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Cienciología en Chile
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Viejo 4/abr/08, 21:09
helatrobus
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Predeterminado Cienciología en Chile

Fuente.- El Mercurio (suplemento)
Enlace.-
http://diario.elmercurio.com/2008/0...7DC73AE0790.htm

--------- inicio ---------

29 de marzo de 2008

Los secretos de la Cientología en Chile

La misma corriente que envolvió a Tom Cruise y John Travolta se ha introducido silenciosamente en el país. los cienciólogos chilenos revelan por qué ingresaron, cómo viven y, otros, por qué huyeron de este misterioso culto.

La cienciología es el secreto mejor guardado de cientos de chilenos. Silenciosa, casi inadvertida, se ha infiltrado en familias y empresas. Gente normal: abogados, ex oficiales de la Armada, empresarios e incluso niños practican los postulados de su Mesías, Ron L. Hubbard, el ya fallecido escritor de ciencia ficción.

En Estados Unidos, la cienciología es reconocida oficialmente como una religión, tiene su propia cruz, iglesias, colegios y hasta un "Celebrity Center", un fastuoso edificio gótico, para que los famosos como Tom Cruise, la practiquen en un ambiente privado.

Cienciología significa el "estudio de la verdad". Sus seguidores se jactan de ser la "religión" que más rápido crece en el mundo. Creada en Los Ángeles por el propio Hubbard en 1954, hoy tendría más de 10 millones de seguidores en 159 países y sobre seis mil sedes, misiones o iglesias, a lo largo del mundo, según la organización.

En Chile no son religión. Carecen de personalidad jurídica y estuvieron al borde de ser considerados una secta a principios de los noventa por un proyecto de ley que preparaba el entonces diputado Antonio Horvath. Hoy, según los devotos chilenos, son un grupo de quinientas personas, algo disperso, sin una orgánica clara. Algunos cuentan experiencias felices, otros culpan a la cienciología de traumas imborrables en sus vidas.

Al menos quince cienciólogos fueron contactados para este reportaje. Varios simplemente colgaron el teléfono al sólo mencionarles el tema. "¡Cómo obtuvo mi número, quién se lo dio!", dijo indignado uno de ellos. Otro amenazó con chequear con sus "contactos" si es que la periodista que lo entrevistaba era confiable. De los cinco chilenos que accedieron a conversar, sólo uno, Hernán Bustos, aceptó dar su nombre. Sin embargo se negó a ser fotografiado.

Tiene el pelo cano y una barba corta. Es alto y flaco. Representa unos cincuenta años. Su señora y sus seis hijos también son cienciólogos. Se dedica a la consultoría de empresas y entrenamiento de personal. También dicta charlas para matrimonios.

Bustos está colaborando como "coordinador de relaciones públicas" del grupo en Chile. Muchos cienciólogos admiten que se sienten perseguidos y, en general, desconfían de la prensa. Lo designaron a él, probablemente por su trato amable y porque es muy didáctico para explicar: mo–du–la–a–sí–co–mo–si–u–no–no–en–ten–die–ra–na–da y abre los ojos al máximo cuando hace énfasis.

Una tarde de verano llega al Starbucks de Isidora Goyenechea, pide un café y comienza a jugar el papel de profesor. Saca un enorme libro verde de su maletín y pasa, una a una, las páginas intentando explicar, mediante cientos de ilustraciones kitch, de qué se trata esto que "le cambió la vida". Se detiene en la imagen de un hombre que mira un bosque verde y un lago azul. "Así es cómo nosotros pretendemos ver la vida, verla con toda claridad", asegura.

Bustos se crió en una familia profundamente católica, incluso se preparó para entrar al Seminario y ser cura, pero un quiebre lo encaminó por otro sendero. Cuenta que a principios de los noventa tenía un matrimonio feliz, dos hijos en buenos colegios, una casa y dinero para vivir; sin embargo, la depresión lo estaba matando. "Sentía que me caía al suelo, se me había acabado el mundo", recuerda. Desesperado, fue a la oficina de una gran amiga, gerente comercial de una compañía, a pedirle ayuda. Ella abrió el cajón de su escritorio y sacó "la biblia": el libro Dianética, escrito por Ron L. Hubbard, o simplemente "Ron", como le gusta decirle.

