Ir a inicio de Foros
 Cosulta tu correo Consulta tu correo    Buscar en Internet:       
Una carta de amor, en este día
Inicio Registrate Ayuda
» Inicio » Galegas_os_na_RCC » Una carta de amor, en este día

Nuevo usuario                          
Usuario:      Clave:


Respuesta
 
Herramientas Visualización
  #1  
Viejo 14/feb/03, 11:11
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 633.055
Predeterminado Una carta de amor, en este día

Querida amiga:
¿Cómo estas?
He sentido un deseo muy grande de escribirte una notita para decirte cuánto te amo, y cuánto me preocupo por ti.
Te vi ayer cuando estabas platicando con tus amigos. Aguardé todo el día con la esperanza de que quisieras platicar conmigo también. Al caer la tarde te mandé un crepúsculo para terminar tu día y una brisa fresca para que descansaras y... esperé y esperé. Más nunca viniste. Sí... Eso me dolió mucho, pero te sigo amando porque soy tu amigo... Sí, tu amigo siempre fiel.
Te vi quedarte dormido anoche y tenía tantos deseos de acariciar tu frente. Así que derramé rayos de luna sobre tu almohada y sobre tu rostro. De nuevo esperé, esperé, deseando bajar deprisa para que pudiéramos platicar. Si supieras cuántos regalos tengo para ti. Despertaste tarde y te fuiste tarde, sin acordarte nuevamente de mí... tu amigo. Y, ¿sabes?, lloré. Sí, lloré mucho.
Hoy te ves tan triste, tan solo, tan vacío; te comprendo y sufro. Mis amigos también me abandonan. Me lastimas muchas veces, pero yo te amo. Si quisieras, ¿me oirías? ¡Te amo! Trato de decírtelo en el azul del cielo y en lo suave del pasto. Te lo susurro en las hojas de los árboles y en los colores de las flores... ¡Te amo! Te lo grito en las cascadas que bajan de las montañas, y les doy a los pájaros canciones de amor para que te canten. Te envuelvo con el calor del sol y perfumo el aire con los aromas de la naturaleza. Mi amor por ti es más profundo que los océanos y más grande que la necesidad o carencia más grande que puedes pensar tú. ¡Si supieras cuánto deseo caminar y platicar contigo! Podríamos pasarnos una eternidad juntos en el cielo.
Yo sé qué difícil es todo en la tierra. Yo mismo viví ahí. En verdad que yo lo sé muy bien y quiero ayudarte. No tienes más que llamarme. ¡Tengo tanto que compartir! Bueno, no quiero insistir más; eres libre para preferirme o para rechazarme. La decisión es tuya.
Yo te he escogido y por esta razón esperaré... porque te amo.
Tu amigo, Jesús
Responder citando mensaje
  #2  
Viejo 19/feb/03, 12:12
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 633.055
Predeterminado ¡Temos que perdonar!

¿Qué ocurre cuando perdonamos?

Al pedir perdón: Me libero del mal que yo he hecho y trato de liberar al otro de la herida recibida.

Al perdonar: Me libero de mi herida, del mal que me han hecho, liberando al otro de su acción. Incluso llego a liberar al otro en relación con su pecado.

En Mateo 16,19 Jesús encarga a Pedro el perdón de los pecados fundando el sacramento de la Reconciliación. En los Evangelios de Juan y Lucas, se concede el don de perdonar, a los discípulos en general. “A quiénes les perdonéis le serán perdonados. Todo lo que desatéis en la tierra será desatado en los cielos”.

Y Pablo confirma: “Dios nos ha reconciliado en El por Cristo, y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación... reconciliando al mundo con el mismo, no tomando sus faltas en cuenta a los hombres, y poniendo en nosotros la palabra de reconciliación” (2 Cor 5, 18-19).

La experiencia es que cuando dos personas, perdonan, ese perdón libera en la otra la posibilidad de pedir perdón a Dios y de recibir su perdón. En cambio, si yo no perdono, fijo al otro en su acto negativo. Cuando le perdono, le libero de su peso.

En tanto que perdona la deuda, que la cancela, el perdón es don. El perdón no consiste en decir “yo te perdono” o “yo olvido” ¡Cuántas veces se oye esto en personas dolidas por viejas heridas!: “Yo no tengo problema de perdón” Yo “lo he olvidado todo y no pienso más”.

El perdón es un Don

El mejor ejemplo es el relato de “la parábola del hijo pródigo”. La relación del hijo y el Padre se rompe por la marcha del hijo. Y, cuando vuelve, el Padre le sale al encuentro sin un reproche sin darle tiempo de pedir perdón. Corre hacia el, lo besa, se alegra de su vuelta y le devuelve a su puesto de hijo amado.

