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Hola. Saludos desde suelo boricua... Me llamó mucho la atención el articulo de ustedes...casualmente estuve por Boston tomando curso de danza liturgica..pero no tenia ningun tipo de literatura en español, este me parece bastante completo... en estos momentos estoy formando varias coreografia en danza..si tienen alguna sugerencia se los agradeceré... S. Luby,O.P. ybul99@yahoo.com |
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YO BAILO COMO DAVID (de "El espíritu Santo en clave de sol", Comunidade Caná) ¡Alabad su Nombre con danzas! (Sal 149, 3) La oración de alabanza tiene un distintivo: El Gozo. Es tal la alegría, la liberación que uno o una siente, que se despreocupa de dónde está, de quién tiene al lado y comienza a alabar al Señor; normalmente, no sólo con toda el alma, sino con toda la voz y con todo el cuerpo. El Evangelio está repleto de estas oraciones de alabanza gozosa. Juan Bautista, muestra muy pronto que ha sido bendecido por Dios con el mismo don de bailar para el Señor que su antepasado David. Aún le faltan a su madre tres meses para dar a luz, y Juan se pone a "saltar de gozo en su seno", en presencia de la "Madre de su Señor" y de su mismísimo Salvador - todavía un embrión de pocas semanas -.E Isabel, llena del Espíritu, bendice al Señor con fuerte voz (Lc 1, 41-44). ¿Nos podemos imaginar una asamblea eclesial con mayor derramamiento de carismas para la música y la danza sagradas que aquélla de Juan, Isabel, María y Jesús? Los enfermos que son liberados y sanados por Jesús (Lc 5,25 . 17, 15 . 18, 43 . etc.) no se limitan a dar las gracias educadamente. Glorifican a Dios con entusiasmo; seguro que saltando, gritando y bailando. Mientras. la multitud se goza por las maravillas que Jesús realiza y alaba a Dios con gritos de júbilo (Lc 13, 17 . 19. 38). La alegría "en las obras del Señor" es tal, que a menudo se califica de locos o borrachos a quienes por la fuerza del Espíritu se entregan a la alabanza, cantando y bailando para Dios, proclamando sus maravillas con todo el ser. "Están llenos de mosto", decían en la mañana de Pentecostés. Y explica S. Agustín : "el que se alegra en el Señor y le canta alabanzas con gran exultación, es semejante a un ebrio". La danza es un modo de expresar este gozo de pertenecer a Dios. Lo vemos a través de las páginas de la Biblia. Moisés da rienda suelta a la alegría del pueblo tras pasar el Mar Rojo, y todas las mujeres tomaron panderos y tímpanos, y bailaban y cantaban a coro (Ex. 15, 20). David danza delante del Arca (2Sam 6, 14-21) y, ante las recriminaciones de su mujer, dice: "en presencia de Yahveh danzo yo." El salmo 149 invita a todo el pueblo a cantar, a alegrarse, a tocar y bailar para Dios: ¡Aleluya! ¡Cantad a Yahveh un cantar nuevo,. su alabanza en la asamblea de sus amigos! ¡Regocígese Israel en su hacedor. los hijos de Sión exulten en su Rey ;, alaben su nombre con la danza, con tamboril y cítara salmodien para El, (Sal 149, 1-3) En el profeta Sofonías contemplamos como el mismo Dios es quien se goza, grita y baila, movido por el Amor que tiene a su pueblo: "Yahveh tu Dios es, en medio de ti, un poderoso salvador. El exulta de gozo por ti, renueva por ti su amor, danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta" (Sof 3, 17) Hemos de cantar para el Señor con todo el ser, expresando con nuestro cuerpo lo que decimos y experimentamos. Éste es el valor, el sentido de nuestros gestos y movimientos. Igual que el canto, son oración. Son para Dios. La expresión corporal y la danza sagrada - que el pueblo de Israel utilizaba en su liturgia- son elementos que estamos empezando a recuperar en la Iglesia, comprendiendo que no se trata de cosas irreverentes sino cuando se hacen en espíritu de oración- de alabanza profunda, como lo fue para David: "David y todo Israel danzaban delante de Dios con todas sus fuerzas, y cantaban y tocaban