"Me enamoré del tema; enganchaba con mis inquietudes espirituales. Y mi depresión se fue al hacer el curso 'Altos y bajos en la vida', donde uno entiende por qué le va bien o mal", dice. Viajó a Venezuela, México y luego a la Meca: la ciudad de Clearwater en Florida, para entrenarse. Dice que su anhelo es convertirse en OT 8, el máximo nivel de "iluminación", al que ni siquiera ha accedido Tom Cruise, y "alcanzar la libertad total, sino nada de esto tiene sentido". Claro que para eso le faltan años de entrenamiento y cientos de miles de dólares, por gastar. Nada es gratis en cienciología.

Hojea el libro verde durante más de una hora. Hay fotos de las celebridades que le han dado el glamour a la cienciología. Tom Cruise es el ejemplo más llamativo, de quien se acaba de publicar una biografía no autorizada, donde Andrew Morton, el autor, asegura que es el segundo cienciólogo más importante, después de David Miscavige (sucesor de Hubbard); dato que el actor ha refutado.

"¿Cónoces a este caballero? Él es un cienciólogo de alto nivel", dice Bustos apuntando la foto del actor John Travolta. "Mira, yo hice un curso con ella", admite orgulloso, cuando aparece Lisa Marie Prestley, la hija de Elvis.

La cienciología, según el sitio web oficial de la organización, se basa en ciertas técnicas ideadas por Hubbard que prometen a las personas alcanzar cualquier objetivo que se propongan y controlar completamente sus vidas, llegando a estados de consciencia superiores que incluso permitirían, señala uno de los seguidores, mover objetos con la mente.

Las fuentes consultadas dicen que para esto hay dos caminos que se combinan: seguir cursos –que son paquetes de libros que se compran y estudian en forma personal– y también "auditarse". La auditación es como la confesión de los cienciólogos. Se hace frente a un auditor profesional que hace preguntas referente a los dolores físicos y emociones negativas (engramas) y que mide las reacciones con una máquina llamada electropsicómetro (e-metro). Un proceso catártico (ver recuadro).

Ser cienciólogo en Chile no es fácil. No hay sedes donde hacer cursos avanzados ni tampoco auditores profesionales. Para eso hay que viajar. El destino más recurrente es Clearwater, donde se ubican sus oficinas centrales, una ciudad por donde circulan más de ocho mil cienciólogos. Ahí es posible toparse con los "sacerdotes" o los llamados miembros de la "Organización del Mar" (Sea Org), con sus perfectos uniformes de marino y el pelo corto, en el caso de los hombres, o perfectamente amarrado, en el de las mujeres. Ellos dedican su vida completa a trabajar por la cienciología: firman un contrato por un billón de años, según la información oficial.

Hernán Bustos trata de ir año por medio. Aloja en hoteles reservados sólo para cienciólogos. "Son una forma de vacaciones, pero mucho mejor, porque las ganancias espirituales y el impacto en la vida es infinitamente mejor que pasarse una semana al sol en la playa", asegura.

Toda la familia de Isabel, una conspicua habitante de Chicureo, es ciencióloga. Ella fue educada dentro del catolicismo, estudió en el Villa María, pero relata que hace varios años uno de sus hermanos la introdujo en la cienciología. Hoy, hay largos periodos en que se la pasa viajando, tres a cuatro meses, en que deja sus negocios encargados. Cuenta que su hija, también ciencióloga, se hartó de los viajes y se fue a vivir a México. "Sale más barato traer a un auditor a Chile que viajar tanto", explica Isabel. Fue lo que hizo este año. Trajo desde México a una auditora profesional, que en una sala especialmente acondicionada de su casona de Chicureo aplica el e-metro. Dice que les cobró diez mil dólares por 125 horas de auditación.

Pese al secretismo con que los cienciólogos chilenos manejan su devoción, en internet es posible encontrar un sitio donde comparten sus experiencias, que llaman "éxitos en Scientology". Ahí ponen sus nombres y escriben frases como: "Éste es el camino a la libertad que estaba buscando" o "Ahora siento que puedo producir lo que yo quiero". También están sus profesiones. Al indagar un poco más, salta la vista un patrón que los cruza: la mayoría, al igual que Bustos, se dedica al entrenamiento de personal o coaching. En esas charlas motivacionales aplican las técnicas de Hubbard y –si pueden– captan nuevos adeptos.

"Yo he capacitado a unos dos mil vendedores usando la tecnología de la cienciología", reconoce Hernán Bustos. Quienes lo contratan no necesariamente lo saben. Pero si se interesan, los introduce. "Uno no puede andar regalando biblias, pero cómo se los voy a negar", dice convencido. Calcula que gracias a su influencia se han convertido unas cincuenta personas.

