insistimos en que se dé el tiempo necesario para que terminen su trabajo a los mecanismos cuidadosamente diseñados de inspecciones de armas de las Naciones Unidas. Todos los estados miembros de las Naciones Unidas tienen que cumplir las resoluciones vinculantes de aquella organización y resolver los conflictos por medios pacíficos. Iraq no puede ser una excepción. Instamos al Gobierno de Iraq a que destruya todas las armas de destrucción masiva y las correspondientes instalaciones de investigación y producción. Iraq debe cooperar plenamente con los inspectores de armas de las Naciones Unidas y garantizar el total respeto de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todos sus ciudadanos. Hay que dar al pueblo de Iraq la esperanza de que existen alternativas tanto a la dictadura como a la guerra. Una guerra tendría consecuencias inaceptables desde la perspectiva humanitaria, tales como desplazamiento de personas en gran escala, quiebra de las funciones del estado, posibilidad de guerra civil y graves disturbios en toda la región. Las calamidades sufridas por los niños iraquíes y las muertes innecesarias de cientos de miles de iraquíes durante los últimos doce años del régimen de sanciones pesan fuertemente sobre nuestros corazones. En la situación actual, afirmamos con fuerza los permanentes principios humanitarios de acceso incondicional a las personas necesitadas. Alertamos además contra las consecuencias potenciales a largo plazo -sociales, culturales y religiosas, así como diplomáticas- de tal guerra. Atizar todavía más los fuegos de violencia que consumen ya la región no hará sino exacerbar el odio intenso fortaleciendo las ideologías extremistas y promoviendo más la inestabilidad y la inseguridad mundiales. Como dirigentes de iglesias tenemos la responsabilidad moral y pastoral de oponernos a la xenofobia en nuestros propios países y de disipar los temores de muchos en el mundo musulmán de que el llamado cristianismo occidental es contrario a su cultura, su religión y sus valores. Debemos buscar la cooperación para la paz, la justicia y la dignidad humana. Todos los gobiernos, en particular los miembros del Consejo de Seguridad, tienen la responsabilidad de considerar este asunto en toda su complejidad. No se han agotado todas las medidas pacíficas y diplomáticas para forzar a Iraq a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Para nosotros es una obligación espiritual, basada en el amor de Dios a toda la humanidad, pronunciarnos abiertamente contra la guerra en Iraq. Mediante este mensaje enviamos una fuerte señal de solidaridad y apoyo a las iglesias de Iraq, el Oriente Medio y los Estados Unidos de América. Pedimos a Dios que guíe a los responsables para que tomen decisiones basadas en cuidadosas reflexiones, principios morales y criterios legales sólidos. Invitamos a todas las iglesias a unirse a nosotros en este acto de testimonio y a alentar y orar por la participación de todos en la lucha por una solución pacífica de este conflicto. |
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P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!! P A Z !!!
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#5
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Padre, que miras por igual a todos tus hijos a quienes ves enfrentados.
Nuestro, de todos los millones de personas que poblamos la tierra, sea cual sea nuestra edad, color o lugar de nacimiento. Que estás en los cielos y también en la tierra, en cada ser humano, en los pequeños y en los que sufren. Que sea santificado tu nombre, pero no con los ruidos de las armas, sino con el silencio de los corazones. Venga a nosotros tu Reino, el Reino de paz, del amor, de la justicia y de la libertad y aleja de nosotros los reinos de la explotación, de las divisiones y ambiciones. Hágase tu voluntad, siempre y en todas partes. En el cielo y en la tierra. Danos el pan de cada día, ese pan amasado con la justicia y con la paz, aleja de nosotros la cizaña y la envidia. Dánosle hoy, dales sobre todo a cuantos mueren de hambre por la guerra y la ambición. Perdónanos, por supuesto, no como nosotros perdonamos, sino como Tú perdonas. No nos dejes caer en la tentación de almacenar, de acumular lo de otros, de envidiar y de no compartir. Líbranos del mal que cada día a día nos amenaza. De las bombas, tanques, metralletas y mísiles y pistolas. Amén, que así sea, Padre Nuestro. |
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#6