El no perdón es evidentemente lo contrario del perdón. Es rechazo del don. Encadenamiento. Construcción de muros de separación entre los dos.

La ausencia del perdón conduce al que no perdona a una situación de encadenamiento personal. Rechazando el perdonar se queda uno atado al mal que le han hecho, prisionero de este mal. El rencor, la herida pueden convertirse en un verdadero cáncer interior. Sólo se piensa en esto, esto invade la vida entera. Al mismo tiempo se ejerce sobre aquel a quien no se perdona un juicio mortal, se le encadena a un acto. Se levanta entre uno mismo y el ofensor, un muro infranqueable.

No una vez sino siempre

Y aún más: El negarse a perdonar no sólo construye un muro de separación entre dos personas sino también un muro de separación entre el que no perdona y Dios. Jesús nos llama a un perdón radical. Nuestro Padre del Cielo no nos perdonará más que si perdonamos (Mt 5, 23). Nos perdonará “cómo” hayamos perdonado, si nos acordamos de que nuestro hermano tiene una queja contra nosotros debemos “dejar nuestra ofrenda en el altar y irnos a reconciliar en el” (Mc 11,25).

No estamos llamados a perdonar a determinadas personas sino “a cualquiera que sea”: hermanos, esposos, hijos, amigos, enemigos...

No estamos llamados a pedir perdón a determinadas personas sino a cualquiera -incluidos- los mismos a los que estamos llamados a perdonar y, siempre, a Dios porque toda ofensa hecha a cualquiera es un pecado contra Dios: “Contra ti sólo he pecado” (Sal 51).

No estamos llamados a perdonar UNA vez, sino incansablemente: 70 veces 7.

No estamos llamados a perdonar “con la boca chica” sino de “todo corazón” (Mt 18,35).

Corazón de Padre

En la parábola del Amo que perdona la deuda al siervo, y el siervo coge después por el cuello al compañero que no le pagaba, el Señor monta en cólera y lo condena a pagar hasta el último denario: “Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de todo corazón, cada uno, a vuestro “hermano”.

Y no solamente de todo corazón sino como nuestro Padre perdona. ¿Y cómo perdona?.

· “El no recuerda nuestras faltas” (Is 43, 25).

· “No se cansa de perdonar” (Is 55, 41).

· “Perdona completamente” (Is 99, 8).

· “Arroja todos nuestros pecados al fondo del mar” (Mt, 7,19).

La escritura nos dice: “Tu serás santo porque Dios es santo” (Lev 11,44), Jesús añade: “Tu perdonarás porque Dios perdona”.

Perdonar y pedir perdón son dos elementos esenciales de nuestra vida con Dios.

Nada nos separa tanto de Dios como el no perdonar o el no pedir perdón. No hay mayores obstáculos para la oración y la vida interior.

No hay nada más opuesto al amor y por tanto, causa más grande de muerte en una relación interpersonal, que el rechazo del perdón.

Heridos por el desamor

Las ocasiónes de perdón surgen cientos de veces, bajo dos formas: cosas importantes y cosas pequeñas. Grandes heridas: infidelidad, mentira, violencia, o roces desagradables y continuos. En toda relación entre las personas, el problema del perdón surge cuando una u otra se siente herida, olvidada, minimizada, subestimada, ofendida, agredida, abandonada, traicionada.

Surge cuando se vive en un estado de continuos reproches, comparaciones, acusación, agresividad o dominación, o defensa y justificación,.. y, con toda seguridad, cuando hay odio y espíritu de venganza.

En la base de todas estos estados de reproche, comparación, acusación más o menos revelada, etc. hay en general, una voluntad de que el otro sea lo que yo quiero que sea o al menos la decepción de que no sea lo que yo quiero que sea: “Llegas siempre tarde”, “Hablas demasiado, te enfadas siempre”. “¿Porqué no puedes ser tan acogedor como fulanito?” Es frecuente este estado de reproche y comparación.

En el estado de dominación se impone todo simplemente al otro o se trata de imponerlo. O se busca que sea como el dominador quiere que sea.

Puede tomar o no formas de agresividad verbal o física.

El estado de defensa es ese estado en que, la persona, se cree perpetuamente bajo sospecha, o se siente atacada, aunque sólo sea en su imaginación.

La justificación quiere demostrar que uno tiene la razón, o tener la última palabra. Hay una voluntad de triunfar sobre el otro, de vencer en una discusión o una situación.

En todo eso, justificarme es acusar al otro. Tener la última palabra es quedar dueño de la situación.