arpas, salterios y panderos, címbalos y trompetas". (1Cro 13, 8) No se llamaba David, sino Luis. aquel sacerdote jesuita. Había venido a darnos un retiro. Acabábamos de celebrar el Sacramento de la Reconciliación y empezamos la Eucaristía. En el momento del "Gloria", mientras toda la asamblea cantaba, él comenzó a danzar para el Señor. Revestido con alba y estola, en sus movimientos había un perfecto equilibrio entre el recogimiento y la exultación. Era su ser, su cuerpo, el que se movía; pero era el Espíritu el que lo movía, quien aleteaba en él, quien se transparentaba... Y todos experimentamos como el templo se llenó de la Gloria de Dios. Los ojos no estaban puestos en él, sino en Aquel para quien bailaba. Sin palabras, en pocos segundos, nos había llevado a la Adoración. Nuestro cuerpo es un maravilloso teclado de gestos, dispuesto a ser tocado por el Espíritu Santo para expresar las inmensas riquezas que El pone en nuestro interior y con ellas adorar al Padre. Podemos y debemos orar con nuestras posturas, con nuestros brazos, con nuestra mirada. Nuestro cuerpo es "templo del Espíritu Santo" (1ª Cor 3, 16). El mismo Jesús ora con su cuerpo y acepta los gestos orantes de quienes se acercan a El: La mujer que le lava los pies (Lc 7, 44); el de María sentada y embobada junto a El en Betania (Jn 12, l)- el de las mujeres que corren al sepulcro la mañana de Pascua (Mc 16, l). Diego Jaramillo dedica un libro entero ("El cuerpo en la oración") a explicarnos cómo tenemos que adorar y cantar con toda nuestra persona, también con nuestro cuerpo: "mi corazón y mi carne claman por el Dios Vivo" (Sal 84). Michel Cool, en su libro "Danzaré para Ti", nos cuenta la vida de Mireilie Négre. Es ella la que nos dice: "Jesús nos invita a glorificar a Dios con nuestro cuerpo y danzar al son de su voz, para transmitir -urgentemente- este mensaje: Su Resurrección es mas fuerte que la Muerte". He aquí un resumen de su impresionante testimonio: Acababa de cumplir Mireille 22 años. ¡Qué cumpleaños tan feliz! Después de diez de trabajo intenso, primero en la Escuela de Danza y después en al Compañía de la Opera de París... resulta elegida. ¡Primera bailarina de la Opera! ¿Quién hubiera podido imaginar un día que la misma niña a la que un ascensor aplastara su piececito, a los pocos años iba a convertirse, no sólo en bailarina sino en una figura llena de futuro y talento?. En la década de los 60, la fama de Mireille desbordó el amplio marco de la Opera parisina. El cine, la televisión y la prensa especializada, se disputan a la joven figura. Su belleza impresiona. Y tras dos películas - una con Pierre Granier-Deferre- se abre ante ella una prometedora carrera estelar. ¡Gene Kelly y Walt Disney se fijan en ella para llevarla a Hollywod! Pero nada de esto entusiasma tanto a la joven como el simple hecho de ... bailar. Ni riquezas ni aplausos le parecían comparables a un paso-de-dos ejecutado en toda su belleza. Belleza de un cuerpo que sabe desplegarse al máximo para expresar algo interior, algo indecible e intenso. Para manifestar ... ¿qué? "Esto era lo que de verdad me gustaba, cuenta Mireille. Cuando Más feliz era danzando, más deseaba encontrar un sentido real y profundo a esta felicidad sin igual que me proporcionaba mí arte" "En cada interpretación me sentía como atraída por una misteriosa luz. Una luz que presentía por ' encima de mi cabeza, posándose sobre mí. Sobre todo, cuando ejecutaba coreografías de contenido espiritual o místico, inspiradas en espíritualidades orientales o hindúes, por ejemplo" "Recuerdo que un día danzaba para Buda. Y otro en tomo de Vishnú. ¿ Pero, cuál era mi creencia personal? ¿ Quién mi verdadero Dios? Necesitaba claridad, transparencia. Ansiaba vivir una armonía perfecta entre el arte que había elegido y el ideal ante el que lo inmolaba". Hasta que un día se topa con el Evangelio... Buscadora inconsciente de¡ verdadero Dios, Mireille lo encuentra allí, y