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Razones del “no a la guerra” de la Iglesia. Sería una simpleza pensar que todos los que dicen ¡no a la guerra! están movidos por las mismas razones, por eso es importante comprender las posturas de unos y de otros... Vicente Huerta. Entre las voces que se alzan contra la guerra aparece inequívocamente la de la Iglesia. Tanto el Papa como los obispos y Conferencias Episcopales, han alzado su voz en contra del uso de la violencia. Sería una simpleza pensar que todos los que dicen ¡no a la guerra! están movidos por las mismas razones, por eso es importante comprender las posturas de unos y de otros, entender en qué coincidimos y en qué discrepamos y, sobre todo, buscar lo que nos puede unir para construir un mundo mejor, por encima de discrepancias o de prejuicios. Si la Iglesia se opone a la guerra no es por motivos políticos o económicos, sino por motivos morales. Parte del convencimiento de que estamos ante un problema moral grave. Si la Santa Sede insiste tanto sobre el tema es por su alcance moral y por considerar que están en juego “principios éticos” que no son negociables, como se recordó en la reciente “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas a la conducta de los católicos en la vida política” publicada el pasado mes de noviembre. ¿Cuáles son estos principios éticos? Básicamente dos. En primer lugar estaría la inmoralidad de la llamada “guerra preventiva”. Cualquier aproximación que hagamos a la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la guerra debe tener en cuenta el nº 2309 del CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, donde se habla de “considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa”. Es decir, que para justificar el uso de la violencia no sólo tiene que darse una agresión, sino que “el daño infringido por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto”. Aunque el documento publicado por la Conferencia Episcopal Española no hacía mención explícita de la expresión “guerra preventiva”, limitándose a hablar de la necesidad de “respetar la legalidad internacional en el marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas” sí lo hacía la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, concluyendo en una carta dirigida a Bush el pasado mes de septiembre que: “el uso preventivo y unilateral de la fuerza es difícil de justificar en esta ocasión” Por si hubiera duda respecto al caso que nos ocupa, la Santa Sede ha hablado claro en repetidas ocasiones. El pasado 13 de marzo la prensa publicaba una entrevista con el Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz en la que se recuerda que atacar ahora a Irak no podría considerarse un acto de estricta y legítimo defensa, sino una “guerra de agresión”. La doctrina de la Iglesia en este punto es, ciertamente, estricta, como se puede ver. Estaríamos por lo tanto ante una acción inmoral. Gravemente inmoral, por poner en peligro muchas vidas humanas. Habría que añadir a esto otro problema moral gravísimo, como es el uso de “armas de destrucción masiva”, totalmente injustificado en cualquier caso, como se deduce del nº 2314 del CATECISMO: "Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones". A fecha de hoy no sabemos con seguridad si Irak las tiene, pero no hay duda que las tienen EEUU y otros países, y que desgraciadamente podría usarlas. Recordemos que recientemente se anunciaba a “bombo y platillo” el posible y macabro estreno de un nuevo modelo de bomba de efectos particularmente devastadores. El segundo principio ético que la Iglesia considera incuestionable es que “el fin no justifica los medios”. Si la acción que pretende EEUU (agresión, guerra, bombardeo, invasión, etc.) no es moral, da igual los motivos que concurran, porque nunca podrán justificar esa acción. Ni combatir el terrorismo, ni derrocar a un tirano, ni implantar la democracia, ni dar un escarmiento a un sinvergüenza, ni terminar con las armas de destrucción masiva (con las de Irak, porque con las de otros nadie parece plantearse problemas), ni controlar una zona estratégica, ni aumentar la influencia política, (¿ni controlar la producción de petróleo?), ni ningún otro motivo podrá justificar esa acción. También en esto la Santa Sede ha sido muy clara. El pasado 20 febrero tomaba la palabra ante el Consejo de Seguridad de la ONU para afirmar que «el recurso a las armas no sería justo» para eliminar la amenaza que podrían representar las armas de destrucción de masa que se atribuyen a Irak. El Vaticano consideraba más bien que el trabajo de los inspectores de las Naciones Unidas, si cuenta con el apoyo de la comunidad internacional, podría llevar a una solución «consensual y honorable del problema». Por último, en su discurso ante el cuerpo diplomático, el pasado 13 enero, Juan Pablo II pronunciaba unas emotivas palabras: “los pueblos de la tierra, así como sus autoridades, han de tener a veces valor para decir "no". ¡«NO A LA MUERTE»! no a todo lo que atenta a la incomparable dignidad de cada ser humano... ¡«NO AL EGOÍSMO»! Esto es, a todo lo que induce al hombre a refugiarse en el círculo de una clase social privilegiada o en una comodidad cultural que excluye a los demás... ¡ «NO A LA GUERRA»! Ésta nunca es una simple fatalidad. Es siempre es una derrota de la humanidad”. Vicente Huerta |
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