Se trate del hecho de sentirse herido, o de ser herido o traicionado o juzgado, el resultado es el mismo; se levanta un muro y poco a poco el amor se debilita y a veces se apaga.

Para no caer en la trampa

Si soy yo el que me siento o estoy ofendido y estoy herido, trataré de aclarar esta herida: ¿qué es lo que me ha herido? ¿por qué? ¿En qué me siento herido? Después de buscar la razón por la que me siento herido me fijaré en mi actitud: ¿por qué reacciono así ante esta situación o estas palabras? ¿Es mi reacción razonable? ¿Cuáles son las raíces?. Nos suele doler normalmente lo que da en el clavo.

Una hermana, cuenta en un testimonio, que en una época en que con frecuencia se sentía herida o atacada cayó en sus manos un libro del evangelista chino Watehman Nee: y fue para ella una ayuda preciosa leer: “Recordamos que en todo malentendido, todo mal humor, todo descontento, no hay mas que una sola razón: el amor secreto que nos tenemos a nosotros mismos”.

Los grados de nuestras heridas y sufrimientos dependen también de este amor secreto al propio yo. Pensar en estas palabras, puede reducir la ofensa a sus dimensiones justas y puede incluso eliminarlas simplemente.

Ver la realidad

Una vez reconocida mi herida y la reacción producida hay que aceptar que la herida ha tenido lugar. Una gran parte de nuestro suprimido puede venir de la voluntad irracional de que el acto que nos ha hecho sufrir sea “a posteriori“ suprimido. Pero el tiempo es irreversible. El acto mismo, la herida, no pueden retrospectivamente ser anulados, aunque si reconocidos, aceptados, como dados por Dios. El paso siguiente es la decisión de perdonar. Es un acto de voluntad. Se quiere y se decide perdonar.

Algunos testimonios concretos

“Por mi parte, antes de conocer la Renovación, y lo que Dios me decía, cuando mi marido hacia un gesto de reconciliación hacia mí, lo mandaba a paseo. O abría de nuevo la discusión explicándole sus faltas, mis razones, mi sufrimiento. Después comprendí que lo mejor es ser amables y naturales sin ponernos transcendentes”

Cuando el otro viene a pedirnos perdón, basta simplemente un gesto amistoso, una acogida cariñosa como la del Padre del hijo pródigo, “Mi hijo había muerto y ha resucitado, ¡Alegráos!”. Si quedamos como “buenos” no hay quién nos aguante.

Frecuentemente, no hay demanda de perdón, porque el otro no se ha dado cuenta de la herida que ha hecho o porque no quiere pedir perdón por orgullo o alguna otra causa o debido a un sentimiento muy agudo de culpabilidad.

Si esto ocurre así, hay que armarse de paciencia. Y si ¡al fin! Nos piden perdón hay que vivir el ministerio de reconciliación como Pablo. No es oportuno decir: “yo te perdono el mal que me has hecho”. Perdonar el mal que me has hecho no es un perdón, es una acusación.

Todo perdón dado debe suponer una acogida, “tranquila y suave” (1 P 3, 4), por nuestra parte. Aceptación interior se que el otro no sea lo que quiero que sea, respeto a su personalidad y ausencia de juicio. Transmitamos así un perdón sin acusación. Un perdón verdadero.

Perdón definitivo

“Durante unos años difíciles que atravesamos mi marido y yo encontré una gran fuerza dando gracias a Dios en todo tiempo y lugar animada por San Pablo, y el consejo de 1 Pedro, 3: “Sin palabras”. Cuando me sentía dolida o herida daba gracias a Dios por esa circunstancia recordando Rom 8,28: “Para los que aman a Dios todo es para bien”. Estas palabras me permitieron entrar en un perdón sin juicio. Y encontré una gran paz.

Una vez que se ha perdonado, no olvidar que el perdón es definitivo. Miqueas nos enseña que Dios arroja nuestros pecados a lo más profundo del mar. No se trata de ir a repescarlos a cada nuevo perdón. A veces en el transcurso de una explicación entre pareja se remontan al diluvio y salen a relucir todas las faltas desde el día de la boda.

Y yo ¿Qué?

Lo importante es que cada uno examine honradamente su responsabilidad, su comportamiento frente al otro.

Si, debo, abrir los ojos ante mi comportamiento. ¿Qué me dice Dios de esta manera mía de ser o de hablar o actuar? Si se lo presento en oración ¿qué me dirá El? Y, decididamente, pedir perdón al Señor, por dejarme llevar por esos defectos de mi carácter y , por el daño que hago a los demás.

En este caso mi reconciliación, pasa por una petición de perdón, sin justificaciones, reproches o excusas.