No fue fácil convencer a Juan Manuel (el nombre es falso a petición de él) de que diera su testimonio. El suyo no es uno feliz. Se ve que la cienciología dejó en su vida una huella que no puede disimular: el miedo. Después de varios llamados aceptó juntarse sólo por cinco minutos en el Café Mokka del Alto Las Condes. Está visiblemente nervioso. Desconfía. Pese al aire acondicionado del mall, traspira. No deja que lo graben. "Te va a servir que no tengas pruebas de que hablamos", dice. Acepta que tome apuntes. "¿Por qué haces este reportaje?", pregunta. "No te conviene, ellos van a encontrar la excusa para demandarte", aconseja. (La cienciología es conocida por su estrategia de litigar contra cualquiera que sientan lesiona sus intereses, especialmente la prensa).

Pide un cortado y mira con los ojos fijos, bien abiertos, intimidantes. Pero una vez que comienza a hablar, los cinco minutos se convierten en dos horas y media.

-- continúa en el siguiente mensaje --

Úlima edición por helatrobus fecha: 4/abr/08 a las 21:09.
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Viejo 4/abr/08, 21:09
helatrobus
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Predeterminado Cienciología en Chile (y II)

-- viene del mensaje anterior --

Juan Manuel cuenta que es uno de los pocos chilenos que formó parte de la Organización del Mar. A principios de los noventa, recuerda, vivió en una residencia especial en Clearwater, vistiendo el uniforme. Dice que le pagaban veinte dólares a la semana y que tenía prohibición de tener romances, "por lo mismo que los curas católicos no pueden casarse: para que estén entregados a la obra". Su misión, explica, era abrir nuevos centros alrededor del mundo. En los años que estuvo al servicio de la cienciología a la que llama "una religión, pero también un gran negocio", asegura que abrió unos veinte centros. A eso se dedicaba el día entero: "La rutina era estilo militar. Después del desayuno tenía que presentar ante una autoridad los objetivos para esa jornada. Eran siempre los mismos: abrir centros. Después de la reunión tenía que estudiar, a las doce almorzaba y a la una comenzaba a trabajar". Relata que la jornada era extenuante y que si no cumplía los objetivos en cierto período de tiempo, el asunto se ponía agresivo. Juan Manuel confiesa que no estaba rindiendo. Un problema familiar en Chile lo estaba contrariando y se sentía culpable de no poder ayudar. "No podía estar a los dos lados al mismo tiempo y uno se debe a su familia". Quiso salirse, pero acusa que lo trataron de disuadir. "Me mandaron a unos cursos de rehabilitación donde intentaban ver qué estaba sucediendo conmigo", cuenta. Prefiere no ahondar en esa experiencia.

Una investigación periodística de nueve meses hecha por la periodista Janet Reitman para la revista Rolling Stone, sostiene que los miembros de la Sea Org que se vuelven improductivos o que han roto la ética, son enviados a "Rehabilitation Project Force", un programa que oficialmente es "voluntario" y que sirve como una "segunda oportunidad". Sin embargo, personas que lo vivieron dijeron en ese reportaje que es un tipo de readoctrinamiento que involucra trabajos físicos e intensa presión ideológica para evitar que dejen la cienciología.

Juan Manuel reclama que sufrió acoso permanente para que no se retirara: "Han invertido plata en ti y no quieren perderte". Cuenta que si se iba de mala manera era declarado "persona supresiva", que equivale a la excomunión. En tal caso, según dice, todos los miembros, aunque sean amigos o familiares, deben "desconectarse", es decir no pueden tener contacto con él. "Mis grandes amigos son cienciólogos y no los quería perder", cuenta hoy, angustiado.

Relata que durante todo este proceso de retiro, que duró unos tres meses, fue constantemente sometido a "sec checks" (chequeos de seguridad). De sólo escuchar la palabra se estremece. "Te hacen una lista de preguntas bien intimidantes para ver si haz hecho actos anti éticos. Por ejemplo, besar a una mujer o hablar mal de la cienciología. Si pasas el sec check y te encuentran algo tienes que hacer una reparación, que puede ser un trabajo físico como limpiar las oficinas", cuenta.

Hoy no quiere saber más de cienciología, aunque no puede borrarla de su existencia. "Lo que viví forma parte de mi vida, no saco nada con arrepentirme", dice al pararse de la silla. Da por terminada la entrevista.