a partir de ese momento intenta saciar su sed devorando, uno a uno, cantidad de libros religiosos. Pasa en esta tarea noches enteras. Con el corazón agitado, busca una respuesta. Y la encuentra, por fin, en ese mismo Evangelio. "Descubrí al Divinidad de Jesús. Aquella luz desconocida que se apoderaba de mí al danzar, era cabalmente su mirada. El había sido mí compañero silencioso desde siempre. Su voz, con sabor de eternidad, hizo vibrar las cuerdas de mi sensibilidad desnuda, cuando leí: "Yo soy manso y humilde de corazón... venid a Mí ". "Cristo tuvo entonces para conmigo un gesto de gracia desgarradora: su mano, tierna y firme, se posó sobre mis hombros, haciéndome olvidar todo lo que yo más amaba, para que pudiese encontrar algo mejor Para que pudiese alcanzar al amor. Y como Director de Orquesta perfecto, yo le dejé que comenzase a dirigir mi nueva danza". Mireille dice entonces adiós a todo lo que más quiere; su familia, sus amigos, la Opera.... todo para seguir al Amigo. A los 28 años dice adiós a la que llamamos mundo y entra en el Carmelo de Limoges. "Jesús, ¡qué coreógrafo! El paso de la escena a la Santa Cena. Diez años de destierro... En el Carmelo yo aprendí la danza de Getsemaní, la de los prisioneros. No siempre la dancé bien. A pesar de ser prisionera de¡ amor, es difícil seguir a tal Maestro de Baile... Cuando mis gestos no se acompasaban bien, su voz, la suya, resonaba fuerte, bella, profunda: "No me habéis elegido vosotros a MI, sino que yo os he elegido a vosotros, para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure". Esta voz, este soplo, me llevaban más allá del desierto, más allá de los muros de/ Carmelo". A los 38 años Mireilie se ve obligada a abandonar el convento por motivos de salud, sin haber pronunciado todavía los votos definitivos. Pero para ella su vida consagrada continúa. En lo sucesivo lo va a vivir, no ya tras los muros de un monasterio, sino en el corazón mismo de la vida para "testimoniar su serenidad ante los hombres".¿Cómo? Sirviéndose de ese don que Dios le ha dado para dar fruto: la danza. "La considero como un modo de vivir en acción de gracias. La danza es una prolongación de cada cosa: el pensamiento, el gesto, los sentimientos. Vivir en una unidad con el espíritu de Jesús, reconcilia al cuerpo y alma. Por ello la danza puede ser un verdadero instrumento de oración. No un torbellino en el que orar, sino una forma de expresión suave, que se mueve en el espacio, y es la expresión estética más maravillosa de alabanza a Dios". Tras su salida del Carmelo, Mireilie ha vuelto a calzar sus zapatillas de punta. Ha vuelto a entrenarse asiduamente y a escribir numerosas coreografías de tema sacro: el "Gloria", de Vivaldi; el 'Magnificaf', de Bach; el "Ave María", de Gounod, etc."El culmen de la danza -dice- reside en al Cruz de Cristo. La Cruz es una expansión a lo largo, a lo alto y a lo ancho, abarcando todas las dimensiones del cosmos y de la eternidad. La Cruz es ciertamente el símbolo exacto de toda la ofrenda que una danza sagrada anhela elevar hacía Dios". Mireille sueña con poder ir a danzar por cuantos sitios haya soledad, abandono o dolor: prisioneros, hospicios, hospitales... "Sí, porque para mí, danzar es un modo divino de amar. No me siento sola. Madre Teresa de Calcuta se ocupa de los pobres de una forma, quizás más concreta que yo. Pero el arte es también expresión de/ amor que Dios nos tiene. Una danza puede aportar mucha paz y alegría, tanto a los pobres, como a los ricos que son pobres de corazón". Hoy su danza y su oración forman una sola cosa: "Al danzar, uno mismo se convierte en oración, Se hace algo más que orar con el cuerpo. Uno siente que sus músculos, sus huesos, todo su interior, se abrasa en el fuego de esta oración. La idea de Dios, pensar en El, sabe entonces a miel. Y el cuerpo piensa en El con toda la intensidad de que es capaz" |
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