"Tendemos tanto a decir: “yo te pido perdón, pero verdaderamente no comprendo que una cosa así te pueda herir” o te pido perdón pero realmente la falta es tuya!.

La única forma aceptable de pedir perdón se reduce a cuatro palabras: “yo te pido perdón”. Punto.

Trucos para el perdón

“Hay personas que perdonan fácilmente y piden perdón también fácilmente. Otras, todo lo contrario. Mi marido perdona fácilmente, pero le cuesta pedir perdón. No digo que siempre me pida perdón pero, al menos me gustaría que se excusase de vez en cuando.

Para conseguirlo, mi táctica ha sido pedirle yo perdón, sistemáticamente, a lo largo del día, a la menor metedura de pata: una repuesta en mal tono, una palabra hiriente... Y una noche, cuando menos lo esperaba, me dijo al apagar la TV: “Perdón por haberme enfadado este medio día”: ¡El pedir perdón es contagioso!

Los casos difíciles

Hay momentos y perdones imposibles. Es difícil perdonar día a día y durante meses o años casos prolongados de traición, adulterio, o falta de amor. ¿Cómo se llega a este perdón profundo desde el fondo del corazón, a este perdón constante?. Mi camino ha pasado por la oración de bendición.

Una cosa es perdonar y otra mantenerse en el perdón y hacer desaparecer hasta la más pequeña raíz de los resentimientos más tenaces.

He vivido una de estas situaciones durante años. Mi problema no ha sido de perdón sino de la aceptación y el abandono a la acción de Dios. He tenido dos veces fuera de nuestra pareja necesidad de estos perdones.

He comenzado a rezar, día tras día, para que el Señor me diera este perdón profundo. Y el Señor me ha enseñado que el medio más poderoso de llegar al perdón real, era considerar las ofensas –muy reales- que yo había sufrido a la luz de Su mirada, ante esta claridad de Dios, todas las cosas cambian de proporción, ofensas graves incluidas. Aprendí a rogarle, diariamente, que bendijese a la persona que me había herido con toda clase de bendiciones; en su vida, en sus afectos, en su éxito humano, material, en su felicidad, en su vida espiritual.

Es un camino seguro, se empieza con la boca chica, sólo con la fuerza de voluntad de obedecer al Señor. “¡Amad, orad por los que os persiguen y calumnian!”.

Pero cada vez más la oración desciende de los labios a lo profundo del corazón. Poco a poco nace una relación nueva, una preocupación real por esta persona, porque sea bendita en todas las cosas, liberada de sus inquietudes y resentimientos. Y, un día, se sabe que el perdón está allí, en el fondo del corazón.

Es preciso, por encima de todo, ser bendición para el otro.

Siempre el amor

Puede que haya que perdonar durante años, “sin palabras y con espíritu tranquilo y suave”. “Para los que aman a Dios todo es para bien”. Y Dios saca bien. Lo saca, en principio, para nosotros haciéndonos avanzar siempre más en su amor. Y lo seca para el otro al que liberamos, poco a poco, por nuestra bendición y comportamiento.

En las grandes o en las pequeñas ocasiones (nunca hay cosas pequeñas en el amor de Dios) el perdón libera al Espíritu para que actué en uno u otro. El transforma el mal en bien y en crecimiento de amor. El es expresión de amor y trabaja bien la unidad. El es la condición de nuestro amor. El es la condición de nuestro vivir con Dios.

(De la Revista Nuevo Pentecostés-RCCE)
Responder citando mensaje
Respuesta








Comunicación y utilidadesComprar y venderInformaciónOcio
Correo
Tu web gratis
Foros
Chatmania.com
Logos y Melodías
Postales
Guía e-mail
Agenda
Antivirus
Compras
Subastas
Ofertas
Coches
Móviles
Clasificados
HispaVista Empresas
Viajes
Fotografía
Dominios
Telefonía
Coleccionismo
ADSL
Inmobiliaria
Páginas Amarillas
Bolsa Madrid
Bolsa de trabajo
Guía - Buscador
Noticias
El Tiempo
Horóscopo
Loterías
Formación
Canal Mujer
Blogdiario.com
MegustasMucho.com
Quedaconmigo.com
Cine
Música
Juegos
Software
Compañeros
Neopolis
 
Guía - Buscador:

Mapa Web - Publicidad - Escríbenos - Notas de Prensa - Trabaja en HispaVista - Investors Relations - Tu sitio favorito
Atención al usuario: 807 488 376


Copyright © 2008 HispaVista · Aviso Legal

free google sitemap submit google sitemap your google sitemap easy google sitemap google sitemap builder