Hay otras historias en Chile que han llegado a tribunales. Historias tristes, como la de un pediatra que perdió a sus hijos porque su mujer, Sandra A., se los llevó a Clearwater. Según Hernán Bustos, Sandra pertenece a la Sea Org y se dedica a mandar información de la organización a todas partes del mundo. Su ex marido, quien declinó hablar con "Sábado", al igual que su abogada, esperó que vinieran a Chile de vacaciones y pidió la tuición. Ganó. Sus hijos viven hoy con él en Santiago. La madre, en tanto, en Clearwater, dedicando su vida a la cienciología.

Sesión clave

"Siéntate", ordena la auditora mexicana Pita Prado, mientras fuma un cigarro en una casona de Chicureo. La mujer, que fue contratada por una familia chilena, tiene la voz ronca, habla fuerte y modulado. Tiene el pelo teñido naranjo, viste jeans medio rotos y sus uñas son muy largas.

Dos sillas, una para ella y otra para el auditado, están enfrentadas. Entre medio, una mesa. Sobre ella hay un paquete de pañuelos desechables y el e–metro, un aparato negro del que cuelgan dos electrodos que parecen latas de bebida, conectadas a un cable, que debe tomar el auditado. Pita, va mirando en el aparato una aguja que oscila midiendo las descargas eléctricas que emite el auditado al responder a sus preguntas. Todas referidas a aspectos dolorosos. "Si la aguja se mueve yo me doy cuenta de que hay algo ahí e indago para que la gente pueda liberarse".

Acaba de salir de la sala un hombre, sin una cara muy feliz. Se va raudo en un auto blanco de cuyo espejo retrovisor cuelga un rosario. La cienciología postula que se puede ser católico y cienciólogo sin problemas.

Hernán Bustos lleva quince años auditándose y dice que ha sido maravilloso. Relata una experiencia: "El auditor me dice: recuerda un momento de emoción dolorosa. Busqué y recordé cuando me pegaron un puñete. La aguja le avisó y me preguntó más: cómo fue, dónde fue. Tú no tienes ni idea lo fuerte que fue para mí ese minuto. El que venga otro niño y te pegue un puñete causa un impacto emocional negativo tan grande que no lo logras percibir en el tiempo y que te deja una huella. Y de repente te acuerdas del puñete y entonces tú empiezas a ver la situación (empuña la mano y la acerca a su cara lentamente) y de repente esa carga emocional negativa que acumulaste ¡¡¡whaaaaaaa!!! (abre la mano) se va y se produce ese proceso mágico en que tú te sientes súper bien y la aguja flota, va de lado a lado. Ahí termina la sesión".

Después de cientos de horas de auditación se puede alcanzar un estado de clear (aclarado), en que desaparecen todas las emociones dolorosas acumuladas en esta vida y en las pasadas (los cienciólogos creen en las vidas pasadas).

"Acabas con la mente reactiva que te impide ser feliz", concluye Pita, y apaga el cigarro.

El gran misterio

Los cienciólogos anhelan cruzar el "Puente de la libertad total", que son todos los cursos y etapas de auditación. Antes de auditarse deben pasar por un proceso de purificación: toman vitaminas, hacen ejercicios y van al sauna.

A medida que avanzan en las sesiones de auditación pueden llegar al estado de clear en que la mente reactiva desaparece, lo que les permite ser felices. Luego siguen los niveles OT (thetán operante), del uno al siete. Son sesiones de auditación confidenciales, quien no las haya vivido no sabe de qué se tratan. Según la investigación periodística de Janet Reitman para Rolling Stone, el más revelador es el OT 3, también conocido como "la pared de fuego". "Ahí a los cienciólogos se les revelan los secretos del universo. Saberlo es tan peligroso, les dicen, que si alguien sabe esto antes de estar preparado, puede morir", señala el artículo "Inside Scientology", publicado en 2006.

Un ex cienciólogo divulgó en la web el supuesto secreto en 1995. Hasta se hizo un capítulo de la serie satírica South Park con su contenido: 75 millones de años atrás, un monstruo galáctico llamado Xenu controlaba 76 planetas de la galaxia, muchos de ellos sobrepoblados. La solución fue mandar 13,5 trillones a la tierra donde fueron puestos en volcanes y vaporizados con bombas. Esto hizo que sus almas radioactivas se esparcieran y muchos de ellos se adhirieran a seres humanos. Ahí radicaría el origen de todos los problemas del mundo.

El último nivel, OT 7, se realiza en un barco que navega por el Caribe.

--------- Fin ---------

Saludos
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